Krang (el corazón de Ares)

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Tormenta

Saque una botella de agua y bebí haciendo morisquetas con la lengua, disfrutando de su frescura. Mientras los músculos de mi garganta trabajaban, mis ojos se dispusieron a vagar al frente donde el final del suelo nos esperaba una rampa de arena, poco después, sorprendiéndome completamente, aparecieron los glúteos de Eminen que hicieron que me atragantara con el agua y escupiera todo a la arena en lo que la molesta tos picoteaba mi asfixia temporal.

— ¡Mi señora!— Eminen se volteó y yo cerré los ojos girándome en tanto me golpeaba el pecho.

—Estoy bien— Chille como pude, con tal de no tenerlo cerca de mí, todo estaría bien. No era que me lo imaginara desnudo, de hecho eso sería desvergonzado. Pero me incomodaba demasiado que él enseñara todo lo suyo y aparentemente no le molestaba.

—Puedo darle masajes a su garganta.

Una mueca desaprobatoria cruzo por mis labios. Aquello no había sonado como una amable sugerencia, definitivamente la forma en que decía las cosas era con doble intención pervertida.

—Estoy bien... No te acerques.

—Mi señora es mala — Gimió. Me imagine la sonrisa que seguramente tenía en este momento al ver mi reacción, pero estaba claro, no iba a girarme por nada del mundo.

—A menos que te vistas, podrás acercarte.

—No tengo nada con que cubrir mi cuerpo, pero puede prestarme su playera.

Sus palabras me golpearon cada lado de la cabeza de tal manera que quede observando la nada. En cuanto procese sus palabras y lo imagine, mis mejillas se calentaron.

No respondí y tras unos segundos decidí volver la mirada a la rampa, Kalai estaba bajándola, sus pasos sobre aquella bajada no eran de fiar, no tenían ni un cuidado y a pesar de ello no él no se tambaleaba o resbalaba.

Estaba segura de que al pisarla resbalaría, y seguramente rodó mi cuerpo se llenaría de aquella arena. De por sí ya era suficiente la que había en mi calzado y ni hablar de mi ropa interior.

Habíamos estado por horas recorriendo el desierto debajo de anochecer fulminante y enrojecido, ya tenía la piel escoriada y me ardía, me abrumaba el hecho de que tardará en recuperarse mi cuerpo de las quemaduras y eso solo respondía a que se tomaba su tiempo a causa de que aún estaba débil después de la visión.

Exacto. Desde las serpientes y el aparecimiento de Eminen no había tenido tiempo de asimilar la visión. Mi abuelo estaba vivo y a salvo en una estación mucho más grande que la nuestra, al igual que Core y Kemuel, pero lo que no entendía como otras veces, era de lo que hablaban.

¿De quién estaban hablando? Core estaba completamente perturbado y molesto, mientras y abuelo, la preocupación retumbaba con fuerza en sus ojos.

Era frustrante ver cosas y no entenderlas, no entendía que es lo que los dioses querían de mí, y apenas supe que Kalai fue alguna vez un oráculo.

Un aullido llamó mi atención, adelante un muro redondeado de are a se alzó del suelo. El agujero que dejó ver después de que el fuerte viento se llevara el denso muro se alargó delante de nosotros, apartando dos suelos que antes eran uno.

La rampa de pronto desapareció casi por completo y un chillido de rabia se escuchó en su interior, cerca del lugar de donde me aparte para no caer.

—Mi señora, no se preocupe estoy bien— Esa era la voz de Eminen, tarde en percatarme unos segundos de que provenía del agujero que nos separaba a Kalai y a mí. Él tenía una sonrisa maliciosa en tanto observaba él agujero.

Anonadada, obliga a mis piernas a moverse y llegar al borde, cuidadosamente me incline y deje caer la mirada. La sonrisa sorna de él me pellizco el estómago.

—Apártese, voy a saltar y no le gustara ver mi desnudes.

Sacudió uno de sus brazos en señal de que lo hiciera. Y así fue mientras volvió a retroceder busque a Kalai, pero no estaba más del otro lado, y ese echo me preocupo. Empero a la sensación que me recorría al no encontrarlo ni en la lejanía del otro lado, pensando en que nos había abandonado— me había abandonado con Eminen, desnudó—, no me percate de una presencia que se acercaba súbitamente por detrás sino hasta que sus brazos me tomaron inesperadamente.

Nuestras miradas se encontraron, y quede hipnotizada por sus enigmáticos zafiros. Por ese instante el tiempo pareció detenerse alrededor, dándonos un especio largo e íntimo en el mundo. Si antes había sido capaz de contemplar su mirada así de cerca, perderme en ella y desear salir de su inmensidad, ahora me arrepentía, no quería dejarla por nada: en ellos el brillo era un misterio encantador y enigmático, Kalai era un enigma y yo quería descubrir todos y cada uno de sus secretos.

Por mucho que él tratara de advertirme o me amenazara, yo sin duda quería descubrir su pasado, descifrar su razón de ser un Krang y la razón de por qué a pesar de ser un traidor seguía dentro de los propósitos del cielo.

Lo voy averiguar, por algo es que estoy a su lado y por algo es que no puedo alejarme de él.

En el momento en que el cuerpo de Eminen salió como un rayo hacia el cielo, Kalai saltó y cruzó por encima de la gran grieta, al aterrizar me dejó por primera vez con cuidado en el suelo. Busque a Eminen, él había aterrizado justo donde yo estaba hace segundos. Giro hacia nosotros y enfoco sus cetrinos antes de fruncir el ceño y volver a saltar.



Lizebeth Honny

#17 en Ciencia ficción
#200 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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