¿juegas a enamorarme?

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CAPÍTULO 6

—¿De qué se conocen? —pregunté.

Tae me había sacado de aquel instituto. Bueno, más bien me había secuestrado. Me había llevado a un parque no muy lejos del centro educativo mientras comíamos golosinas.

—Mi padre y su padre eran amigos —me respondió.

—¿Y ese odio?

—Mi padre se acostaba con su madre cuando éramos pequeños —habló como si nada.

—A. ¿Quieres hablar sobre eso?

—Mi padre se tuvo que mudar aquí cuando yo apenas tenía dos años —empezó a contar—. Su empresa estaba en la quiebra, y él debía hacer algo para arreglarlo. Había conocido a no sé quién aquí en California que le ayudó ha sacar la empresa hacia delante. Poco tiempo después, mi madre y yo nos mudamos aquí. Tenía a Dereck se vecino. No te voy a mentir, adoraba jugar con él. Los años pasaban, nosotros creíamos. Mi madre me enseñaba coreano antes de ir a jugar con Dereck y después de cenar; esto le chirriaba a mi Derecksito, o eso pienso —hizo una leve pausa—, siempre se enfadaba conmigo al decirle lo que había aprendido. También recuerdo como mi padre, a pesar de que terminaba temprano, llegaba a la hora de la cena, o incluso más tarde, poniendo la excusa de que estaba ayudando con unos problemas técnicos.

—¿Por qué hables coreano ya te odia? —pregunté incrédula.

Él rió negando con la cabeza. Mis mejillas se tornaron con un leve color rosa al ver la tontería que había dicho.

—Un día Dereck y yo empezamos a jugar al escondite —siguió contando—. Creo que para ese entonces tendríamos nueve o diez años. Yo me debía esconder. Sabíamos que su casa estaba vacía, ya que su padre estaba casi siempre de viaje y su madre, que era una escritora amateur para ese entonces. Había llevado su trabajo a una editoral, así que teníamos vía libre para escondernos por su casa. Sabía que no iba a buscar en el cuarto de sus padres, así que fui allí. Fui tan deprisa que ni siquiera le dí importancia a los gemidos que se escuchaban. Al abrir la puerta vi a mi padre con su madre haciendo... —se quedó pensando por unos segundos—. Creo que no hace falta escenas gráficas ni nada por el estilo.

—¡Joder! Debe ser un trauma para ti encontrarte aquella escena —le acaricié la mejilla—. ¿No pararon ni te dijeron nada?

—¡Que va! —respondió—. Ni se notaron que estaba allí. Bueno, al menos supe que hacer cuando perdí mi virginidad—se rió. A los segundos volvió a estar serio—. No le dije nada a Dereck. Su madre era lo más preciado que tenía, ¿cómo iba ha decirle que estaba engañando a su padre con el mío? —suspiró—. Fui a contárselo a mi madre. Recuerdo que dejo de hacer de comer, me pidió que buscase a Dereck y nos encerráramos en mi habitación que ella iba en busca de mi padre. Semanas después mi madre ya había comprado dos billetes de avión para Seúl. El señor Walker presentó una demanda en contra de su mujer ya que había dejado solo a su pobre y pequeño niño, despreocupándose completamente de él mientras iba a fornicar con su amante. Y claramente, tanto mi madre como el señor Walker presentaron una demanda de divorcio.

—¿Qué paso con la madre de Dereck? —pregunté.

—Hasta lo que sé, su padre obtuvo la custodia de Dereck y echó a su ex-mujer a la calle.

Soltó un suspiro pesado. Su mirada reflejaba tristeza. Me sentí mal al verlo decaído, debía hacer algo.

—¿Sabes que humillé al Cerdito? —pregunté sentándome encima de él.

—¿A quién? —preguntó curioso.

—A Dereck —él rió ante el apodo que le había puesto a Dereck.

—¡O vamos! ¿A quién vas a humillar tú, si eres una gatita tierna?

—Que sí, lo humillé.

Le relaté mi pequeña pelea, por llamarlo de alguna forma. Veía cómo sus ojos se cerraban cada vez que soltaba una carcajada y se recostaba en el banco. Se veía tierno dando aquellas carcajadas. Echaba su cabeza hacia atrás haciendo que se nota más su nuez, negaba y volvía a mirarme. En unas de esas veces en la que echaba la cabeza hacia atrás me di cuenta que llevaba un uniforme. Este estaba compuesto por pantalones negros, una camiseta blanca con un logo y una corbata. Lucía totalmente sensual. Su camiseta tenía tres botones desabrochados y algunos mechones de pelos estaban pegados en su frente, seguramente hubiera venido corriendo. Miré el logo de su camiseta. Había un león rugiendo, lo que me recordó a Gryffindor.

—¡O Dios, no solo eres el hijo de V, si no que también estudias en Gryffindor! —exclamé en un chillo haciendo que él riera más.

—Estás loca, en serio —dijo intentando calmar su risa—. Primero, ojalá fuera el hijo de V, pero me tengo que conformar con ser el hijo de Kim...

—¿Kim Hoseok? ¿Kim Namjoon? —le interrumpí.



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En el texto hay: instituto, novela juvenil, bullying

Editado: 17.11.2019

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