Jamás: el comienzo (1) ¡en corrección!

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CAPÍTULO 12

 

                                                                       Tiempo para asustar

Suspiro cómodamente sobre aquel sofá que se encuentra en medio de la sala. La comodidad en la que me encuentro es magnífica, no quiero volver a ponerme de pie hasta que toquen el timbre. Espero que, para eso falte mucho tiempo, porque si fuera ahora, no abriría la puerta ni en sueños. No quiero que la comodidad se desvanezca tan rápido junto a mi felicidad en un momento de nerviosismo como este.

Soy una persona bastante feliz cuando me encuentro en mi mundo, quizás no lo soy...

Una pequeña sonrisa se dibuja sobre mis labios al notar que puedo mejorar la espera con el libro que le compre a Paul. No soy una persona de leer demasiado, pero no negaré que, en este momento, se me hace apetecible. De todos modos, debo ponerme de pie; la ventana del comedor se encuentra mucho más abierta de lo que había pensado. No tardo demasiado en ponerme de pie y alisar mi atuendo con aquella misteriosa sonrisa sobre mis labios.

Estiro mi brazo para lograr alcanzar el borde de la ventana, al hacerlo, la termino de cerrar. Doy unos pequeños pasos hacia la cocina y tomo el libro que aún sigue dentro de la bolsa que se encuentra sobre la mesada. Me doy cuenta que si me pongo a leer perdería demasiado tiempo y tengo que preparar una cena para cuatro personas. No tengo idea de lo que a los amigos de Paul les gusta cenar, no me gustaría hacer una cena y que a los invitados no les agrade.

Niego con la cabeza, un pequeño suspiro de frustración sale de mis labios.

Camino al sofá, nuevamente, y dejo el libro sobre la mesita de roble francés en perfectas condiciones; el libro ahora le hace compañía a un viejo y solitario cenicero con forma de hoja. Me doy cuenta cuando lo observo que posee unas cuantas colas de cigarrillos, me frustra saber que Paul volvió con aquel vicio inconfundible que él poseía; más tarde me pondré a hablar de eso con el susodicho. Tomo el cenicero y me dirijo a la cocina para lavarlo, no quiero arruinar mi atuendo, pero sé que de igual modo debo cambiarlo para la cena especial.

Camino comenzando a sentir un poco de hambre, dejo el cenicero en perfectas condiciones sobre la mesita y niego con la cabeza tan solo una vez al oír mis tripas sonar del hambre que tengo ahora mismo.

No sé qué hacer de cenar, pero tengo que hacer algo o me moriré por el hambre que tengo. Seguramente, Paul y sus amigos estarán en las mismas que yo ahora, aunque ahora que lo pienso Paul nunca tiene hambre.

Pienso que lo mejor será irme a bañar, quizás eso lograría relajarme un poco. Asiento con la cabeza comenzando a caminar hacia el baño. No tardaría demasiado en comenzar a ordenar las cosas, ropa, toallas y demás que necesito para salir del baño.

Coloco el tapón en la bañera, no quiero que el agua tibia se vaya.

Me dirijo a la habitación. No sé qué ponerme, hasta que lo veo. Ahí está, frente a mis ojos todo este tiempo. Un bello vestido negro suelto, su largo es bastante decente, llega a mis rodillas o un poquito más arriba. Eso significa decente para mí, sé que para muchas personas, eso es demasiado largo como por ejemplo para Paul. Para él, ese vestido es muy largo, pero en estos momentos no me importa lo que él piensa. A mí me gusta y eso es lo importante.

Hago una mueca con mis labios, pero luego lo tomo. Aquel vestido fue el primero que había usado en mi primera cita con Paul, ese vestido es y será muy importante para mí. Ahora que lo pienso bien... mi primera cita fue con él.

Camino hacia el baño y sé que ya es tiempo de bañarme. Cierro el grifo para que la bañera no se desborde de agua. Comienzo a quitar mi ropa con cuidado, cuando logro deshacerme de mis harapos me sumergo a la bañera. El agua se encuentra mucho más caliente de lo que había pensado.

Oigo la puerta de la casa. Aquello me parece bastante raro, no es posible que Paul ya hubiera regresado del aeropuerto tan rápido.

Mi ceño se frunce inmediatamente y niego con la cabeza tan solo una vez, no tardo demasiado tiempo en ponerme de pie. No puedo salir del baño en estas condiciones, pero no me queda otra que hacerlo.

Tomo la toalla con rapidez, me envuelvo en ella del mismo modo y salgo por la puerta del baño. Trato de no hacer ningún ruido, para de ese modo no alertar a la persona que está en la casa.

Observo una sombra abriendo el refrigerador.

Trago saliva sonoramente, me acerco al florero que por fortuna está allí.

Evidentemente, no conozco a esa persona, me doy cuenta a medida que me voy acercando por detrás.

Un grito sale de mis labios.

¿Quién es aquella figura misteriosa que abrió mi refrigerador?, ¿cómo entró esa persona a mi casa?



Byther

Editado: 16.08.2019

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