Krang (el corazón de Ares)

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Confusión

Las columnas de la recamara eran enormes, no podía deducir los metros de largura o anchura que tenía, pero si la forma en que nos cubría en cuatro paredes color marino. La noche era fría y el color rojizo apenas marcaba las blancas cortinas que cubrían la ventana, el invierno que cada vez más se acercaba y era inevitable no sentir su frialdad en nuestro entorno, lo único que nos mantenía cálidos era una llama de Kalai acomodada en una de las esquinas de la habitación, cerca de un escritorio negro con un viejo computador.

¿Qué lugar era este?

Aún estaba confundida como es que pasamos de estar dentro de una profunda cueva— que resultaba ser el lugar donde pasaríamos la noche—, a estar en una choza. La cosa es que todo había pasado de un momento a otro, que pensaba que esto resultaba ser una visión. Podría serlo porque algo más que recuerdo es que yo me recostaba junto a una hoguera caliente y al cerrar los ojos a la oscuridad, aparecí aquí. Pero todo parecía tan real y podía sentirlo tan vivo y colorido.

De pronto me sentí nerviosa. Kalai estaba sentado en el suelo de porcelana azulada, su espalda recargada contra la pared junto al armario y su cabeza hacia atrás, descansando en ella también. Se mantenía con sus ojos cerrados. Inevitablemente mis manos se juntaron, mis dedos se removieron unos contra otros, el calor me invadía y se apoderaba de mi piel por medio de la humedad, y eso que el clima que empezaba adherirse al entorno del exterior, era el frio invierno.

Con solo pensar en él, todo dentro de mí se descontrolaba. Mis instintos parecían inservibles cada que lo tenía cerca desde lo sucedido.

¿Y qué sucedió? No puedo recordarlo.

—Voy hacerlo— Susurré para mí, y eso también me confundió, pero no me detuve mis piernas se movieron y bajaron de una angosta cama, rodearon parte de esta pasando del librero al escritorio, cuando llegaron junto a su cuerpo, carraspee—. Tengo algo que pedirte.

Kalai infló su pecho, lo normal, y suspiro en unas frías palabras que erizaron mis velocidades:

—Busca a tu perro y pídeselo.

Mis entrañas se contrajeron, un sabor agridulce a causa de sus palabras se perdió en mi lengua. Debía acostumbrare a la grosura y espesor de su varonil voz, a lo que él en realidad ya era.

—Él no está aquí.

Entonces, ante mis palabras él extendió sus párpados y clavo sus zafiros en mis ojos. La frialdad con la que me miraba, llevo un nudo a la boca de mi estómago.

—No malinterpretes, aun si estuviera él no podría responderme, solo tú puedes.

Estiró una sonrisa, la hipocresía se adueñó de ese par de carnosos labios.

—Tú eres la que has malinterpretado...

Fruncí el ceño, estaba segura de sentir que mi mentón había temblado. Pensé en 7 movimientos y una fugaz escena de él y yo apareció, confundiéndose aún más con la realidad de la visión, pidiéndome hacerlo de inmediato.

—Déjame hacer 7 movimientos contigo, entonces si tú no haces nada aceptare que he malinterpretado.

Ladeó el rostro pero no dejo de recargar su cabeza contra la pared, bajo la mirada a mis desnudos pies, y luego se enderezó volviendo sus ojos en mí.

—Adelante...

Mi cuerpo tembló, trate de no tiritar en lo que tomaba valentía acortaba los últimos pasos, me ponía sobre mis rodillas y cruzaba una de mis piernas del otro lado de su cuerpo, hasta estar hincada sobre sus piernas. Kalai no hizo ni un mohín, mueca o gesto. Su respiración al tenerme así de cerca fue la misma de siempre.

—Uno.

—Esto será interesante.

Mordí mis labios, y titubee con el siguiente pasó, solo unos segundos perdure contemplando también su marca de Krang para elevar uno de mis brazos y que mi mano se ahuecara por debajo de su quijada y sobre su mejilla. Mis dedos tocaron su piel, las yemas se me estremecieron al sentir lo suave que él era con un simple toque, y lo que, todo de mí se dislocaba con esa simple sensación.

Sin dejar de mordisquear mi labio, deje que los dedos acariciar cariñosamente esa parte de su rostro mientras mis ojos observaban los suyos.

— ¿Dos?— arqueo una ceja, la burla frialdad apuñalo mi estómago.

—Aun no terminó ese movimiento— la voz me tembló, sus palabras y su frialdad me lastimaban. Mi mano se deslizo por encima de su frente y le apartó unos mechones oscurecidos para acariciarla, los dedos siguieron un camino hasta sus cejas y delinearon una de ellas, su forma tan singular y peluda.

Me encantaba como sus cejas se fruncían o se marcaban a pesar de que él utilizaba esos movimientos para su malicia.

Las yemas delinearon su puente y lóbulo de nariz, luego se dejaron caer sobre su par de carnosos labios carmesís, los cuales contemple con anhelo. Mi pulgar acaricio con más lentitud el superior y luego se adueñó del interior en tanto mi mente recordaba cuantas veces había besado esos labios.

Y cuantas otras veces anhelaba hacerlo.

—Dos...

Mis párpados cayeron solo un poco, perdiéndose al recuerdo de su sabor, y fui cortando centímetro por centímetro que nos alejaba uno del otro en tanto mis manos se ahuecaban en sus mejillas. Los lóbulos de nuestras narices rozaron y un suspiro se escapó de mi boca, brotando y cubriendo sus labios antes de que, sin perder tiempo, uniera nuestros labios en un dulce beso.



Lizebeth Honny

#18 en Ciencia ficción
#226 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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