Krang (el corazón de Ares)

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Sensaciones

Anteriormente las palmas de mis pies sentían las piedras como cartuchos calientes. Pero ahora, incluso podía trotar encima de ellas y sentirlas como bultos de tierra nada más, estaba agradecida de haber elegido el par de tenis con suelas de zapato demasiado gruesas que.

Miré nostálgica el par de zapatillas, aún seguía extrañando a mi gente y a aquellos que llamaba amigos. No importaba cuánto reprodujera las palabras de Core en mi cabeza, parte de mi decía que ellos nos habían traicionado también, pero no podía engañarme, cada día añoraba más una explicación por parte suya que contradijeran todos mis pensamientos.

Azoté contra la enorme piedra en un chillido escandaloso, todos mis pensamientos escaparon de mi cabeza y lo que terminó llenándome fue el dolor chispeando en mi cuerpo. Me levanto como puedo, y rápidamente envié la mirada a la mis pies que están clavados en un parche del suelo. Sentí, luego de susurrar un insulto, una segunda presencia cercas de mí…demasiado cecas de mí. Madre mía, solo esperaba que no fuera él.

No eleves la mirada Neri.

—Morirás mucho antes por tu estupidez que devorada por una creatura—Espetó. Mordí mi labio y apreté tanto mi ceño como mis ojos por lo avergonzada que me seria, por lo acalorada que su mirada me ponía—. Arriba.

Empecé a levantarme, la caída no había sido demasiado peligrosa después de todo y el dolor ya estaba aminorando. Sin embargo, mi caminar volvió a ser torpe, tropezaba cada cinco minutos y no importara cuanto me concentrara en el suelo y en cada paso que daba, aun así seguía tropezando. Paré para golpearme las rodillas y los pies, luego de ello, sin importarme si Kalai cada vez estaba lejos de mí, estiré mis piernas. La torpeza podía deberse a que no había ejercitado tanto como estos días, y tal vez estirar un poco las piernas bastaría para caminar normal el resto del día.

Examiné el lugar en tanto terminaba de masajearlas, en tanto él seguía apartándose dejando una larga distancia para recorrer hasta su lado: deje vagar la mirada a las zonas más escondidas de las montañas que nos rodeaban, del ancho camino que se desataba delante y detrás de nosotros. Nada me llamó tanto la atención como lo que delante de Kalai se encontraba, fue como si por ese momento tuviera alguna clase de aumentador en mis ojos, una lupa por así decir para encontrar la forma de las bacterias lo suficientemente claras sin utilizar un microscopio.

Asombrada observé lo que había adelante del camino, muy apartado de los pies de Kalai. Recordé aquella noche en que estaba recostada sobre el chaleco de Kalai y que, tras el ataque de las ratas carnívoras lo dejara olvidado junto a las latas, y sin embargo por asombroso que sonara, ahora mismo estaba viendo su chaleco, a varios metros de nosotros, del otro lado de una piedra con forma de escalera. Esto era imposible, tan imposible de creer que golpeé mis mejillas.

Envié mis ojos de nuevo hacia él, examinando lo que alcanzara a ver, y sentí un alivio enorme al saber que no veía nada más que tierra, piedras y más montañas. No había encontraba más el chaleco, no sentía una lupa en los ojos o mirada de rayos equis, y eso solo me decía que entonces lo había imaginado. Posiblemente porque desde que lo conocí, Kalai llevaba su chaleco puesto cubriendo parte de sus pectorales marcados, parte de esa piel morena dura y caliente, llena de sudor con aromas tan..., que en lo personal me provocaba querer hundirme en su esencia masculina.

¿Qué estás pensando Neri? Oh mujer, tanto sol está quemando tus neuronas.

Un tropezón más me hace gruñir, mis manos tan astutas habían detenido el golpe segundos antes de que mi cuerpo lo recibiera todo. Incorporé mi cuerpo con demasiada rapidez, y no paso mucho cuando el calor aumento exclusivamente en mis mejillas al atisbar su mirada d rabillo. Sacudí las palmas de mis manos para disminuir la vergüenza y carraspee para antes de seguir el camino.

—Ya deja de caminar como pato que naciste humana—Me exhorte. Estaba palpando mis mejillas que no dejaban de calentarse cada segundo más. Traicionándome.

—Tal vez debiste nacer pato.

Le clave la mirada a su ancha espalda varonil y, en mi cabeza, comencé a agujerarle la espinilla mientras me indignación me gobernaba. Entonces, sus palabras volvieron a resonar en mi cabeza, dejándome un tanto impresionada:

—Quién diría que tendrías sentido del humor— Bufe en cuanto desinfle mis cachetes en una clase de berrinche tras tropezar por octava vez en un intento de alcanzarle. Llegue hasta su lado y una sensación extraña se añadió a mi cuerpo, al instante, envié inquieta la mirada alrededor. Hacía ya varias horas que habíamos dejado el quiosco en donde descansábamos, y sin duda alguna era la misma sensación que tuve en el quiosco. Era esa impresión que me daba cuanto alguien me observaba en la estación: y al final terminaba atrapando a Kemuel o Sarah, mirándome fijamente desde un lugar alto.

—Aun guardamos un poco de humanidad— Soltó, atrayendo mi atención de regreso a él. Le eche una mirada a todo su cuerpo para luego observar su esplendoroso perfil, esa rareza atracción suya que aún no podía dejar de admirar, y por mucho que me costara, dejar de mirar.



Lizebeth Honny

#15 en Ciencia ficción
#186 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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