Julieta quiso quedarse

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Roderica y sus 49 legítimas

   Las brujas unieron sus manos y sintieron correr en su interior la magia. Hacía demasiados años que no estaban todas juntas. Años que habían decidido separarse para planear el ataque final. Tenían que volver las antiguas épocas, para volver al estado primero, para que los primeros dioses retornaran la tarea que habían dejado por la mitad. Era una tarea que rozaba lo imposible, algunos errores no pueden enmendarse.

   La magia, el poder que los primigenios les habían conferido pareció despertarse, acelerarse como se acelera un corazón cuando encuentra a alguien que se ha alejado, pero no se ha dejado de amar. Es una reacción incontrolable, delatadora y confusa, pero real. Nada es más real que el instinto de amar. El hilo casi magnético que las unía, escapó de sus corazones y viajó a la velocidad de la luz por sus terminaciones nerviosas, por su sangre, escapó de sus cuerpos para unirse al de las demás. El aire se llenó de chispas. Eran un montón de brujas que daban terror, al menos Aubrey a unos cuantos metros lo sentía, pero en realidad, eran un solo corazón latiendo en su más puro estado, era la unión y el significado de los poemas más antiguos y de los secretos mejor guardados a través de los siglos.

    Roderica sintió que su alma ajada rejuvenecía, se ensanchaba, ablandaba. El desprecio que la corroía por el resto de la humanidad se disipó un poco, y un montón de palabras que le habían susurrado hacia demasiados siglos volvieron a fluir por su mente. Comprendió en ese instante lo mucho que se había dejado contaminar por el odio, la tristeza y el deseo de venganza. Miró a sus compañeras una a una, sus rostros seguían siendo jóvenes, eternamente juveniles; pero sus almas transmitían el poder, el sacrificio y el cansancio de tantos años a través de sus ojos color gris. Roderica comprendió que el mundo era un lugar que ya no podía contenerla, ni siquiera las razas más dañinas podían resistir tanto como ella que había nacido como una simple humana. Se los transmitió a sus compañeras del modo más sutil que pudo. Todas asintieron. Pero antes de irse, no solo tenían que preparar a Julieta, a su pequeña Julieta, sino que debían acabar con los hechiceros.

 

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Meel Sol Gual

Editado: 26.06.2018

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