Krang (el corazón de Ares)

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Voluntad

Si vas a salvarlos, morirás, si te quedas aquí, te protegeré entonces.

Fue el temor quien tuvo lugar primero en mis huesos, haciéndome tiritar en tanto su ancha espalda desaparecía de mi vista y sus zafiros dejaban un rastro de advertencia, orden y amenaza. Aquellas palabras que habían brotado de sus carnosos labios rebotaron una y otra vez en mi cabeza, golpeteando contra mis sientes al paso en que todo se desataba delante de mis ojos.

Mi piel a centímetro por centímetro se endurecía conforme la horripilante escena. A pesar de la lejanía, reconocía a Ana, así como al hombre de la tercera edad, en lo que la bestia pisoteaba a uno de ellos y lo embestía con sus cuernos, ellos mientras disparaban se acercaban cada vez más al peligro.

El corazón se me agito cuando esta con un brinco más sobre aquel cuerpo destrozado, se giró hacia ellos y se lanzó, levantando muros de arena por todo su sendero. No pareció, por mucho que le dispararan, que alguna de las balas le dañara el cuerpo, al contrario, solo lo enfurecían más.

Sus piernas patojearon con torpeza y el hombre terminó cayendo. Dos personas más corrieron junto a Ana y se unieron con sus armas, en lo que disparaban se alejaban del lado contrario al que estaba el hombre de la tercera edad: desperdiciaban balas que hasta ahora vi y rebotaban del cuerpo de la bestia, pero aun así ellos seguían, gritando y disparando y tuve una idea de que aquello a pesar de que no la dañaban, era solo para salvar a su compañero.

Apreté los dientes, llenándome de impotencia. No podía controlar el impulso de ignorar sus brutales palabras, era imposible. No solo mi propia moral me decía que debía hacer algo, desobedecer, salvarlos, sino que lo que soy gritaba en mi interior que tomara la voluntad que me correspondía.

Un estruendoso alarido que rompió en eco y amortiguo todo tipo de ruido, erizo mi piel. Voltee encontrando a Kalai, cosa que debí de hacer mucho antes. Traía en su puño negro uno de sus cuernos, la bestia estaba echada sobre los escombros de la cola del avión, revolcando con sulfura la cabeza en la tierra, y escupiendo bramidos cada segundo. Entonces entendí, a unos metros de Kalai había una pata con pesuña con todo y hueso manchado de sangre que salía de la parte del tobillo. Kalai doblo su brazo y corrió a la monstruosidad, ese acto hizo que yo también me decidiera. Salí corriendo, pero en dirección a los humanos, y con todas las fuerzas que encontré y reacomode en mis piernas, seguí, sin parar, sin mirar por detrás de mi hombro.

Inconscientemente deje que la mirara resbalara hasta el suelo donde, contra una roca del tamaño de mi pie, se acaparaba una de sus armas. Sabia usar armas, pero no de este tipo de arma de fuego, cuando en mi estación los jóvenes cazábamos polillas y saltarines, utilizábamos armas de cuchillas y pinchas. Pero eso podría no hacer tanta diferencia en su tipo de uso, después de todo, todas las armas tienen un solo gatillo, en fin. Pare con torpeza y al inclinarme la tome para seguir corriente.

Otro error que cometí y halle con esplendores horror acalambrando mis pies, fue decidir correr en el momento justo en que aquella segunda bestia se aventuró a mi abandonando a los sobrevivientes. Me hizo tropezar con un montículo de piedras que no vi delante de mí.

Mande todo mi cabello por detrás de las orejas y, apretando el arma en mis manos, coloque el dedo en el gatillo en dirección a ella. Dispare, y tras mi disparo, dos más trompetearon en el cielo, y tal como anteriormente había visto, terminó por rebotar en su cabeza.

No quería enloquecer y salir huyendo pero la monstruosidad estaba dándome alcance, acortando cada metro de distancia, y fijando su mirada en mí, logrando que así perdiera incluso más oportunidades de permanecer con calma.

Hay dioses, ayúdenme.

—A los ojos.

Sacudí la cabeza, pero no en negación, aquella voz rota en diferentes tonalidades repetitivas me dejo aturdida y mareada. Tome un fuerte respiro y atisbe el arma, la largura, su color y el talle, el peso con el que se destacaba en mi agarre. En esos segundos apreté cada parte de mi cuerpo y moví el arma en dirección a su rostro, fue ahí cuando la creatura dejo de verme y pareció mover esquinar su camino pero aún seguía corriendo.

Un par de disparos más asomaron mi mirada del otro lado, donde Ana y una joven de menor estatura le disparaban por detrás de la bestia en tanto corrían hacia nosotros. Las manos me temblaron, todo en mi estaba sudando y tan solo suplicaba que mi puntería acertara como siempre hacia en la estación. Era lo único que pedía, eso y quitarle la vida.

Dispararle Neri, está demasiado cerca de ti.

Dispare.

Lo que me dejo estupefacta no fue fallar y ver mi bala rebotar en su cuerno cuando esta ladeó la cabeza, sino que todo su cuerpo rozara mi hombro derecho mientras me pasaba de largo.

Inmóvil, con los huesos hechos agua mire a Ana contenida que contenida por todo lo acontecido llegaba a mí.

—Vámonos, tenemos que huir— Su crascitar rebotó en mi cráneo. La mano que me tomó del brazo tiro fuertemente de mí, por lógica las piernas se movió y empezaron a correr del lado contrario donde se desataba una pelea de monstruos.



Lizebeth Honny

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#140 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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