Jueves

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Lunes 23 de febrero


Es inicio de semana. Dylan despierta refunfuñando, se siente tan cansado como cada lunes, a pesar que sus fines de semana siempre son iguales (ver televisión, jugar con Rorry, comer, adelantar trabajo y dormir) este había sido algo distinto a los demás. Ana, la chica del tren había aparecido un par de veces en sus pensamientos, que digo un par, una docena. Su negación para aceptar que esa desconocida ésta adueñándose de sus días y que es ella la razón por la que su corazón late con fuerza cuando va camino a la estación del tren, se contrapone a esa sonrisa tonta que se dibujaba en su rostro al recordar su voz y sus hermosos ojos marrones.

Su negación dura poco, pues al estar frente la taquilla rechazó el directo y escogió el otro tren, escogió a Ana.

Dylan aborda el tren mirando cada vagón, buscando la alegría de Ana, su melena castaña y sus lindos ojos, pero no la encuentra. Se sienta en el lugar de siempre, la silla de enfrente estaba vacía, deja su mirada fija en la entrada del vagón pero la chica no aparece. Cuando llega a su destino, baja decepcionado del tren, llega a su oficina sin ánimo y siente el trabajo el doble de pesado.

Ana, que no había tenido clases hoy está recostada en su cama, junto a su pequeño cachorro de raza Pomerania llamado Marco a quien le cuenta las ganas que tiene de ver al chico del tren.

— ¿crees que me gusta? —le pregunta al cachorro, que le responde lamiendo su mejilla.

— yo apenas y lo he visto, no puede gustarme ¿es eso posible? Ni siquiera se su nombre. — esta vez Marco lanza un fuerte ladrido y mueve su cola peluda.

— ¡Claro!— grita Ana—mañana obtendré su nombre de algún modo ¿te parece buena idea Marco?

El canino mueve su cola y lanza ladridos, dándole ánimos a su dueña. 

 



Pau_fuentes

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En el texto hay: amor, terrorismo, 11m

Editado: 01.05.2019

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