Krang (el corazón de Ares)

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Cascabeles

Apreté mi puño, mi otra mano quiso liberarse de su agarre pero él no cedió presionando con más fuerza sus dedos a los lados de mis nudillos. Mis labios se sintieron pegados, no podía separarlos y eso me asustaba. Imágenes se vislumbraron en mi cabeza, los recuerdos, las visiones, eso era lo que no estaba cuadrando en mis pensamientos.

Estaba escrito en las sagradas escrituras que nos leían los ancianos que los dioses no aceptaban traicioneros, que aseguraban su vida eterna en el infierno y que ese sería su paga por su traición.

¿Entonces porque aunque Kalai los traicionara seguía dentro de su propósito?

El Todo poderoso nunca se equivocaba, no contradecía nada y los dioses lo aseguraban, la razón estaba oculta en el interior de Kalai, en sus recuerdos, en la razón de por qué se convirtió en Krang.

— Estoy segura de que te entregaste al sacrificio en un momento de dolor—Las palabras salieron contra mi voluntad, me llene de un arrobamiento que pareció tocarlo a él también, pero rápidamente ese pequeño asombro iluminado en sus ojos desapareció por completo.

—Tú no sabes nada— Remarcó. Mis labios temblaron, también sentí que la presión se me bajaba, la tonalidad recelosa con la que lo soltó fue lo que me provoco mi actual estado. Soltó mi mano, sus dedos dejaron de entrelazarse con los míos inundándolos en un vació indescriptible.

La oscuridad volvió a tomarme y cuando quise volverle a detener, él advirtió:

— No te acerques más a la oscuridad que no puedes soportar.

(...)

El inesperado dolor en mi estómago me aleteó los ojos a todo alrededor. Soy forzada a despertar con un escándalo en mis nervios, el corazón acelerado y la respiración agitada. Lo primero que encuentro en la mochila que había sido lanzada contra mi estómago y a Kalai delante del sofá, recorriendo mi cuerpo con cuidado.

—Es hora de seguir— Espetó, y tan solo lo hace empieza alejarse.

En tanto desaparecía de mi vista, envío mi mano a mi pecho y lo palpó, los latidos son fuertes y el miedo no deja de quemar mi piel. Había pensado por un momento en que estaba en peligro y que se debía por eso a que desperté. Lo que anoche descubrí había sucedido y que después de tanto pensar, había terminado rendida en el suelo... Estaba segura de que me había recostado en el suelo y no en el sofá.

Apenas y podía recordar los pensamientos que me atormentaban antes de rendirme a Morfeo, sin embargo sabía que la noche la había pasado en vela orando a los dioses, pidiendo por aclaraciones, por una salida, también.

En seguida, un pequeño ardor me hizo salir de mis pensamientos, bajar la mirada y recorrer mi brazo derecho, justo ahí encontré una respuesta, una larga línea que iba cerrando se extendía, enrojecida pero limpia de sangre.

Con estupor clave la mirada a Kalai y busque entre sus muñecas, un pedazo de asa grisácea le rodeaba la muñeca negra, manchada de rojo en el centro. La ira me apretó los puños pero no iba hacer nada sabiendo que a él eso no le interesaba, que aun procediendo de los oráculos no le importaba nada más que obtener los trozos del corazón de Ares a través de mi sangre. Además lo unió que ahora quería era saber su pasado. Sin embargo eso no quitaba el hecho de que era un sinvergüenza hiriéndome aun cuando estaba dormida.

Sacudí la cabeza, no era tiempo de pensar en eso, refunfuñada decidí ponerme en marcha también. Corrí hasta el pasillo y lo busque, al encontrarlo apresure a mis pasos a llegar cerca él. En silencio recorrimos el lugar hasta llegar al centro de la cafetería. Sus llamas eran grandes lumbreras que aparecían en un camino recto delante de nuestros ojos.

Llegamos al principio de todo, el centro de aquel lugar a pesar de la luz de las llamas era alumbrada por la luz solar que atravesaba los cristales por los que entramos. Llegue hasta la escalera, en ese momento pensé que la escalaríamos para llegar al segundo piso y saltar fuera del edificio, pero habían dos problemas, el primero era la altura a la que llegaba el resto de la escalera y que mis manos no la alcanzaban no de puntitas. La segunda era que Kalai sin siquiera avisarme, se inclinó y rodeó mi espalda, después deslizo su brazo negro deliberadamente por debajo de mis piernas y me alzó.

Mis manos volaron sin saber dónde tocar pero solo fue en ese instante antes de que el saltara y no solo pasara de largo las escaleras sino que hizo algo más inesperado: su brazo en mi espalda me empujo hasta su pecho con la intención de que le abrazara y lo hice en lo que él estiraba su brazo y lo estampaba contra uno de los ventanales del que saldríamos.

Ahogue un chillido, su brazo apretó mis piernas para afirmarme y todo mi cuerpo respingo para luego hacerse pequeño junto a su cálido pecho, escondiéndome de la lluvia de cristales que rebotaban sobre nosotros. Tras los segundos en los que sentí más calor en mi cuerpo de lo normal, decidí abrí los ojos y expandir mi mirada por encima del hombro de Kalai.

Los techos de más edificios detrás del que salíamos, con olor a peligro se mantenían únicamente sobre la tierra, mientras el resto de su estructura estaba oculta en las arenas. Mire más afonde donde montañas grandes y largas se dejaban ver con formas muy singulares a las torres de mi estación, pero de colores nublados, y más allá frente a nuestros ojos se desataba un mundo de misterios que nos esperaba recorrer.



Lizebeth Honny

#18 en Ciencia ficción
#226 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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