Krang (el corazón de Ares)

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Tiempo

—La herida en su estómago desapareció delante de mis ojos. No puede ser un bicho normal, es interesante.

—El problema será Aretta.

—Yo me encargare de ella.

No recuerdo en que momento había perdido la memoria, o en qué momento deje que mi cabeza se recostara en el cuerpo de él, pero si recuerdo mi estación destruida, la traición de los oráculos a nuestra gente, los peligrosos monstruos y el encuentro con los Krangs.

El gemir salió de mi garganta en cuanto me moví, sentí un montículo de rocas debajo de mi cuerpo, estaba recostada sobre ellas y parecía que había estado por horas utilizándolas como cama. Termine sentándome con cuidado, revisando mis brazos al recordar que había salido con raspones. Observe lo que pude del lugar en el que me hallaba, y supe que se trataba de una cueva.

Había grandes antorchas de fuego que estaban colocadas en las esquinas de la cueva, iluminando el techo y la anchura del espacio.

—Despertaste.

Como respuesta a sus palabras la piel se me erizó. Lleve mi mano a la cabeza y aparte mi cabello, acomodándolo con torpeza detrás de mi oreja, solo para ser consciente de que el Krang de ojos purpuras se encontraba hincado sobre sus cuclillas, analizándome.

—Es evidente que lo hice— arrastre, no mire hacia su rostro. Recorría la cueva hasta llegar a un segundo cuerpo masculino recargado entre el umbral de un siguiente pasillo que llevaba solo a oscuridad. Su corta y diabólica risa provocó en mi corazón un ritmo acelerado.

—Dos días dormida y pareces haber recuperado tu fuerza.

« Seguramente, monstruosidad, ¡solo déjame ir! »

Apreté mis puños, trague el balde de insultos que quería soltar, y solo me mantuve con la bilis subiendo por mi garganta.

— ¿Qué quieren de mí? — El eco de mi pregunta botó contra los muros y cayó en picada sobre nosotros, repitiéndose una y otra vez.

—Diversión—respondió a su vez que se ponía en pie y se deslizaba las manos en su bolsillo.

— ¿Diversión?, ¿me mataran lentamente y después qué, aventaran mis restos a los monstruos?

Su mano dejó de moverse dentro de su bolsillo, sus ojos sin dudas eran enormes lagunas resplandecientes en las sombras de su rostro a causa de las llamas de las antorchas. Casi quedaba hipnotizada.

—Una buena idea—soltó, desinflando su pecho—. He olvidado que comen las cosas como tú. Me fue imposible encontrar carne y pan, pero traje esto para ti.

Al instante en que lo dijo, dejó caer unas latas de verduras mixtas y atún delante de mis pies. Con incredulidad las tome y revise. Sentía como mis cejas trataban de fruncirse pero también arquearse, no sabía que cara poner y me preguntaba de dónde había sacado estas latas de acero con etiqueta y sin fecha de caducidad.

Se parecían a las latas que fabricaban los de mi estación para conservación del alimento, no nos llegaba mucho alimento de las demás estaciones, y lo que mayormente nos llegaba era agua y pescado de la estación 9 y 16 que estaban junto al mar. Las verduras las producía nuestra estación y la estación 10.

Nuestras estaciones se enumeraban desde las primeras que se crearon hasta las últimas y las que seguirían y cada una producía o fabricaba un alimento, pero lamentablemente hoy en la actualidad muy pocas estaciones son las que quedaban a causa de los Krangs.

La única estación que estaba cerca de nosotros se encontraba a tan solo kilómetros de distancia, éramos las únicas estaciones sobrevivientes en el desierto del antiguo mar de Londres, estábamos en medio de la nada, sin agua, sin más que verduras y maíz, por eso recibíamos ayuda de otros, aunque ayudar a otras estaciones es una prioridad de las estaciones.

Ahora en el desértico mar de Londres solo quedaba la estación 11 y cenizas de la mía.

Pestañe un par de veces, los ánimos terminaron conmigo en una fuerte exhalación antes de que, mis dedos terminaran abriendo la lata.

—Kalai, saldré— Le oí decir. Por el rabillo del ojo vi que se retiraba hacia el umbral—. No dejes que Aretta la toque, sé lo que hará.

Y ahora que podía escucharlo con claridad, Kalai, ese era su nombre, aunque me pregunte a quién le pertenecía el nombre de Aretta.

—Es tu problema, no soy un guardián— espetó Kalai cruzado de brazos, recargado sobre un la pared del umbral, y con los ojos cerrados: —, Isca.

—Estamos juntos en esto, ella puede ser en cualquier momento valiosa. Aretta debe entenderlo, pero si quiere tocarla, hazle sentirse satisfecha con tus propios medios, no con la pequeña bicho.

« ¿Por ¨Bicho¨ se refería a mí? »

—Aretta es tuya— escupió—, no mía.

Isca estiro un poco su brazo y con el índice de su mano toco la marca resplandeciente del pecho de Kalai—Aretta es mi perra y la comparto cuando quiera. Ahora tienes ese permiso.

« Así que hasta los Krangs tienen sexo pero con parejas de otro, que asco, no tienen moral. », pensé. Ahora era un sabor amargo quemando mi garganta.



Lizebeth Honny

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Editado: 26.03.2018

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