Julieta quiso quedarse

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Amara

   Blaz se afanaba sobre el cuerpo de Clara. En tan solo horas había logrado hacer milagros. De a poco la chica adquiría un aspecto humano que hacía años había perdido casi por completo.  John le ayudaba en lo que podía, y sobre todo, en lo que Blaz le permitía, que no era demasiado. El brujo seguía herido. Y lo seguiría hasta que no volviese a reencontrarse con Senta.

-Blaz –Amara apoyó sus delicados dedos en el hombro del brujo –Tengo algo para vos.

-Si no es una copa de vino no me interesa –dijo sin apartar sus manos de lo que estaba haciendo.

-No estoy de acuerdo –insistió –creo que te interesa de todos modos.

   El brujo se giró suspirando. Era el ser que más fácil perdía los nervios de todo el universo. Amara sostenía entre sus manos un viejo, viejísimo grimorio. Uno que Blaz conocía bien.

-Fue de Hathor. Posee un hechizo de conservación, Madre lo tiene desde tiempos inmemoriales. –dijo extendiéndoselo.

-¿La diosa del amor? –Blaz sonó burlón, pero sus ojos ambarinos casi devoraban con la mirada aquel libro.

-La misma, Madre utilizó la contracara del hechizo de unión del que Hathor era la autora, y por supuesto su mejor truco.

-Ya hablamos de esto Am –dijo tomándolo entre sus manos.

-Ya lo sé, por eso te lo traje. La decisión va a ser tuya.

-No tengo la fuerza para hacerlo y lo sabes. Hathor era primigenia.

-Julieta si la tiene.

-¿Qué te hace pensar que va a ayudarme? –dijo. Am sonrió. Quizás, después de todo, si se animaría.

-Sos el padre del novio. Enzo podría convencerla. –Blaz no estaba seguro. Pero la posibilidad de volver a tener a su amada hizo que donde hacía siglos existía un vació, brotara una esperanza que casi lo hace caer de bruces. Obvio lo disimuló todo.

-Quizás –dijo, pero Am ya veía una luz en la oscuridad de sus ojos –Quizás.

 

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Meel Sol Gual

Editado: 26.06.2018

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