Jamás: el comienzo (1) ¡en corrección!

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 32

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                  Hotel

 

 

Estoy sentada cómodamente esperando que el semáforo cambie de una vez por todas. No soy una persona muy paciente y me estoy dando cuenta, bueno... Ya lo sabía que Javier es mucho menos paciente que yo.

Observo con detenimiento como él no dejaba de tocar su cabello, tomaba su labio inferior entre sus dientes y observaba de un lado al otro esperando con ansias que el semáforo cambie.

Niego con la cabeza tan solo una vez, las acciones de Javier me resultaban relativamente divertidas y lo peor de todo es que para él no lo era. Para él aquello no era más que una tortura macabra del destino.

Estoy a punto de hablar cuando el semáforo cambió y el vehículo comenzó a moverse, nuevamente Javier parecía estar mucho más calmado y de ese modo se veía. No tengo idea de lo que él podría estar pensando en ese momento hasta que oye en la radio una canción y simplemente se estira para apagarla, evidentemente había algo malo en aquella canción y por ese motivo lo apaga. No quiero hacer comentarios o experimentar un poco más al respecto, no quiero parecer una metida.

—Esto se está haciendo aburrido —Javier rompe el silencio, eso me sorprende—. ¿Qué estudias? —Pregunta. Me resulta extraño ya que parecía estar interesado en verdad.

Lo miro con una pequeña sonrisa ladeada sobre mis labios, no mostraba mis dientes y por ello recordó a James. Él sonreía de aquella manera tan peculiar, supongo que era algo que él hacía sin motivo aparente.

—Psicología —Respondo.

—Con razón, siempre que te hacen preguntas las piensas muy bien antes de responder… Supongo que no debes quedar como una loca al responder —Alza ambas cejas deteniendo su vehículo con una sonrisa sobre sus labios—. ¿Ya me analizaste?

Suelto una carcajada sonora y niego. Era cierto, no lo había analizado aunque tengo mucha curiosidad por ese hombre. Dentro de mí sabía muy bien que algo oscuro escondía, él es frío y distante, pero aun así hay algo que no logro entender o quizás no lo puedo ver.

Creo que sería bastante interesante lograr experimentar con él, sé que será todo un reto. Pero la vida está llena de retos y por ese motivo hay que superar todo lo que se ponga en el camino que hay entre la felicidad y él.

—A mí no me jodas, Katy —Comenta con el ceño fruncido saliendo del vehículo. Ya habíamos llegado, pierdo el tiempo pensando en tonterías—. Sé que te gustaría analizarme, pero no lo harás.

Oigo con detenimiento sus palabras y bajo del vehículo para comenzar a caminar junto a él. Sus palabras eran ciertas, aunque me daba curiosidad saber el porqué de su negación a ser examinado.

Él me podría ayudar con mi tesina final, él sería el mejor proyecto de todos. Bueno... Ahora que lo pienso mejor, él es una persona que no aceptará ninguna obligación o esas cosas. Se nota a la distancia.

Caminamos hacia la entrada del hotel, por suerte no era demasiado lejos del estacionamiento. El cielo está completamente negro, muy pronto llovería. Solo espero que no cuando hagamos el viaje a casa de mis padres, ellos no dejarían ni en sueños que Javier se quede.

Al llegar al mostrador Javier pide su llave, era la número dos. La llave era amarilla, con un pequeño tono naranja. El joven se la entrega con el ceño fruncido, no parecía ser muy cortes o quizás no estaba para nada feliz con la visión que tenía sobre nosotros dos y lo comprendo perfectamente ya que yo me veía como una prostituta barata. Quiero creer que ese hombre no pensaba lo que yo, pero de un segundo al otro supe que ese hombre pensaba exactamente lo mismo que yo.

Me mira fijamente a los ojos con una gran sonrisa sobre sus labios. No quería verlo, pero cuando se puso de pie y se lleva su mano hacia su entrepierna siento como Javier toma con rapidez mi brazo para comenzar a subir las escaleras con rapidez, visualiza al hombre negando con la cabeza, Javier poseía un gesto de asco en su rostro.

—¡Asqueroso! —Exclama subiendo las escaleras y mostrándole al hombre su dedo medio.

Una pequeña sonrisa se dibuja sobre mis labios.

—Gracias... No puedo creer que ese hombre pensará que soy una prostituta, imagina a mis padres... —Niego con la cabeza subiendo.

No tuve palabras para defenderme a mi misma. No puedo creer que me sienta de ese modo… Realmente creo que ese joven tiene razón.

Al terminar de subir al pasillo que poseía el color de la llave caminamos con cuidado hacia la habitación. Javier ya no dice más nada y abre la puerta con una pequeña sonrisa sobre sus labios. Deja que yo entrará y me asomo a la ventana, ya estaba lloviendo.

—Tú y yo sabemos que no eres ninguna prostituta —Dice entregándome una toalla.



Byther

Editado: 16.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar