Krang (el corazón de Ares)

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Desordenes

Crash.

Era el resultado del estallido que el cristal hizo cuando Kalai estrelló su puño contra ella. Lo único que en la profundidad del edificio— al que estábamos a punto de entrar— dejaba ver era solo oscuridad y un hueco horripilante. Su puño se alzó, todo su brazo negro empezó a golpear los bordes del débil marco para que los fragmentos del cristal cayeran en su profundidad. Y se incorporó, pronto le imite pero no deje de tratar de encontrar algún rastro del interior del edificio, algo que me dijera que del otro lado no nos esperaba peligro o agua.

— ¿Estás seguro?

Sus zafiros me examinaron en silencio, se acercó y enseguida sus brazos se movieron sobre mi cuando se inclinó un poco. Me encontré asustada pero no porque me estuviera cargando sino porque estaba acercándose de nuevo a la ventana.

—Podemos seguir nuestro camino pero eso no asegura que encontraremos tu comida.

Apreté mis labios y mire una vez más aquella oscuridad que se desataba a tan solo un paso de nosotros con el tamaño de cinco metros y el resto hundido en la tierra. Mis manos buscaron su chaleco pero en ese momento solo hallaron su hombro, recordando que aquella prenda estaba en alguna parte del mundo perdida.

—Okey...

Kalai dio el último paso y nos dejó caer, hundiéndonos en tinieblas y en un gemido que se desato de mi garganta. Cerré los ojos aunque eso no hacia gran diferencia con los colores, y pronto un golpe seco reboto no solo en mis oídos sino en toda el área. Aquello era la clara noticia de que ya habíamos tocado suelo, y efectivamente lo supe cuando él empezó a bajarme. Mis pies se plantaron sobre la dureza, abrí mis ojos y en cuestión de segundos ya estaban revoloteando alrededor, solo donde las llamas de Kalai alumbraban.

Divise su estructura interna que era más amplia que el centro comercial. Lleno de cristales alargados que estaban siendo utilizados como paredes que retenían del otro lado toda la arena. Pero a cómo veía nosotros aun no tocábamos piso, nuestros pies pisaban el borde de un segundo piso con vista al primero detrás de un barandal de porcelana La escalera que se prestaba delante de nosotros estaba destruida por la mitad, el resto parecía solo ser una montaña de escombro en el primer piso.

No tuve tiempo de observar más a fondo, no solo porque las llamas no alcanzaban a iluminar las áreas más al fondo sino que Kalai estaba dejándome atrás. Chasquee la lengua y segura le seguí.

En nuestro visor se extendía un camino de estructura sólida que se repartía a más pasillos de nuestro lado derecho: con el silencio alrededor, alcanzaba a escuchar un zumbido como de viento recorriendo la largura de cada pasillo sombreado que pasábamos por alto.

Me pregunte por qué no estábamos tomando uno, y por qué esto me daba el presentimiento de un deja vu.

— ¿Tomaremos uno?

—No por ahora.

Nunca me terminaría de asombrar el hecho de que su voz tronara en tonalidades graves y roncas que recorrían tanto alrededor en un alargado y repetitivo eco, como cada pliegue de mi interior.

Tirite y me abrace al estómago, un desagradable aroma llamo mi atención, pero estaba segura de que no todo provenía del cuerpo de Kalai o del mío.

Mientras tanto revisaba al rededor en busca de algo que sirviera de alimento, mis labios empezaron a tararear aquella canción que devora cantó antes de su voz. Al tiempo en que lo hacía, un chillido se unió a mi melodía. El horror me rasgo la voz cuando conocí al infiltrado pasando bajo mí caminar.

— ¡Madre mía!— Salte cuando chille y mi cuerpo se juntó al barandal de porcelana mientras mis ojos buscaban a la rata que había corrido en mi dirección. Sin siquiera percatarme en su momento, el arma ya estaba en mis manos y Kalai parecía haber sido el primero en notarlo.

— ¿Protegerte de otros peligros?

Gruñí, mi corazón estaba a punto de ser escupido por mi boca y él parecía burlarse: — Capaz y el hijo es de ese tamaño, pero la madre resulta ser del mismo tamaño que las otras ratas evolucionadas. Nunca se sabe.

La sonrisa sombreada y escalofriante de Kalai con anterior me hubiera arrancado el aliento, pero esta vez mi corazón pareció acelerarse de una manera inquietante e inexplicable.

Esto estaba mal. Me obligue a quitarle la mirada de encima y abandonarla en el suelo en tanto mis sentidos volvían a componerse. Camine detrás de él, sin dejar en ni un momento de revisar el suelo y apuntar con el arma. Pero tan solo fue cuestión de minutos para que mis brazos se volvieran agua y mis piernas quedaron inmóviles sobre el camino, algo que no me había preguntado acerca del aroma fue respondido con extrema facilidad.

Kalai parecía haber visto lo mismo, y no solo eso, el olor que sucumbía el camino era insoportable.

Se trataba de un cuerpo, o al menos lo que restaba de él, la mayor parte que alcanzaba a iluminar la llama de Kalai mostraba más hueso que carne, la otra parte se arrumbaba entre sombras.

Por instinto protector lleve mi brazo a la nariz, en tanto pasaba su rastro mis ojos se percataron de los innumerable gusanos Blanquecinos, las náuseas fueron creadas tan pronto no estómago único sus contracciones, y el sabor amargo se perdió en mi esófago en tanto me apartaba del cuerpo.



Lizebeth Honny

#13 en Ciencia ficción
#182 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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