Krang (el corazón de Ares)

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Equilibrio

Tuvimos la visión que nos revelo el juicio final de los Krang el día después de nuestro cumpleaños número 13.

El Todo poderoso sabía lo que acontecería en los siguientes años y, mucho antes de nuestro nacimiento, aconteció. Si no fuera por el levantamiento de los Krangs y la maldad que han hecho contra los inocentes humanos, entonces tal vez, su destino sería diferente. Pero ese es un camino demasiado torcido que nunca existirá en el mundo. Todo estaba escrito milenios atrás: desde lo que Ares haría para gobernar el mundo y el castigo que Zeus le daría, hasta lo que después del juicio sucedería y lo que le seguiría de esto.

Solo era cuestión de que se cumpliera. Dejar que el tiempo pasara, pues nada cambiaría el destino de la humanidad. De aquellos inocentes que se arrepintieron de sus maldades.

Aunque no podía entenderlo con facilidad, siempre me pregunte por qué el Todo poderoso quería que el dios de la guerra existiera otra vez, tras haber tenido la dicha visión en ese entonces de lo que sucedería en los siguientes años. Pero entendí todo cuando los ancianos tuvieron la propia revelación de que no existiría un equilibrio en el mundo si hiciera falta el Ying o Yang: La culpa es de quienes eligen servir el mal, el beneficio de quienes prefieren el bien. Quienes quieren paz, quienes desean la guerra. Pero al final es lo que ellos deciden lo que los hace ser humanos o monstruos.

Si hiciera falta algo en el equilibrio, por ejemplo un dios correspondiente al mal, entonces el libre albedrío que Dios dio al hombre, se contradeciría. Con la existencia de Ares, el Dios de dioses y de los hombres juzgaría a los humanos correctamente.

Era por ello que, a través de un oráculo nacería el que completaría el equilibrio del mundo. Las monstruosidades volverían a las profundidades y la humanidad volvería a tomar las riendas: multiplicarse y crecer.

Los días de los oráculos serian contados, su don desaparecería y el dios de la guerra al cumplir la edad suficiente subiría para ser demandado por dioses. No obstante, había algo que no cuadraba del todo. Kalai había hablado sobre un traidor, si con traidor se refería a alguien que había contado sobre la visión entonces podía entender porque los Krangs estaban saboteando estaciones y asesinando a los humanos.

— ¿Un humano? —Sentí atragantarme con la saliva. Mire hacia sus manos hechas un puño ligero. — ¿Cómo lo supiste, quién les dijo?

— Ahora lo sabes: ¿qué fue lo que viste?

Fruncí el ceño, estábamos volviendo a hablar sobre mi visión y no pude dejar de sentir que estaba queriéndome dejar con la duda.

— ¿Si te digo me lo dirás?

Inclinó un poco más su cuerpo y agacho su rostro mirando el suelo y el simple movimiento hizo que nuestras narices rozaran, abrumando mi nerviosismo en una ruidosa inhalación.

« Oh santo Dios, está muy cerca de mi pecho ».

— ¿Qué te hace creer que lo diré? —Murmuró, su aliento alcanzó a acariciar esa parte de mí rostro.

— ¿Qué te hace pensar que te hablare de mis visiones?

Incorporado me alivió que se alegara de mi espacio un poco. Pero tuve que subir el rostro para mirarlo.

— ¿Cómo sé que no me mentiras?

Esto era cansado: — ¿Cómo sé que tú no me mentiras?

Nos observamos en silencio, segundos que parecieron horas, en ese tiempo él pareció percatarse de algo pues sus ojos se había movido hacia la derecha del camino que habíamos dejado atrás. Sin embargo, regresaron a mí.

— Creas o no, viene de tu propia realeza.

La sorpresa cayó como bolsa llena de clavos sobre mi cabeza- ¿Un oráculo? Imposible.

Rotó sus orbes enigmáticos para después volverlos en aquel camino— Te lo dije.

—No puedo creerte. Estas mintiéndome — Acusé, mí dedo le apuntaba el pecho. Sus ojos lo atisbaron.

— Otra cosa, ese oráculo probablemente estuvo con los Krangs que atacaron tu estación.

— ¿Cómo lo sabes? — Dije con rapidez luego de que él terminara de hablar —. Ese día dijiste que habían atacado por la noche, ¡lo dijiste! ¿Cómo lo supiste?

Un estruendo me hizo chillar y hacerme pequeña en su lugar: ocultándome de lo que, con anterioridad, estaba segura de que había sido la sombra del rin cayendo sobre nosotros la que provoco semejante ruido.

Kalai se apartó luego de que un crepitar amortiguara el sonido del rin que, después de unos segundos, aun se había estado produciendo eco entre las rocas. Al tiempo en que hizo semejante movimiento tiro de mí hacia su costado. Obligándome a permanecer detrás de su espalda.

Entonces abrí los ojos y deje que, impactada, la mirada tomara vista de la lluvia de rocas frente a nosotros. Salió disparado hacia el cielo un muro de polvo que termino cayendo hacia nosotros como manto.

No pude evitar toser y tampoco quería cerrar los ojos al sentir los piquetes de la arena, pero fue inevitable.



Lizebeth Honny

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Editado: 26.03.2018

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