Kewan: La princesa maagilyn

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Capítulo 4: Naja

Ya han pasado varios días desde que empecé este viaje junto a mi hermano y sus amigos. Todo me parece emocionante y maravilloso, he descubierto animales y plantas que nunca había visto, hemos pasado por unas verdes praderas con una suave brisa que me acariciaban las mejillas y unos bosques tan profundos que creí que nos íbamos a perder en ellos. Jamás me he sentido tan libre; espero que este viaje no se acabe nunca.

Me gusta escuchar las cosas que me dice Claudine sobre los otros reinos. Es increíble la cantidad de cosas que sabe. Me ha hablado sobre que Talamh es el reino más caluroso de Kewan, que la tierra es seca y tiene poca vegetación. Por el día hace un sofocante calor, pero las noches son heladas. Los habitantes del reino están acostumbrados al clima y sus pheuxn son animales preparados para soportarlo también.

Me ha contado también que el príncipe de Talamh, Akalis, para disgusto del rey, no tiene intención de casarse con ninguna de sus pretendientes y no le dice a nadie el por qué.

Según me cuenta Claudine, Akalis es un chico de ojos marrones y piel tostada. Tiene el pelo castaño oscuro y le llega hasta los hombros. Su leal compañero es un grandioso león llamado Bruce. Yo nunca he visto un león en persona, solo los he visto en los dibujos de algunos libros.

También me cuenta sobre Okun, un reino que se sitúa junto al mar, donde las temperaturas son cálidas en verano y frescas en invierno. Hay un puerto donde atracan barcos de lugares de más allá de Kewan. También dice que algunas veces llegan barcos piratas. Allí hay muchos animales marinos como focas o tortugas marinas. De hecho, la pheuxn de la princesa Serena era una pequeña foca blanca llamada Doria.

Y por último me habla de Sikar, un reino que está en una de las zonas más frías de Kewan. Claudine dice que casi nadie visita aquel reino ya que es un sitio donde hace mucho frío, pero también es uno de los reinos más hermosos, con edificios oscuros para guardar el calor dentro de ellos y con calles cubiertas de una blanca nieve.

 

Aunque estoy disfrutando y aprendiendo muchas cosas, todavía hay algo que me falta: aún no he visto ni a un solo maagilyn. Verlos de cerca era una de las cosas que más deseo en el mundo. ¿Cuándo aparecerá alguno? Sé que no debo ser tan impaciente, pero no puedo evitarlo, siempre he sido así.

Salgo de mis pensamientos cuando algo alarma a nuestros pheuxn, que miran todos a la vez en una dirección, alertas.

—¿Qué es lo que pasa? —digo preocupada. Alek me manda callar con un gesto.

—Hay algo siguiéndonos —me dice Lucas en un susurro.

Mi hermano desenvaina su espada y camina seguido por su lobo en la dirección de donde procedía el misterioso sonido.

—¿Quién anda ahí?

Entonces, alguien sale desde detrás de un árbol con las manos en alto y una mirada serena. Es un chico con una capa negra y una túnica del mismo color que tenía dibujada una preciosa media luna de un color plateado junto con dos estrellas. Tiene el pelo también negro y el flequillo le tapaba uno de sus ojos verdes. Lo acompaña un zorro plateado que les miraba con curiosidad.

—¿Por qué nos estabas siguiendo? —le pregrunta Alek desconfiado.

—Disculpadme, no era mi intención seguiros —nos dice el chico con una expresión seria—. Vengo de la Torre del Sol y la Luna. Comencé un viaje para poder sentir más de cerca la energía de la Luna y aprender más sobre su poder en la naturaleza... Pero tengo que decir que estoy bastante perdido, no he salido de la Torre desde hace mucho. Estaba buscando a alguien que me guiase.

Es un hechicero.

En Shahar había solo hay una anciana que usa su magia para curar a los heridos. Nunca había visto a otro hechicero, y mucho menos a uno de la Luna. Me pregunto que clase de hechizos harán... Seguro que son impresionantes y bellísimos.

Está buscando un guía y necesita nuestra ayuda... No puedo resisitrme a la tentación, así que me acerco a él rápidamente.

—Podrías viajar junto a nosotros si quieres, a mi no me importaría. Además me interesa mucho la magia...

—¡Naja! —me dice Alek enfadado—, ¿se puede saber qué haces? ¡No lo conocemos de nada! Además, es un hechicero, ya sabes que no confío en ellos —dice en voz baja.

—En realidad soy un aprendiz —corrige el hechicero con una voz serena—. Entiendo si no queréis ayudarme, espero poder encontrar a otra persona... Gracias de todas formas —dice dando media vuelta para marcharse, su zorro agacha la cabeza y lo sigue.

—¡No, espera! —le detengo y me giro hacia mi hermano— ¡Alek, no seas así! Está perdido, podríamos ayudarle. Además podría venirnos bien tener a un hechicero cerca, no todos tienen que ser malos como tu crees.

Alek me mira irritado y con ojos fríos. Pero yo lo miro fijamente, en señal de que voy completamente en serio. No puede ir desconfiando siempre de todo el mundo sin siquiera conocerles. Tras unos tensos segundos, se rinde y se acerca al hechicero.

—Está bien, puedes viajar con nosotros. Pero que sepas que no confío en absoluto en los hechiceros, si veo que haces algo sospechoso haré que te marches a tu torre enseguida. ¿De acuerdo?



Marina

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En el texto hay: aventura, fantasia, magia

Editado: 27.03.2019

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