Jamás: el comienzo (libro 1)

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Capítulo 31

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                          No es lo que crees

 

 

Alzo ambas cejas al oír sus palabras y mi sonrisa se fue borrando con lentitud, debo confesar que jamás me imaginé algo como eso; imaginé muchas cosas y eso sí lo asumo, pero una cita jamás me la hubiera imaginado.

Una cita no creo que fuera una muy buena idea, no definitivamente no era una buena idea en un momento como este. No es que no quiera o él no me parezca atractivo, pero no siento que este es el mejor momento para dar respuesta a la oportuna cita.

Lo miro fijamente a los ojos y ladeo un poco mi cabeza hacia un lado con una pequeña sonrisa ladina sobre mis labios para que al dar la respuesta no se sienta despechado o algo como eso.

—No creo que una cita sea buena idea.

—No es lo que crees, simplemente dije es una cita para que lo anotes o algo así. Te conozco más de lo que tú crees, sé que anotas y preparas todo antes de lo planeado, sé cómo piensas. Evidentemente no sería una cita, no puedo olvidar a Laby tan rápido como ella me olvidó a mí. —Comenta. Su rostro parecía triste al recordar aquel evento desafortunado.

Al oír lo que salió de los labios de Javier sentí un alivio dentro de mí, pero una pequeña y concisa parte de mí se sentía ofendida, nerviosa, extraña. Una sensación difícil de explicar, mi mente me estaba jugando un nuevo juego y lo notaba.

Ya no quiero seguir jugando y perder en todos los juegos, simplemente quiero encontrar uno que pueda ganar y de manera limpia. Me estoy dando cuenta que la vida es eso, un juego tan simple que todos siempre lo complican. La mente está preparada para eso, para complicar lo sencillo y volver sencillo lo complicado, suena extraño y lo sé.

—Bien, cuando llegue a casa lo planeamos bien —Digo con una gran sonrisa sobre mis labios—. Será mejor que me vaya.

Él niega con la cabeza al oír mis palabras. No sé lo que pueda estar pensando dentro de él, pero no le daré importancia y comienzo caminar a la salida con una gran sonrisa sobre mis labios.

Esta noche fue una verdadera locura, perdí a Paul Evans que yo creí que era mi primer amor... Simplemente fue una tonta ilusión o quizás algo mental. Lo único que sé es que no fue mi primer amor, simplemente fue mi primer desastre nuclear adolescente. Había investigado sobre esas cosas, pero jamás pensé que podría sucederme algo así a mí.

Las personas que me conocen saben muy bien que no soy una más de esas adolescentes hormonales idiotas que simplemente se guían por sus deseos más profundos, hoy caí, lo sé, pero me puse de pie con rapidez.

—¡Katy! —Oigo la voz de Javier a la distancia y giro simplemente para verlo. Estaba corriendo hacia mí con rapidez en sus piernas, parecía un jugador de fútbol americano que muy pronto me embestirá—. Te he dicho que yo te llevaría.

Lo miro fijamente a los ojos y niego con la cabeza.

—Puedo caminar, no necesariamente necesito que me lleven —Contraataco. Me encanta hacerlo.

—Nunca me importo lo que me digas, así que de igual manera te llevaré a la casa de tus padres. —Comenta él tomando mi muñeca con fuerza.

Trato de soltarme de su fuerte agarre, me duele la muñeca por su acción. Cuando me logro soltar niego con la cabeza y lo empujo para que me deje en paz, esto ya me estaba molestando.

Javier alza ambas cejas y tomó mis muñecas con fuerza para llevarlas detrás de mi cabeza y apoya mi cuerpo contra su maravilloso vehículo. Me siento una estúpida sin poder hacer nada, lo miro fijamente a los ojos y sonrío levantando mi rodilla para darle con fuerza a su entrepierna.

Me suelta con rapidez y comienza a retorcerse, creo... No lo sé, simplemente salgo corriendo lo más rápido posible.

Corro, corro lo más que podía. No tardo mucho en llegar a la parada del colectivo, aquel transporte me llevaría a la casa de mis padres y por suerte según mi teléfono había una parada muy cerca de la casa.

No sé con qué cara voy a llegar y tocar el timbre, simplemente espero que mis padres no me llenen de preguntas sobre Paul y mucho menos por como llegue a su casa. Sabía que ellos iban hacer demasiadas preguntas, pero quiero creer que no me volverán loca.

Observo que el colectivo estaba por llegar, pero un auto negro que reconozco con rapidez se detuvo en la parada. La ventanilla baja con lentitud y la cara de Javier fue lo que vi. Alzo ambas cejas sin comprender lo que estaba haciendo allí y mucho menos cómo fue que me encontró. Me acerco con rapidez a la ventanilla.

—¿Cómo me encontraste? —Pregunto con el ceño completamente fruncido ante la situación en la que me encontraba.

—Ya te he dicho, eres muy predecible —Responde y se estira para abrir la puerta—. Ahora entra. Te llevaré al hotel, te bañas y te vistes con algo de Laby.



Byther

Editado: 16.08.2019

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