Jamás: el comienzo

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Capítulo 30

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                 No de nuevo

 

 

—¡Espíritu! —Exclamo al ver a lo lejos dos luces rojas acercándose con lentitud a nosotros dos.

Presto atención y noto que simplemente eran dos linternas, pero Javier no tenía por qué saberlo. Decido experimentar con su cerebro para lograr sacarle más información sobre los espíritus malignos.

—¡Espíritu!

Javier gira con preocupación por mi mirar, simplemente para ver si lo que decía era cierto o una broma de mal gusto y por no creer en mi palabra cae de la piedra en la que nos encontramos sentados, simplemente para visualizar lo que había salido de mis labios, por lo menos logro que el momento de aburrimiento pasará, pero sabía que ahora me había ganado una gran pelea; lo conozco o al menos eso quiero creer por ese motivo sé lo que vendrá.

Comienzo a reír a carcajadas ya no podía soportar la risa dentro de mí, pero me quedo completamente callada cuando Javier estira su brazo y toma mi cintura con fuerza para acercarme a él como una pequeña costumbre que había adquirido en este tiempo, llevo mis manos hacia su pecho y lo empujo con cuidado para sentarme nuevamente en la roca y tenderle la mano con delicadeza en mi accionar.

Quería preguntarte tantas cosas y sabía que él me ocultaba muchas otras, tantas cosas que quizás jamás me respondería. No quería usarlo para mí último proyecto de psicología en la universidad, pero si Javier no me da las respuestas que yo deseo no me quedará otra.

—Que divertida. No caeré en tus juegos la próxima vez, no de nuevo —Responde con el ceño fruncido aún en el césped.

Al notar que no tomaría mi mano la guardo dentro del bolsillo de mi chaqueta, aquello me resultó completamente incómodo.

—Aquí todo se ve mucho más real.

Al oír lo que sale de los labios de él alcé ambas cejas extrañada por sus palabras, pero debo confesar que la simple idea de pensar en la realidad de algo me deja estupefacta. No creo que haya una realidad, lo real como la verdad o la mentira son cosas subjetivas. Todo depende del cerebro y lo que él quiera creer.

—¿Mucho más real? —Pregunto recostándome a su lado con una pequeña sonrisa sobre mis labios—. ¿Qué es lo que quieres decir?

Javier gira para dejar de ver las estrellas y observar mis ojos. Observa mi sonrisa y luego vuelve a ver el maravilloso cielo azul con detenimiento. Nuevamente evita mis preguntas, no comprendo la razón de aquello.

Lo que pregunto fue sencillo, pero no sé lo que él puede pensar con respecto a las preguntas. Lo único de lo que estoy segura es que él no me responderá jamás.

—Vamos, Javier. Mis preguntas no se van a responder solas.

Él al oír lo que sale de mis labios me vuelve a observar con el ceño fruncido y niega con la cabeza tan solo dos veces, ni una, ni tres; fueron dos veces. Aquello tendrá una razón, todo en la vida tiene una razón.

—Si, tus preguntas se van a responder solas —Responde poniéndose de pie. Limpia su pantalón y luego me tiende la mano—. Vamos, te llevaré a casa.

Mi ceño se frunce y niego.

—No, yo no pienso ir a mi casa... No puedo ir sabiendo que Paul y Laby vendrán y continuarán su fiesta allí.

—Buen punto —Hizo una mueca con sus labios.

—Por supuesto, yo siempre tengo un buen punto —Palmeo su hombro para luego caminar hacia la salida. Ya era tiempo de irme, según mis cálculos pasados mañana las vacaciones terminarían y yo no tenía nada programado.

—Katy, ¿A dónde se supone que irás? —Pregunta.

Tenía razón, él la tenía. Yo no tenía a dónde ir, hasta que recordé con facilidad la casa de mi familia. Podría ir con ellos, supongo que no les importará.

—Iré a casa de mis padres.

—Okay, yo te llevo.

—¿En ese vehículo? A mis padres les dará un ataque cardíaco.

—Yo creo que si te ven a ti —Me señala de arriba hacia abajo—, ahí les dará un ataque cardíaco.

Bajo la mirada recordando el atuendo que llevaba puesto y mi cara de borrachera.

—Tienes razón, en eso...

—Al parecer no eres la única que tiene la razón.

Suelto una pequeña risita divertida de mis labios al oírlo y luego niego. —Yo sola tengo la razón.

—¿Quieres ver algo estupendo? —Pregunta con una gran sonrisa sobre sus labios.

Alzo ambas cejas extrañada por su pregunta, mi mente daba vueltas en la espera de responder algo lógico. No tenía idea de lo que se trataba, pero aun así quería saberlo.



Byther

Editado: 16.08.2019

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