Juntos es mejor

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Capítulo 10

Capítulo 10 

 

Comencé a llorar sabiendo a que conllevaba eso; mi bebé estaba en peligro. Agarré como pude el teléfono del hotel y pedí que llamaran a una ambulancia urgente.

Pasó poco tiempo después hasta que llegaron unos enfermeros junto a una camilla y me ayudaron a tumbarme delicadamente, tal y como me sentía yo.

Los enfermeros pedían paso para entrar los primeros en el ascensor. Todos miraban con asombro. Poco después notaba el frío de la noche sobre mi piel, y yo notaba como mis ojos me pedían cerrarlos por un momento.

-¡Skylar!- escuché la voz de Alexander entre todo el bullicio de voces que se habían formado a mi alrededor contemplando la escalofriante escena.

Quería chillar. Vomitarle en la cara que había sido lo que peor me había pasado en la vida. Que por su maldita culpa, nuestro bebé estaba en peligro, pero lo único que pude hacer fue cerrar los ojos tal y como me lo pedían para sumirme en un profundo sueño.

Tras varios pestañeos para poder acostumbrar mis débiles ojos a la luz, conseguí abrirlos, viendo a mi lado una bonita enfermera de cabello oscuro que me vigilaba mientras dormía.

-Señorita Evans- dijo naciendo de su rostro una dulce sonrisa- ¿Cómo se encuentra?

Suspiré y toqué mi frente, me dolía muchísimo la cabeza. Me costó ubicarme, pero al fin recordé todo y con ello el motivo que me había conducido estar ahí.

-¿Y mi bebé?- pregunté con mis ojos comenzando a cristalizarse mientras apretaba la mano que la enfermera me había otorgado.

-Relájese señorita Evans- dijo con un hilo de voz mientras acariciaba mi cabello- Su bebé está bien.

Yo suspiré realmente aliviada, y una sonrisa emanó en mi rostro. Él era lo único puro y bonito que Alexander me había dado, y no podía perderlo nunca.

-¿Qué me ha pasado?- pregunté algo más relajada y volviendo a apoyar mi espalda en el respaldo de la cama. Estaba muy cansada, tanto que ni si quiera podía mantenerme erguida.

-El doctor Kalberg hablará con usted y le dirá todo lo que quiera saber- se levantó con delicadeza y antes de abrir la puerta para avisar al doctor de que estaba despierta, giró sobre sus talones y volvió a acercarse a mí- Hay dos hombres muy preocupados por usted fuera, no los dejé entrar porque ambos estaban muy alterados y no les entendía bien.

-¿Ellos saben algo?- pregunté mientras abría los ojos como platos. ¡No! Alexander no podía enterarse de mi estado.

-No les he dado información sobre usted porque no me quedó claro su parentesco- dijo y yo sonreí aliviada- ¿Quiere ver a alguno? ¿A los dos?

-A ninguno- contesté mirando por la ventana, que entre las cortinas estériles que las cubrían se podía ver la tenue luz que se colaba de la luna.

-Está bien- dijo y salió por la puerta para buscar al doctor.

Suspiré más relajada. Todo estaba bien. Alexander no sabía nada y mi bebé estaba a salvo.

<<Alexander nunca cambiará>>

Tocaron a la puerta e inmediatamente se abrió paso para un hombre de unos cuarenta años bastante atractivo, que supuse rápidamente que era el doctor.

-¿Cómo se encuentra?- preguntó tomando mis pulsaciones y observando todos los cables a los que estaba conectada.

-Bien- contesté persiguiéndole con la mirada- Muchas gracias por salvar a mi hijo- le dediqué una sonrisa. Se la merecía. No podría devolverle lo que había hecho por mí nunca.

-Verá- se sentó en la silla que estaba junto a la cama- Ha estado a punto de perder a su bebé- mi corazón se estremeció y yo coloqué rápidamente mis manos en mi vientre, acariciándolo- Debe cuidarse más. Usted está demasiado delgada y cualquier mal hábito puede provocar un efecto fatal sobre la vida de su hijo incluso de la suya. Necesita reposo, una buena alimentación y cero disgustos.

Yo solté una inapropiada carcajada. ¿Cero disgustos? No conocía a Alexander.

-Está bien doctor- contesté ruborizada por la carcajada- Muchas gracias.

El doctor asintió con la cabeza.

-Va a pasar la noche aquí, en observación. Si mañana todo marcha mejor le daremos el alta.

Yo le dediqué una sonrisa y el doctor se dispuso a salir. Con la puerta aún abierta acogiendo el paso del doctor, Alexander se hizo paso por ella y aunque la enfermera quería detenerle, Alexander logró postrarse frente a mi cama.

-Le he dicho que no quiere verlo señorita Evans- dijo la enfermera de antes con gesto enfadado.

-Es mi mujer y tengo derecho a verla- contestó con una mirada enturbiada y la enfermera abrió los ojos como platos.

Rodé los ojos, conseguía sacarme de mis casillas los comportamientos de Alexander.

-No pasa nada- musité y la enfermera me dedicó una mirada de disculpa, y optó por irse y cerrar la puerta, dejándome sola en aquella habitación junto a Alexander- No soy tu mujer- gruñí cuando Alexander se acercó más a mí.



AnaTurquoise

Editado: 12.11.2018

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