Jardín del Tiempo

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Capítulo 1: Daisy

“¿Y ahora? Vaya, vaya, primera vez que recibo público desde hace mucho, ¡qué alegría! Oh, ¿qué quién soy yo? Sólo soy una simple persona que adora narrar historias, nada fuera de lo ordinario realmente. Sin embargo, lo especial no es mi ser, sino el cuento que estarán por conocer. Séase una o más personas las que lean esto, puedo asegurarles que esta historia es completamente… mejor averígüenlo, ¿Qué tal comenzamos esta pieza de baile?”

La historia comienza así: Hace mucho tiempo, en un pueblo pequeño vivía una hermosa jovencilla. Ella era la reina del lugar, todo giraba en torno a sus decisiones y actos. Siempre llena de vida, belleza incomparable, decisiones que llevaban al pueblo a un estado mejor, entre muchas otras cualidades más; sin duda la persona ideal. Perfecta desde su nacimiento e incluso antes de ello; increíble, he de decir, que ella incluso recuerda todo antes de ser concebida. Claro que esto no es raro, todo se movía de acuerdo a sus planes.

A las horas del té nuestra virtuosa mujer siempre toma un pequeño descanso de sus labores diarias, en una de esas tardes comenzó a recordar todo sobre su vida y antes de ello: Su padre y su madre. Una pareja que no tenía una vida gloriosa pero no vivían en la miseria; una vida feliz, con sus comidas diarias, libres de problemas internos y con un digno respeto por la gente ajena. Aunque si ellos llegaron a anhelar alguna cosa solo fue una: un bebé.

Anhelaban un hijo, sin importar si era niño o niña, si era bonito o feo, si se parecía más al padre o a la madre; era lo único que de verdad querían. Todos los días veían a las demás parejas con sus hijos; cada retoño jugando en la tierra fría entre pastizales verdes decorados con puntos rojos y violetas que emanaban una fragancia dulce.

Varios llantos descendieron en esos días depresivos, ella siempre se preguntaba por qué no podía ser bendecida con el regalo hermoso de la risa de un bebé.

Así fue como ella fue seleccionada por nuestra pequeña reina, cuando todavía era diminuta.

Recogía flores una mañana, la señora lo hacía diariamente para decorar su hogar y de alguna forma distraer su mente; pero se encontró ese día con algo inusual, una flor amarilla. En los claros que rodeaban al pueblo, se pueden encontrar flores rojas, moradas e incluso blancas, pero jamás una amarilla.

Interesada en la dichosa flor, se la llevó a su casa. Unas cuantas margaritas rosadas para para hacerle compañía en su nuevo florero; ellas quedaban como segundo plato si en el centro había una que brillaba como el oro mismo o más hermoso todavía. Tal vez parezca una locura para muchos, pero para la mujer esa planta era una señal. ¿Una señal de qué? ¿De sus plegarias? ¿Sería la luz dorada de la esperanza? O ¿sería el abismo de su perdición?

Con alimentarla y asolearla diariamente no bastaba, pues “ella” desde siempre ha querido más. Asimismo al esposo le fascinaba decorar la mesa de la flor dorada… y las demás flores “comunes” de compañía. Fácilmente caían los humanos ante sus encantos.

Inicialmente fue una pareja; al paso de un mes toda la pequeña calle conocía la existencia de la planta; a los dos meses más de la mitad del pueblo visitaba la casa para poder admirar la bellísima flor. La gente del pueblo incluso afirmaba haber apreciado cómo la flor emitía una especie de luz o brillo celestial. Poco a poco la gente quedaba fascinaba ante esta especie poco común…

¿Acaso había algo en ella? ¿Por qué las personas se maravillaban al observarla? ¿Qué hacía que las personas se interesaran de una forma anormal ante una simple y sencilla planta?

Tendré que ser yo quien responda eso, no hay de otra. Para esto debo de hablarles sobre alguien más.

Este rumor llegó a los oídos de un extranjero y no pensó dos veces en ir a comprobar tal cuento. Al inicio de su viaje era un hombre de la alta sociedad de una ciudad enorme y poderosa. Al cabo de los días, cuando consumió su viaje, se presentó como un simple, débil y humilde pordiosero. Se aseguró de ir con la señora teniendo de excusa solicitar agua y comida. ¿Cómo supo qué señora tenía la flor?... nadie lo sabe.

He aquí mi parte favorita.

Al llegar a su puerta, la tocó con delicadeza y mostró buenos modales ante la mujer; aunque reía internamente y su corazón estaba lleno de maldad. La señora ingenuamente lo llevó al interior de su casa, le dio asiento en su mesa y le ofreció unas dulces manzanas rojas y agua fresca. Mientras el hombre se deleitaba con las manzanas, no dejaba de admirar aquella flor dorada sobre la mesa donde comía; sin embargo algo no estaba bien… esta admiración no era similar a las demás. Se mantenía atento a la planta, la admiraba, se fascinaba, aumentaba su respiración; y la flor se mantenía firme encima de otras margaritas marchitas, las cuales estaban frescas justamente esa mañana, brillando cada vez más. La respiración aumentaba más y más en el hombre, la desesperación comenzaba a apoderarse de su mirada y al final… sintió un alivio enorme.



R. R. Anonimatic

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En el texto hay: romances, ninfas, terror psicológico

Editado: 18.02.2018

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