Krang (el corazón de Ares)

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Vacíos

Kalai, enseguida de lo que pasó, me llevó de regreso a la cueva. Estaba perdida en mis pensamientos y además aterrada. Me deje caer sobre el montículo de piedra, abrazada a mi cuerpo y hecha bolita. Atormentada y atrapada en un profundo y oscuro laberinto de preguntas, recuerdos y sensaciones conmociónales. Toda esa presión que sentí, aún seguía atascada en mi pecho.

Cubrí mi boca, de ella sentía que se saldrían todos mis pensamientos en cualquier instante. El calor de las lágrimas no dejaba de recorrer amenazadoramente por mi rostro, remojándolo con dolor. Me llene de sollozos y gemidos, a la vista de él.

—No lo entiendo— Solloce mirando hacia el suelo. Todo me temblaba— No entiendo.

Deslice mi mano a mi vientre y tome un trozo del metal. Con cuidado agache un poco el rostro y moví mi cuerpo para estar sobre mis cuclillas. Respiraba entre cortada, la adrenalina empezaba a quemar mi piel con la única y peligrosa idea que me corrompía.

Apuñe el objeto filoso y me levante en un dos por tres. De pie me gire, y con la mano ascondida en mi espalda atisbe al Krang. Él me miraba.

Trague saliva y me acerque a él, y cuando una psicópata sonrisa cruzo sus labios, destellos de que ya sabía lo que haría me iluminaron. Sin embargo no deje que esas estrellitas me cegaran y me lance a atacar.

Lance mi puño, dirigido a su cuello. Su figura masculina, veloz, desapareció de mi vista, pare en seco y lo busque, en una de las esquinas de la cueva él se había cruzado de brazos y ladeado el rostro.

No perdí el tiempo aborreciendo su humanidad y mis piernas se movieron, corrieron en su dirección, mi brazo volvió a jalarse, el metal salió directo a su pecho y él en vez de apartarse, lo detuvo con su puño. Giró y golpeó mi espalda contra la pared, acorralada por su agarre, vi en sus zafiros un brillo oscuro.

— ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Tengo que volver!

Sentí la locura carcomiendo mi piel, y ser el centro de atención de cada sentido de mi cuerpo. Apretó mi muñeca logrando que ésta se abriera y soltara el objeto. Gruñí, mi rodilla subió hacia su entrepierna pero él fue más veloz para poner sus piernas entre las mías y evitar el golpe.

Solloce en un grito mientras lo empujaba con la intención de alejarlo— ¡Tengo que regresar! ¡Tengo que volver, suéltame!

Golpee su pecho una y otra vez con la intención de alejarlo, apartarlo, tenerlo lejos. Él pegó su cuerpo contra el mío impidiéndolo, sentí cada parte de él que la bilis subió por todo mi esófago dejando un sabor asqueroso. Con un solo agarre asió mis muñecas y las coloco encima de mi cabeza sin dejar de aplastar mi cuerpo con su peso.

Estaba ahogándome, mi cuerpo debilitado de esa sola manera, haciendo que me rindiera y solo me dejara caer en un profundo y amargo llanto.

—Por favor... Déjame ir.

Aborrecía este mundo, en este momento y en el siguiente lo aborrecería. No estaba hecha para esto, no sabía por qué había nacido si terminaría apuñalada por mis amigos, perdería a mis amigos y terminaría secuestrada por los Krangs.

Tenía mucho miedo, y no vivirá mucho tiempo.

— ¿Divirtiéndote Kalai? — Aquella voz femenina hizo que se me escapara una exhalación—. ¿Dónde está Isca?

Ablandó su agarre, pero su cuerpo no se alejó del mío. Su rostro, en cambio, había girado para verla a ella, una Krang de piel bronceada y mirada esmeralda. Cuando recobre la claridad de mi vista, observe su atuendo y el alma que mostraba con éste atreves de un ajustado short blanco y una blusa de tirantes con el escote más agraviante que había visto en toda mi vida.

«Rayos». No solo había fracasado con mi escape sino que otro Krang se había agregado a la lista.

—Salió a divertirse.

Sus ojos cautivaron los míos, hizo lo mismo que yo había hecho con ella pero mucho más rápido. Chasqueó la lengua y en un ligero movimiento ya tenía su brazo recargado en su cadera.

—Decidiste divertirte con una humana en mi ausencia— soltó mirando a Kalai, quien se alejó tras un suspiro casado. Pero no soltó mis muñecas y sin embargo, sus rodillas seguían entre mis piernas.

—Le pertenece a Isca.

Su quijada se desencajo, pareció que las palabras no le habían agradado en nada, y me fulminó.

Mi cuerpo de pronto sintió pánico cuando ella empezó a acercarse.

— ¿Qué?... ¿Una escoria como perra? —escupió su voz estaba llena de espinas venenosas —. Isca no necesita de nadie más que de mí.

Paró delante de él, su rostro muy cerca del suyo.

—No es un arma sexual —La voz de Kalai rompió en tonalidad ronca y profunda. Mi estómago sintió un cosquilleo extraño cuando ella lo miró de una manera inapropiada.

Vagamente trate de hallar su mirada.

—Vuelvo después de apartarme días de ustedes y sucede que se ha conseguí...



Lizebeth Honny

#16 en Ciencia ficción
#184 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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