Krang (el corazón de Ares)

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Descontrol

La oscuridad se antepone, las paredes en un chasquido se absorben por ella, al igual que aquellas figuras y todo lo que les conforma. La sacudida que a todo mi cuerno sucumbe es lo suficientemente fuerte como para devolverme a donde pertenezco.

Mis ojos van sin rumbo a los lados. Las sombras se vuelven más oscuras pero aún hay llamas que mantienen alumbrado alrededor. Sus manos se aprietan en mis hombros y un nuevo jalón envía la mirada hacia enfrente.

Justo ahí, sus zafiros me fulminan, sus labios que habían estado apretados sueltan el aliento que humedece mi rostro y enfría pequeñas zonas de mis mejillas, acto que indudablemente me dicen que estoy llorando, que todo dentro de mí lo hace.

Arrastro aire por la boca y pestañeo ante el nuevo escalofrío que se arrastra por todas las zonas de mi cuerpo con una rotundidad que me hunde en flaquees. Observo su pecho, su marca de Krang y, sin siquiera dudarlo, ante el recuerdo de Ruth, mis manos van al estómago, alzan la playera y tocan la fría piel, aquel en la que el dolor apenas era palpable. Examine esa parte de mí y al no hallar nada, mi cuerpo pareció liberar sus fuerzas en una exhalación entrecortada.

Temblequee, en tanto él se apartó de mí, me tambalee, los muros dieron vuelta y supe que iba a caer. Tan pronto como lo acepte, sus brazos me atraparon en el viento y en un movimiento sutil me levantaron. Mi cabeza se hayo pronto un lugar que no le pertenecía debajo de su cuello, justo ese lugar donde un débil latir era casi imperceptible sino fuera por todo el silencio que nos subyuga. El aroma a sudor y suciedad me invadió, pero jamás me arrepentí de conocerlo al encontrar su familiaridad. Sí, me recordaba a mi estación.

Hasta ese momento en que Kalai se inclinó sobre uno de los sillones y me alejó de su pecho para abandonarme en un cuadro de frialdad, un crujiente estallido que hundió mis oídos vino acompañado con un bramido. Supe a quien, a pesar de la lejanía, le pertenecía el grito, y ahogue el chillido por la vertiginosa sensación estremeciendo mis huesos. Como acto reflejo le tome la mano a Kalai, aterrada de volver a la visión justo en ese momento, y de repente nublaba la mirada hacia una dirección en particular.

El eco del bramido de Ruth rompió en un sonido abrumador y tormentoso que logró a mis manos cubrir mis oídos y apretarlos en tanto me destruían sus últimos llantos y su mirada se perdía en el techo de aquella cueva.

— ¡NO! ¡Ya basta! — Exclamé, sentía que mi estómago reventaría en cualquier momento—. No quiero ver morir a mis amigos...— la voz se me rasgo. A pesar de que las imágenes eran borrosas en la lejanía de mi lugar, desde su estómago la sangre brotaba y de lo que su interior haya brotado en largos apenas audibles chillidos, se arrastró con desesperación por el suelo, mucho antes de que el cuchillo de Doeg terminara atravesándole—. Por favor, no me muestren esto, no quiero. No quiero... ¡No quiero!

Era insoportable y agotador, estaba acabando conmigo. Las imágenes se iban y volvían, una y otra vez aleteando pulgadas de dolor en mis sientes, pecho y estómago. Me sentía sofocada, y no podía creer que los dioses permitieran que yo tuviera esta clase de visiones, escuchar los llantos de Doeg que eran susurros perdidos en mi cabeza.

—Para— Su gruñido golpeo completamente mi cabeza, sacó todo de su interior y desvaneció las imágenes de Doeg y el cuerpo de Ruth. Cuando menos me di cuenta, mi rostro estaba levantado contra el techo, su puño apresando de un solo agarre mis muñecas, y sus ojos enigmáticos buscando que me hundiera en él. Solo en él.

Estaba tan cerca de mi como aquella noche, como en la visión. Su nariz a un centímetro de la mía, sus lagunas profundas eran asombrosas así de cerca que te obligaba a no pensar en nada más que en su maravilloso brillo color.

Sentí un leve dolor tanto en mi nuca como en mi estómago en lo que mi cuerpo era liberado de todo aquello que lo apresaba en una vil escena, y fue cuando caí en cuenta de lo que Kalai había hecho para evitar que la visión me lastimara. De que incluso me había tomado de esta forma y gruñido para traerme de vuelta, lo cual había logrado. Estaba de vuelta, pero todo era un dilema en mi interior que pensé que por su acercamiento, que por su mirada tan intensa e irreal y la frescura de su respiración cubriendo mi rostro, esto se trataba de otra visión. Inconscientemente tras mis sollozos ahogados, deje caer la mirada en sus labios. Todo dentro de mí se volvió un caso imparable, apresado por las visiones, me haya en una revuelta de momentos.

Y lo mande a la basura, todo, absolutamente todo. Si se trataba de otra visión, ahora solo quería perderme y dejarme llevar para olvidarme de todo.

Me atreví, con desesperación a que, tras un segundo de anticipación en el que nuestras respiraciones chocaron, acortar la distancia y juntar nuestros labios en un beso torpe y nada experimentado. Húmedos y suaves, ese fue el primer pensamiento que se ilumino antes de que, como resultado algo en mi interior gritara que era el momento de volverlo real. Lo que estaba haciendo fue lo más incorrecto de mi única generación, lo que tal vez, si tuviera mente para procesarlo más correctamente, deliberadamente me hundía en el pecado. Pero eso no quita el hecho de que, mi desvergonzado acto parecía paralizar las escenas y mejor aún ahuyentarlas con un segundo movimiento de mi boca profundizando el beso.



Lizebeth Honny

#17 en Ciencia ficción
#198 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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