Krang (el corazón de Ares)

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Sobrevivientes

Sus brazos me bajaron pero no me soltaron, ni me apartaron un milímetro de su piel. Pero aquel grito había logrado romper con la telaraña que en ese instante nos había rodeado a los dos, atrapado en una clase de abrumadora sensación.

Torcí el rostro ante la orden de aquella voz femenina al igual que él lo hizo, y la impresión me golpeo el rostro. A unos tres metros la mujer de aspecto joven sostenía un arma en sus manos apuntándonos, se le miraba realmente con la voluntad de disparar, firme y severa. Su cabello le llegaba por debajo de la mandíbula en un descolorido tono rojizo, por debajo de sus ojos color cielo, se dejaban marcar las ojeras.

Vestía una túnica medieval borgoña, con la capucha acomodada a los lados de sus hombros, lo que dejaba ver debajo de su túnica únicamente eran sus botas marrones. Me di cuenta en el transcurso en que reparaba su rostro que estaba fijando la mirada a uno de nosotros, y no era a mí.

Detrás de ella al menos una docena de persona le acompañaban, cada uno con una vestimenta diferente, sucia y rasgada. El aspecto en la mayoría era cadavérico con los pómulos bien marcados y los labios secos, restaba decir que habían estado caminando sin dormir y comer por varios días y noches.

— ¡Te ha dado una orden!— Grito uno de ellos, la capucha sobre su cabeza, sombreaba la mayor parte de su rostro, sin embargo podía ver con claridad que apretaba los dientes ——. libérala.

Sus manos empuñaban un arma distinta al de la mujer, una forma más larga y de color marrón madera. Pero él no era el único armado. Todos los demás les acompañaban con diferente tipo de armamento, desde armas de fuego hasta cuchillos y lanzas.

Fascinante, no simplemente porque estaban armados, sino porque habíamos encontrado a un grupo de sobrevivientes. Podían haber venido de alguna estación que fue destruida y, ahora mismo, querían rescatarme de Kalai.

— ¡Que la sueltes! — Gruño ella, su cabeza se sacudió haciendo que su mechones se movieran.

Y entonces, la risa de Kalai parece sorprenderlos de una manera aterradora. El viento y su risa lograban un ambiente horripilante sobre nosotros, en los rostros de ellos, en cada temblor de sus extremidades.

— No—— Fue lo que él respondió pero pareció divertirse con esa sola palabra que me estremeció, me apretó un poco más a su cuerpo, acomodándome debajo de su brazo, sin motivo si quiera de entregarme.

Y yo aún no sabía que pensar, estaba excluida de mi mente o razonar, o eso creí yo. Su aparición me había dejado en claro que solo podía deberse a una dilución después de tanto tiempo fuera de mi estación, de todo lo que me había acontecido y los intentos de escapar, por fin un grupo de personas humanas me encontró, e intentan rescatarme.

Eso me decía que debía ir, buscar a los demás, reunirme con una nueva estación e informarles de la traición.

No Neriem, no vayas...

Aturdida por la voz en mi cabeza, voltee para ver a Kalai, su mirada pronto cayo en mí y supe que él no había hablado. La voz sin duda había sido de un hombre, ya antes la había escuchado nombrarme esa misma vez que tuve la visión de Kalai y mía.

No entendía que significaban sus palabras o por qué no quería que fuera con ellos, pero en mi garganta, un fortuito nudo se estremeció de miedo.

¿Es por el propósito que tienen con él? Pregunte en mi interior, pero no hubo respuesta, no al menos esos segundos.

Bajé la mirada devolviéndola a ellos. Los ojos del grupo se alborotaron buscando mirada de su compañero, la única persona que permaneció en su lugar fue ella quien, sin contar con lo que haría, disparó.

Apreté mis ojos y por instinto voltee mi rostro para ocultarlo en el pecho de Kalai. Creí que lo recibiría, que la bala le penetraría pero fui demasiada ingenua olvidando lo que él era. Un grito, o mejor dicho, alarido se escuchó delante de nosotros elevando una ola de reclamaciones y lamentaciones acompañadas de chillidos que me hicieron lanzar la mirada.

Entre los brazos de un hombre que parecía recorrer la tercera edad se encontraba el muchacho que gritó al lado de la chica. Había recibido una bala en el estómago, la sangre era una cosa insaciable ensuciando la tela de su camisón y su túnica.

— ¡Naho! — Gritó ella, y no se movió de su lugar, no dejo de señalar a Kalai con su arma, de fulminarlo con su odio—— ¡Eres un maldito cabrón!

Asustada entorne nuevamente la mirada a Kalai y lo examine un momento llena de dudas, sin embargo todo su aspecto y la escalofriante torcido sonrisa me decía lo que había pasado la bala que ella había disparado para Kalai terminó siendo para él.

No había manera de dudarlo, Kalai tenía varios trozos lamento razón de Ares, un dios e incluso semidiós podía detener todo tipo de armas, y peor aún, podía haberla hecho regresar al arma y que esta explotara.

Elevó el brazo— Y seré más que eso... — Sus palabras habían sonado amenazadora. Él en verdad iba a cumplirlas—..., si no dejan de jugar a los salvadores.



Lizebeth Honny

#18 en Ciencia ficción
#195 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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