Jamás: el comienzo (libro 1)

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Capítulo 34

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                        El plan maestro

 

 

—Es simple, no hay mucho que hacer o decir —Comento observando maravillada las luces que adornaban las calles de Argentina, más específicamente de la provincia de Buenos Aires.

Logro oír un bufido saliendo de los labios de Javier.

Una sonrisa amplia se dibuja sobre mis labios teniendo lo que parece un plan, un plan extraño que surgió gracias a la Navidad. Suelto una carcajada sonora de mis labios y giro para ver a Javier y lograr imaginarlo en aquella situación, no me lo imaginaba ni en sueños.

Me estiro un poco para alcanzar el volumen de la música de la Navidad, eran los villancicos navideños más tiernos que había oído en mi vida y la imagen de mi mente era completamente estupenda. Aunque por cómo es Javier se negaría rotundamente a seguir con el plan maestro que las luces rojas me habían dado.

—¿Qué te sucede? —Pregunta extrañado.

Suelto una carcajada sonora al imaginarlo como un reno. Lo miro fijamente a los ojos y para evitar seguir con mi risa muerdo mi labio inferior con fuerza.

—Ya tengo el plan —Murmuro con una gran sonrisa sobre mis labios—. Debemos esperar a que las tiendas abran y tú y yo iremos a comprar un bello atuendo navideño.

Estoy completamente segura que esto funcionara. No hay mejor plan extraño que el que se me ocurrió. Nunca se me ocurrían malos planes, espero que esta no sea la primera vez con un plan fallido.

—¿Qué? ¿estás loca? —Alza ambas cejas.

Su rostro era algo inexplicable, pero aun así lo seguía visualizando como un tierno reno.

—¡Sí! —Exclamo haciendo una mueca con mis labios—. Muy loca —Me acomodo en el asiento del vehículo cómodamente.

—Sí, definitivamente no hay ni un rastro de cordura ahí dentro —Dice Javier con un tono más relajado y divertido.

Alzo ambas cejas, jamás lo había oído hablar de aquella forma.

—Wow, ¡milagro de Navidad! —Exclamo y giro para verlo a los ojos ya que el semáforo nuevamente estaba en rojo.

—¿Milagro de Navidad? —Pregunta con el ceño completamente fruncido.

Asiento con la cabeza, poseía una gran sonrisa sobre mis labios.

—Sip, milagro de Navidad.

—¿Por qué? ¿qué fue lo que pasó? —Me pregunta bajando la música navideña.

Hago una mueca con mis labios y subo la música para comenzar a cantar con ahínco y felicidad. La Navidad era una de las mejores épocas que había conocido en toda mi vida y nunca podía dejar de ser realmente feliz.

—Era Rodolfo el reno que tenía roja la nariz... —Suelto una carcajada sonora al terminar de cantar ya que Javier apagó su radio.

—No cantes, no quiero escuchar nada —Comenta y ese Javier oscuro surge nuevamente.

Niego con la cabeza tan solo una vez y prendo la radio nuevamente para cantar.

—Vamos, Javier. Falta muy poco para Navidad y sería muy bello oír tu voz.

—No me importa que sea Navidad, he hecho una promesa y nunca más cantaré.

Mi ceño se frunce inmediatamente al oír lo que sale de sus labios y niego con la cabeza.

—Nadie lo sabrá, solo tú y yo —Digo con una pequeña sonrisa sobre mis labios.

—Con eso es suficiente...

—Vamos, Javier.

Niega comenzando nuevamente a manejar. No le importa lo que le dije, él seguía siendo ese oscuro joven en una época colorida y feliz como es la Navidad.

—Ya he dicho que no.

—¡Bien! —Exclamo y señalo una tienda de disfraces—. ¡Alto, para, Javier!

Lo veo negar con la cabeza, pero estaciona donde era permitido.

Ambos salimos del vehículo para caminar juntos a la tienda que por suerte ya estaba abierta. Al entrar una sonrisa amplia se dibuja sobre mis labios, el olor era a Navidad. Es un olor que no se puede explicar, todo es tan hermoso con mis colores favoritos como el rojo, verde y el azul. Velas, adornos y unos hermosos árboles de diferentes tamaños y colores.

Tomo la muñeca de Javier sabiendo que seguramente saldría corriendo de ese ambiente. Lo acerco a mí y niego con la cabeza.

—Tú te quedas conmigo —Susurro mirándolo fijamente.

Lo miro y sus ojos se dieron vuelta. Una pequeña sonrisa se dibuja sobre sus labios y señaló hacia arriba de nosotros, observo que había un muérdago y niego con la cabeza tan solo una vez.

—Muérdago, bésame —Comenta dando un paso hacia mí.

Suelto una carcajada sonora al oír lo que sale de sus labios.

—Aquí eso no se hace, no seguimos con esas tradiciones extrañas —Le respondo.

—¿Qué? Vamos, es muérdago y debes besarme.



Byther

Editado: 16.08.2019

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