Kara & Kaleb

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 2.

Capítulo 2.

—¡Pero qué diablos he hecho!—Exclamó Kaleb llevando sus manos a la cabeza cuando la multitud se dispersó. La campana había sonado y todos los alumnos ingresaron a sus clases. Su repentino sentimiento de valentía se desinfló un poco.

Pese a su sufrimiento Kara mantenía una sonrisa enorme en los labios. Podía imaginarse la cara de ese idiota cuando perdiera su moto.

—Ustedes sí que están locos—Pronunció Jessica, impresionada—Mira que llegar a su nueva escuela y retar al tipo más popular…Creo que esto solo puede salir de dos formas: será un suicidio social o…Un suicidio social.

Mateo Rizzo tenía la fama de ser intocable, nadie se metía con él. Las chicas lo adoraban y los chicos querían juntarse con él.

Guapo, deportista, muchos adjetivos encajaban con él, engreído era el mejor de ellos. Su familia era dueña de empresas de vino que exportaban a nivel internacional.

—Calla, todo saldrá bien—Murmuró Kara con convicción.

—¿En qué me has metido, hermanita?—Se quejó Kaleb. No entendía cómo Kara lo convencía de hacer tonterías cada vez.

—Muchachos, ¿Qué hacen aquí?—Un prefecto que daba su ronda por el estacionamiento los observó con severidad—¿No deberían estar en clases?

—Claro señor, ya vamos—Se apresuró a responder Kara.

—Bueno niños, los dejo—Jessica los acompañó a su salón para que no se perdieran en las laberínticas y enormes instalaciones del edificio. Ella era un año mayor que ellos, por lo que se dirigió a su propio salón.

Llegar tarde a clases en su primer día era justo lo que los gemelos querían evitar a toda costa pero fue lo que sucedió. El profesor detuvo su explicación y todos los alumnos se les quedaron mirando. Kara y Kaleb conocían perfectamente esa mirada de sorpresa y confusión. No todos los días se veían gemelos idénticos. Era algo que ellos amaban. Su apariencia tenía el efecto de ejercer fascinación o curiosidad en las personas. Aquel día no tardaron en rodearse de chicos muy interesados en saber quiénes eran y de dónde venían.

A la hora del receso Kaleb estaba en medio de alumnos que le hacían preguntas. A él le gustaba ser el centro de atención y Kara, aunque no era tan aficionada a tener gente interesada en ella, también lo acompañaba. Ella era un poco más introvertida que Kaleb, pero terminaban impulsándose el uno al otro.

—¿En serio competirás con Mateo?—Preguntó a Kaleb un chico con el que habían tomado clases por la mañana.

—Debes ser bueno—Comentó otro mirándolo con respeto.

—Yo soy mejor—Aseguró Kaleb.

—Y yo doblemente mejor—Siguió Kara.

Los chicos pasaban la mirada de uno a otro. Les causaba extrañeza ver lo parecidos que eran. Eran casi iguales pero en versión hombre y mujer. Kaleb ya había lanzado miradas de advertencia a los muchachos que comentaron entre ellos lo linda que era su hermana.

—Sí, pero imagínate besarla. Sería como besar a su hermano—Murmuró un chico.

—Tienes razón, sería jodidamente raro—Agregó el otro y se dieron la vuelta.

Kaleb sonrió con suficiencia al escuchar parte de la conversación. Él siempre se había sentido responsable de cuidar a Kara y le encantaba alejar a los chicos que andaban detrás de ella como mosquitos. Lo bueno es que él era un repelente natural para futuros cuñados. Antonello había sido la excepción, él le caía bien, había considerado que era probable que sería el primer novio de Kara pero ya no tenía que preocuparse por eso.

En el comedor de la escuela solían reunirse los alumnos de primer año y segundo. Los de ultimo año acudían a una cafetería “exclusiva” que estaba en otro edificio del complejo estudiantil, así que Kaleb se sintió tranquilo al saber que no había riesgo de que Mateo entraría de un momento a otro. Él era el rey del lugar y ya las niñas se habían fijado en él.

—Disfrútenlo mientras dure—Jessica le dio una palmadita en la espalda a Kaleb y luego a Kara.

En la ultima clase los gemelos ya se sentían como peces en el agua. Habían comenzado a convivir con sus compañeros y en un trabajo de equipo de biología habían sido los primeros en formar su equipo.

A la hora de la salida su única preocupación era la carrera a la que se habían comprometido. Subieron al jeep y esperaron a Jessica. Discutieron sobre el asunto cuando de repente Kaleb se quedó mudo y paralizado, con la mirada perdida.

Sentía la boca seca ante la visión. Una mujer de larga cabellera dorada caminaba hacia el estacionamiento y él siguió hipnotizado el ondular de sus caderas. Su falda corta y ajustada al cuerpo mostró sus piernas torneadas mientras abría la puerta de un mercedes negro. Kaleb no alcanzó a ver su rostro, pero podía imaginárselo. Con ese cuerpo escultural debía ser una belleza total.



LadyAnnieLee

#508 en Otros
#141 en Humor
#1293 en Novela romántica

En el texto hay: gemelos, amor, amor amistad romance

Editado: 06.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar