Krang (el corazón de Ares)

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Inexplicable

Mis manos casi volaron de encima de Kalai al igual que mi cuerpo cuando él sacudió su brazo intencionalmente para apartarme de él, hubiera sentido que aquello había sido una rotunda grosería sino fuera porque estaba más preocupada en terminar siendo alimento para mascotas.

Caminó en dirección a ellas, su brazo negro extendió sus largas garras que con la luz de su llama, parecieron crecer contra la tierra, y extenderse aún más debajo de las patas de las ratas, cosa que ellas percataron pues no tardaron en mirar la tierra y olfatear la sombra de Kalai.

Un gruñido largo y de depredador pareció perturbarlas, hacerlas dudar en dar un paso más, aunque Kalai acortaba cada vez la distancia. Musitaron entre ellas, olfatearon por tercera vez y, luego, una de ellas tomo la delantera, saltó a tan solo pasos de Kalai soltando un chillido de su hocico, mostrando sus dientes delante amenazadoramente. Volvió a saltar esta vez tratando de alcanzar su brazo con sus dientes pero Kalai fue más veloz, atrapando la larga cola: jalo de ella hacia atrás en un fuerte movimiento que terminó enviándola contra una de las rocas.

Dos de ellas chillaron, sus cuerpos se contrajeron en lo que sus dientes salían para defenderse de él. Iba a gritarle que tuviera cuidado en cuanto saltaron sobre sus patas para morderle, pero grite para mí misma de horror cuando una de ellas me sorprendió de la nada. Saltando a mi derecha y chillando de igual modo.

No podía creer como animales que alguna vez tuvieron el tamaño menor al de mi palma, ahora, de la nada, fueran gigantescas. Sin embargo, no podía darme el lujo de pensar acerca de ello cuando mi vida corría peligro. Lleve mis manos al pecho sintiendo los acelerados latidos de mi corazón en lo que mis pies se apartaban lentamente de ella.

Cuando volvió a chillar y note en el diabólico brillo de sus ojos esa misma intención en atacarme y volverme su presa, salí huyendo. Disparada hacia fuera de Kalai, no halle nada más que la sombras de las demás montañas, todo lo restante estaba oculto entre oscuridad. Y sentí pánico, mis brazos se movían a los lados, mis pies se mantenían en cada movimiento separados para que por ni un momento a mis piernas en su propia velocidad, se les ocurriera tropezar. Ni un solo espacio tome para pensar hacia donde correr, mi cuerpo por si solo giraba y giraba, se torcía y se movía.

Escuche de pronto un alarido. Aterrada mire por encima de mi hombro, tratando de encontrar sus ojos, fue la cosa más desesperante. No me detuve por ningún motivo, sentía que, si la rata no estaba correteándome— porque juraba que ese alarido había provenido de ella—, entonces, de algo mucho peor que una rata grande estaba huyendo. No quería que mis pensamientos se fueran al extremo y que empezara a imaginarme monstruosidades persiguiéndome.

Los malos pensamientos fueron alejados cuando algo aprisionando mi cintura me arrancó un estruendoso grito de la garganta que termino volcando contra los recovecos. Una mano apretó mi boca en tanto el grito seguía amortiguándose ahora en mi boca. Pronto, en lo que mis piernas se sacudían y mis manos buscaban, un calor empezó a quemar por la parte de mi espalda en tanto aquello apretaba mi cintura contra un cuerpo duro.

—No vuelvas a llamarme por mi nombre—Su ronca voz en un susurro logró que mi cuerpo dejara de pelear contra él, su aliento que había rozado la parte de mi oreja y ovulo, arrastro a mi cuerpo un escalofrió en el que tembleque.

Tras su silencio, empecé a negar con la cabeza, sacudirla de un lado a otro, estaba muy segura de no haber mencionado antes su nombre, pero al recordar de cuando las ratas habían aparecido en el marcador, mi voz pronunciando su voz con un anhelo de tenerlo cerca, resonó.

Chasqueo sus dedos cuando abandono su mano mi boca y, delante de nosotros se extendió una línea de llamas azulejas que iluminaron por debajo y los lados del lugar que, segundos antes de su aparición, estaba a punto de pisar mis pies.

Un largo y profundo agujero de arena y piedras, aparentemente sin un final alumbrado por las llamas, a solo un par de pasos de nosotros. La tormentosa imagen sin duda me estremeció,

—Santo Dios mío— Susurre anonadada. Si Kalai no viera tomado mi cuerpo entre su abrazo, no imaginaria que me hubiese sucedido si terminaba resbalando por toda esa arena sin fin.

—No huyas de mí, aun en la oscuridad te será imposible—Otro estremecimiento a causa de su voz y el aliento que soltó, ascendió por mi mejilla. Sin dejar de ver el precipicio, envié mi cabeza un poco hacia atrás para torcerla unos centímetros, segura de que haciendo ese movimiento estaría cara a cara con él.

—No de ti sino...— Confesé a medias, envié mis ojos a los suyos que, en un santiamén me dejaron en shock, todos mis pensamientos quedaron atascados en una de las esquinas de mi cabeza: sus zafiros estaban demasiado cerca de los míos. Más de lo que incluso antes habían estado. Eso me dijo entonces que toda la parte de su rostro también estaba a centímetros del mío. Insegura, basto solo un milímetro en que subí el rostro para que nuestras narices rozaran, un milímetro extra para que, cuando él ladera su rostro, nuestros labios se palparan.



Lizebeth Honny

#10 en Ciencia ficción
#142 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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