Krang (el corazón de Ares)

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Adversidad

La noche nunca había sido mi enemiga como en ese momento, nos rodeaba a cada centímetro de nuestro entorno y lo único que nos mantenía seguros era que la luna se encontraba iluminando nuestras sombrías figuras acompañada de estrellas nubladas en su brillo. Estaba un tanto preocupada por Eminen a quien había perdido el rastro por completo y me preguntaba a donde se había ido a esconder de Kalai. En tan solo unos cuantos saltos de Kalai, nos alejamos más delo suficiente del oasis, fuimos rodeados de estructuras vacías, la mayor parte de los edificios, locales y otras construcciones estaban completas y se mantenían erigidas con una demolición insignificante en sus techos o paredes, el resto eran arrasamientos, restos de madera y piedra que llenaban los suelos y la tierra.

Explorábamos sus interiores, su primer piso, gran parte de su estructura interna era amenazante para nosotros, incitaban que con un fuerte viento o un terremoto se desvanecerían completamente. A pesar de la revisión que dábamos, no podía excluir mis pensamientos referentes a Kalai. De hecho, todo era referente a él con una inclinación imparable de curiosidades.

Sus garras, su sonrisa, su imponente mirada monstruosa, y que al final él resultaba ser un oráculo. Era tan curioso como el Todo poderoso hacia que las cosas sucedieran para cumplir su propósito con ayuda de los dioses, de una manera que no podía imaginarme.

Tanto tiempo había pasado desde que intente escaparme, y ahora sé el motivo por el que, pese que además de mi debilidad, no podía escapar de él. Todo eso se debía a nuestro destino, nuestro propósito, era fácil también reconocer que al estar a su lado despertó en mí una atracción anómala: con el tiempo parecía crecer más, cambiar y aumentar. Disminuir mi temor por él y mantener creciente esa curiosidad por saber por qué decidió ser lo que es ahora, era algo inaudito. Así como también era inaudito que por mis pensamientos se paseara la imagen de cuando deliberadamente le pedía hacer 7 movimientos, los cuales resultaban ser besos. Me ponía mucho más frustrada pensar que solo hacían falta dos días para ello.

¿Y qué quería conseguir con eso?, ¿por qué 7 movimientos?

Si algo estaba claro en mí, es que a pesar del interés y la atracción, yo no lo amaba. Parte de mí se negaba a caer en las garras de alguien como él, un Krang, y mientras esa parte de mis pensamientos me decían que tenía el derecho de elegir con quien estar, cosa que así podía ser, otra parte de mi decía que me pusiera a pensar más en ello, que no eligiera deliberadamente sin saber los hechos de su razón de ser. Estaba entre la espada y la pared: una muralla sin fin de la que no podía trepar, y una espada que terminaría atravesándome el corazón.

¿Cómo podría hacer que se arrepintiera de ser Krang?, ¿y si él no quiere dejar este camino, entonces qué sucederá? Oh dioses, necesito que me respondan, ¿por qué él si los odia?

Suelto un chillido como respuesta al traspié que termine haciendo después del inesperado tropezón en los peldaños que se mostraban frente a mí. No me había percatado hasta este momento de dos cosas: la primera era que mientras pensaba yo estaba siguiendo a Kalai; la segunda era la sencillez con la que delate mi ausencia la cual al encontrar su mirada observando desde un séptimo peldaño, hizo que la sangre hirviera solo en el recorrido de mi rostro.

Carraspee con torpeza antes de subir la escalinata iluminada por una llama de Kalai, nos llevaba a un templo con una armadura de techo de doble puente en el que sus péndolas de piedra gordas, redondeadas y marcadas estaban trozadas de sus lados. El peligro fue sentido por todo mi cuerpo cuando me estremecí, cuando Kalai dejo de subir peldaños y cuando llegue al final de la escalera de piedra.

No parecía del todo una estructura segura, a pesar de que la entrada se mantenía extendida hacia nosotros con sus inmensas puertas de madera tallada, y se dejaba ver un profundo interior en donde se guardaba un misterio.

— ¿Descansaremos ahí?

—Es lo más seguro hasta ahora— Respondió enseguida. El hueco de sus botas se escuchó pronto recorriendo esas tinieblas que, en segundos, fueron ahuyentadas por las llamas de Kalai iluminando hasta la última área de su interior. Le seguí en silencio, manteniéndome fuera de mi cabeza solo para dejar pasear la mirada sobre lo que se nos presentaba alrededor.

El espacio estaba siendo utilizado por estatuas de todos los tamaños, colores y formas. Una de ellas, la más cercana a mí, destacaba la silueta de un hombre sentado sobre una roca, mientras uno de sus brazos se mantenía sobre su rodilla, los nudillos de su mano se mantenían por debajo de su mentón: sus ojos eran algo indescriptible, un tema que cualquier pareja se pondría a discutir pues él parecía mirar al suelo, pero a la vez su mirada no estaba presente, más bien parecía perdida en sus pensamientos.

Mordí el interior de mi mejilla mientras recorría las demás estatuas, algunas de ellas estaban destrozadas, sus partes repartidas por el suelo así como todas las cenizas de su rocoso interior. Lance la mirada hacia una recepción incompleta, las bardas de aparente madera estaban acomodadas en forma circular, pero gran parte de ellas solo eran escombros. Había una silla tirada de espaldas, su respaldo y braceros llenos de polvo, y tenía rueditas, algo que no pude evitar fue que mis dedos se deslizaran e hicieran un movimiento sobre una de ellas para conseguir que esta girase, soltando un rechinido.



Lizebeth Honny

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Editado: 26.03.2018

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