Krang (el corazón de Ares)

Tamaño de fuente: - +

Monstruo

Vaya tosca manera de responder, me costaba creer que alguien no añorará a sus seres queridos, en fin, él era un Krang después de todo. Podía ser precisamente por eso, su alma llena de mal, que ni siquiera le pasara por la cabeza aquellas buenas cosas.

No extrañara, no deseara amar.

— ¿Por qué quieres ser Ares? — Quise saber, mi cuerpo se había inclinado hacia adelante, abrazando a mis rodillas una vez dejado la tercera lata vacía junto a mí.

—No te incumbe.

Apreté los dientes, su actitud estaba empezando a molestar, aunque era cierto, era por curiosidad que quería saber la respuesta de un Krang, y era de esperarse que recibiría tales palabras. Después de todo soy un oráculo, y él sabe que no importara cuantas veces me dijera la razón de por qué es un Krang o quiso serlo, no lo entendería. No llegaría a entender porque había tanta maldad en los Krangs y que los llevo hacer semejante sacrificio.

—Entonces, regresando horas atrás — Empecé, decidiendo levantarme y pasar mi cuerpo a la parte trasera del camión: tome lugar sobre una caja delante de la llama azulada —. ¿Para que necesitas saber de mis visiones?

—Es algo en lo que tengo interés.

Mire el parabrisas con un montón de grietas— Y eso me responde... Nada. ¿En qué te van a servir? — Una idea que podría significar todo, golpeo contra mi cabeza. —. No, ¿crees que tendré una visión de algún fragmento?

Eso definitivamente era para reírse.

—Al menos que te enamores de mí, posiblemente lo tengas para salvar mi vida.

Nuestras miradas se encontraron, queden tiesa como un poste en lo que mi mente me hacía bromas con una absurda imaginación, la imagen de él y yo, tomados de la mano, sonriéndonos y diciendo cosas cursis del otro, a pesar de que nos veríamos extraño, era simplemente imposible.

—Blasfemia—Chille como guajolote—. A parte de que es imposible que te enamores, no traicionaría a Zeus.

— ¿Y si terminas enamorándote de mí, aun así no tendrías visiones de los fragmentos?

Fruncí el ceño, no podía estar hablando enserio con esa pregunta llevando ese rostro de pocos amigos. Que ridiculez.

—Primero, me tienes aquí contra mi voluntad, obligándome a estar a tu lado, ¿y crees que sería demasiado ilusa para enamorarme de un Krang? Ya estoy enamorada de Doeg—Mi propia respuesta reboto contra mi cabeza, algo muy helado resbalo por no esófago y cayó sobre la boca del estómago. Recordé a Kemuel gritando él nombre de Doeg una vez que Core me tenía en brazos, y a él bailando con Ruth.

Las verduras se revolvieron en mi estómago. Trague con fuerza y pestañe mirando haciendo el suelo, estaba empezando a escuchar susurros otra vez. Poco a poco en el silencio entre ambos, aquellas voces susurrantes me enviaban al pasado. A ese momento turbo del que no quería volver.

—No es eso lo que me darás.

Su voz apagó los susurros, y por ese instante me sentí aliviada.

— ¿Qué es entonces?

— Estoy seguro de algo.

— ¿De qué?

—De que eres un imán que atrae monstruos con fragmentos.

Absorta voltee hacia él, me sentí un tanto cohibida cuando él parecía llevar tiempo mirándome con profundidad — ¿Qué te hace pensar que soy un imán?

—No eres solo tu— Aclaró sin moverse, sin siquiera pestañar, eso me inquietaba e incomodaba—. Todos los oráculos atraen fragmentos con su sangre.

Sus palabras enchuecaron mi quijada: dejando caer mis labios en un gesto desconcertado, de pronto, ya estaba viéndolo como si fuera una clase de pecado carnal.

— ¿Qué te hace pensar...? —Solté en exabrupto. El horror rasgo tanto mi voz como las palabras—, ¿sangre, cómo sabes eso?

Tras su silencio, mis pulmones tuvieron la necesidad de acelerar su función, pero siento que aun así, respirar con fuerza y rapidez, no ayudaba en nada: me sentía sofocada. No podía creer que de esto se tratara todo, y que al final, después de tanto, si terminaría muerta.

—He estado antes en un grupo de Krangs, duramos meses sin comer nada: atacamos una estación, tomamos su alimento y cautivamos a los oráculos para torturarlos— Comenzó. Bajo su mirada hacia sus botas, no pude evitar hacer lo mismo, sintiendo el vértigo arrastrarse por mi cuerpo—. Aunque en un principio fue divertido hacerles heridas en sus cuerpos, al final se convirtió en un trabajo para ser atacados por creaturas con fragmentos.

El vértigo corrió por todo mi cuerpo hasta la espinilla, acompañado de una ola de susurros: gritos y llantos de jóvenes siendo torturados.

Sentí húmedos mis ojos, recordando que, hace 8 años, los oráculos de las estaciones había enfermado de depresión tras haber tenido una visión con los suyos fallecidos. Habían sido días horribles, estaba en cama, llorando amargamente, cada parte de mi cuerno dolía, ardía.

El todo Poderoso había tomado una decisión, desde un principio los oráculos nacimos conectados, la muerte de uno, llegaba a todos a través de visiones, el dolor que sentían, miedo, ira y locura, todo eso lo sentíamos. Sin embargo, hace 8 años dejamos de sentir todas aquellas muertes, y sólo, tan solo en visiones podíamos ser testigos de sus muertes.



Lizebeth Honny

#16 en Ciencia ficción
#178 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar