Krang (el corazón de Ares)

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Explosivo

—Te daré diez segundos para decidir— Siseó pero con una respiración desnivelada, le faltaba el aire a pesar de su ronquera—. Que permanezcas a mi lado de mi manera, o que lo olvides— Soltó en un bajo gruñido que me erizo la piel, que logro que el escalofrió traspasara mis nervios. Sus labios rozaron nuevamente parte de mi cuello, los besos que fue dejando, lentos, y en los que su lengua saboreaba, mis sentidos amenazaron con explotar—. Uno...

Quería golpearme la cabeza para que mis neuronas se pusieran a procesar sus palabras, a pesar de que sus palabras habían oprimido a mi corazón, el calor seguía intacto, el placer hormigueando mi estómago pero con un frio torturando el revoloteo de las mariposas. Se me humedecieron los ojos a causa de esa opresión, a causa de que esos movimientos habían fallado después de todo y que él no había recordado nada de su razón de ser.

—Dos...

— ¿A tu...manera? — Gemí para no sollozar, las lágrimas que iniciaron su recorrido, varias de ellas terminaron cayendo por encima de su cabeza, desvaneciéndose en su cabello. Mis músculos a pesar de que sabían que debían alejarse, no se movieron. Y volví a sentir como sus labios se estiraban, él estaba sonriendo, otra vez, y mi mente, lo poco que de ella había podido controlar para pensar, aseguraba que sonreía con esa malicia, con esa falta de interés, lo cual terminaba lastimando.

—Puedo darte protección y alimento, hacer este tipo de placeres de los cuales deliraríamos por siempre, después de todo, eres la costilla que me hace falta—Mi corazón se sacudió debajo de mi pecho, volvió a besar, y no solo eso, sus dientes rozaron esa parte de mi piel: —. Tres...

— ¿Sin propósito?

— No voy a cumplir su propósito. Cuatro...

Mi llanto aumento, la garganta se contrajo en un sollozo ahogado, miraba ya el techo en busca de alguna respuesta, no quería fallarle a los dioses, porque en este momento estaba pensando en quedarme con él porque eso quería, y dejar a un lado el propósito, pero no podría ignorar el peso que cargarían mis hombros. La humanidad dependía de nosotros, y Kalai no quería hacerlo.

—Cinco.

Los nervios se avivaron con una desesperación que carcomía mis entrañas, apreté su cabello cuando él siguió besando, me odie por no querer deshacer nuestro abrazo, el momento por el que mi corazón enloquecía. Por la seguridad en su abrazo, por el hogar de su calor. Era despreciable.

—Seis...

Mis ojos se cerraron, cada musculo que me traicionaba sabia el sufrimiento de mi desgracia, de mi imprudencia, de mi traición. ¡Ayúdenme, ayúdenme por favor! Grite rasgando mis entrañas, todo mi rostro empezó a arder, cada musculo a contraerse, cada parte de mi cuerpo apretándose por la fuerza de mi ruego.

—Siete.

Sentí que el mundo se desboronaba a mí alrededor, que iba a perder algo que ya era parte de mí: él. Sentía quemarme en el infierno, sentía la espada delante de mí y la pared por detrás, los pensamientos eran una guerra mortal, no había nada claro, todo me traicionaba.

—Ocho.

—Neriem, acepta su trato y dale amor...

¿Aceptarlo?, Él no quiere cumplir el propósito, no quiere un bebe. Los sollozos desbordaban, no hallaba una salida, una luz que me guiara al camino correcto otra vez.

—Dale amor, Neriem, dale amor.

La voz me atormento repitiéndose una y otra vez en mis pensamientos, rompiendo en la largura de un eco aterrador que solo sus siguientes palabras lograron desaparecerlas.

—Nueve.

A tu... manera. Elijo a tu manera La fuerza me abandono cuando abrace su cabeza, la debilidad se fulmino en mis huesos y una culpa se agregó con sabores asquerosos en mi boca, aun a pesar de escuchar aquella voz femenina, todo de mí, todo lo que había aprendido me decía que estaba yendo en contra de los dioses, que esto no estaba de ninguna forma bien.

—Amor, solo eso hace falta, Neriem, el amor lo puede todo.

Y estaba desvaneciéndome otra vez, la cabeza dándome vueltas, la temperatura siendo el calor trazando cada pulgada de mi cuerpo. Kalai siguió con sus besos subiendo hasta mi mentón, ese instante en que sus zafiros se clavaron en mí con un oscuro brillo que logró a mis nervios temblequear mis huesos antes de que sus manos se deslizaran por mi espalda hasta la cintura. Cuando dejo que su enigmática mirada recorriera hasta mis labios, él sonrió, una sonrisa torcida que parecía estar tatuada a su rostro, una llena de satisfacción con mis palabras, orgullecida de su escalofriante maldad al conseguir que yo dijera lo que él buscaba.

Que dejara de lado el propósito y me uniera a él.

No quise verle, perderme en su mirada y que enloqueciera todo de mi otra vez, termine acurrucándome en su pecho, desvaneció mi cuerpo sobre el suyo, sobre su calor abrazador antes de que mis oídos se lastimaran con sus palabras porque él ya se había dado cuenta de que me deje caer en sus garras, de que de alguna forma no era solo atracción, había una chispa sentimental en mí y que eso fue suficiente para hundirme en el encanto de su oscuridad. Cerré los ojos, dejando que las lágrimas hicieran lo suyo que mi dolor fuera visible. Oblique a mis pensamientos a desaparecer, a que mis huesos dejaran de temblar y que todo de mi me abandonara, porque eso quería en ese instante, quería dejar el mundo, dormir y no recordar mis palabras al día siguiente.



Lizebeth Honny

#18 en Ciencia ficción
#224 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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