Julieta © V#1

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Prólogo (versión extendida)

El comienzo de todo

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Hace décadas en Vintalle....

 

Julieta quedó en shock, no entendía lo que pasaba. De un momento a otro, sus padres le ordenaron que aliste sus cosas, se iban a marchar.

Ella no comprendía, los habitantes de Vintalle los necesitaban, no podían simplemente dejarlos a su suerte, no era justo para ellos. Decidida a dejarle las cosas claras a su padre, se paró de su cama y fue directo a la puerta de su habitación. Pero antes de que la princesa llegara, esta se abrió dejando pasar a Alek, su novio y protector.

Al verlo una sonrisa se formó en los labios rosados de ella.

―Julieta, tienes que alistar tus cosas. Tu  padre te espera abajo ―anunció el joven. Julieta lo observó bien, Alek era un chico alto, medía aproximadamente 1.80, algo de lo que ella estaba sumamente orgullosa. Y su ondulado cabello oscuro y el precioso color miel de sus ojos, le daba un aspecto sexy. Eso sin contar el cuerpo bien trabajado de su novio.

Julieta frunció el ceño y suspiró con pesadez, entrecerró los ojos hacia su novio y se cruzó de brazos.

―Alek, no me quiero ir. ¿Qué pasará con el pueblo?

El joven esbozó una sonrisa ladeada, sabía cómo era Julieta, siempre preocupándose por los demás que por su seguridad.

―No lo sé cariño, tu padre me dijo que solo será temporal.

Ella caminó por toda su habitación mientras pensaba en las palabras de Alek, hasta que finalmente preguntó.

―¿A qué te refieres?

―Será temporal. Volveremos ―aseguró él caminando hacia Julieta.

La castaña sonrió feliz  ante lo que había dicho su novio. Ella podía hacerlo, ella podía estar solo un tiempo en el mundo humano, después volvería a Vintalle y todo sería como antes.

―Eso quiere decir…¿Qué irás conmigo?

Alek asintió acariciando la mejilla de la princesa.

―Así es cariño, ¿Cómo podrías estar sin ti?

La princesa sonrió e inclinó el rostro para besar a su amado lentamente, las  manos de Julieta se dirigieron al  cuello de su otra mitad mientras que él la sujetaba por la cintura. Sus labios se movían en una perfecta sincronía, dándose cuenta que no podían estar separados el uno del otro, ya que, después de todo ambos estaban destinados a estar juntos.

Un ruido en la planta baja seguido de un grito desgarrador, los hicieron  separar. Las manos de Julieta se apretaron con fuerza al hombro de Alek quien se tensó al escuchar el grito.

―¿Qué fue eso? ―preguntó asustada mientras miraba los profundos ojos mieles de su protector.

―No lo sé. Espérame aquí Julieta ―murmuró él, para luego salir rápidamente de la habitación de Julieta con una velocidad impresionante. La princesa armó su maleta y cuando estaba lista, alguien entró a su cuarto.

―¿Y bien? ¿Qué era…?―la princesa giró para seguir hablando pero guardó silencio al ver que el vampiro que había entrado no era su otra mitad. Era alto sin duda, no tanto como Alek, tal vez unos dos centímetros menos que él. Julieta abrió los ojos sorprendida al ver que una presencia oscura lo rodeaba y en su mano tenía un cuchillo.

―Princesa  ―habló el pelinegro con voz burlona mientras sonreía de manera siniestra, sus ojos azules estaban llenos de malicia―. Un gusto en conocerla.

Rápidamente Julieta se dio cuenta que ese vampiro no era normal, poseía una oscuridad que nunca había sentido en su vida.

―No te conozco, ¿Quién eres? ―preguntó tratando de no titubear. Ella estaba asustada.

El sujeto se acercó peligrosamente intentando intimidarla,  pero se detuvo a escasos centímetros de ella. Julieta se quedó parada en el mismo lugar, con la barbilla en alto demostrando valentía.

―Eres una vampira muy interesante, nunca había hablado con un puro ―murmuró él ignorando la pregunta que Julieta hizo―. Lástima que tenga que matarte.

Acortó la poca distancia que había entre ellos e intentó apuñalarla con el filoso objeto, Julieta al darse cuenta de las intenciones del joven vampiro, logró esquivarlo con la rapidez vampírica que ella y todo su pueblo poseían.

―Pero que sorpresa, la princesita tiene agallas ―se burló el pelinegro, con una sonrisa de medio lado, haciendo que un hoyuelo aparezca en su mejilla izquierda.

En eso, Julieta notó algo extraño, los ojos antes azules del pelinegro, se había convertido en violeta oscuro.

Algo andaba mal, los vampiros no poseían ese color de ojos, entonces…¿Qué criatura era ese sujeto?

―No puedes matarme, somos inmortales. ¿Recuerdas? ―musitó altanera, evitando mencionar el cambio de color de ojos de su atacante.

El pelinegro rió divertido y fijó nuevamente la vista a Julieta.

―¿Estás muy segura princesita?

Nuevamente se acercó a ella, pero antes de que lograra tocarle un pelo, Alek llegó por detrás y le arrebató el cuchillo que el pelinegro tenía, torció su cuello en un movimiento brusco haciendo que este se desmayara de inmediato.



briaana

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En el texto hay: vintalle, vampiros y vamphirs, princesas

Editado: 20.02.2020

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