Krang (el corazón de Ares)

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Sacrificio

Kalai es el primero en actuar, su fortuito movimiento no pareció sorprenderla a ella pero si llamar su intensa al extender su sonrisa de oreja a oreja. Extendió un poco sus brazos, y en ese nanosegundo, su escalofriante mirada me escaneó.

Ni siquiera pude pensar, y menos articular alguna pregunta. Su inclinación evadió el agarre de Kalai, todo su cuerpo salió disparado con una velocidad que me aturdió. No iba en otra dirección que no fuera a la mía, sin embargo, tan rápido como había salido corriendo, fue tan rápido como Kalai se giró y la tomó de una de sus coletas.

Fue ese acto en el que un risa demasiado diabólica desbordo de sus labios mientras que con aquel jalón ella se torcía para Abrazarse al brazo dentro de Kalai, y también, ese momento en el que sus garras y dientes se tomaron en la piel negra de él, fue que sentí que mi pierna era abrazada por algo..., alguien.

Tirite, porque no era ella la única que soltaba esa risilla, y solo hacía falta bajar la cabeza, remover la mirada y dejar que el horror rasgara mis párpados. El niño se revolcaba una y otra vez contra mi pierna, sus brazos apretando desde mi muslo.

—Eres mi nuevo juguete.

Sus ojos amatistas trasquilaron cada nervio de mi cuerpo, la sonrisa que llevaba aunque cerrada, seguía produciendo los mismos síntomas que la niña.

— ¿Jugamos?

¿Qué significaba esto?, ¿por qué... Por qué hay niños Krangs?

Un gruñido me lleva de regreso a Kalai, estaba ileso, la niña no colgaba más de su brazo, y tan solo girar un poco más mi cabeza me hace encontrar el paradero de aquel cuerpo. La había lanzado contra unos escombros junto a un local, que con anterioridad apostarían a que eran parte del pedazo de pared que a esta le hacía falta.

Se levantó de entre el humo de polvo que su golpe había elevado, su sonrisa se había vuelto tibia cuando se revisó las extremidades y percato de que le hacía falta una. Sin embargo, al dar con la morada de Kalai, ella ladeó el rostro y remarco sus comisuras.

Ese hecho me trajo tantos recuerdos de Kalai, y como los Krang se parecían en su comportamiento, pero en Kalai había una gran diferencia de malicia.

Le faltaba un brazo, y no era más que el que colgaba del puño de Kalai, cuando menos me di cuenta él se lo lanzaba como un pedazo de carne que reboto delante de sus pies. De pronto, Kalai se acercó con imponentes pasos a mí, sus párpados abiertos y una mirada encendida cuando se clavó en el niño.

—Espera — Le detuve, moví como pude mi pierna y sentí la risa del niño ahogarse contra mi rodilla. Kalai me fulminó con severidad.

— ¿Vas adoptarlo?— Su pregunta tosca me abofeteo—. No tenemos tiempo para esto.

Cuando intento tomarlo del brazo, me moví obligando a mi pierna a ser la primera en apartarse de su agarre, aun así cuando aquellas garras se anclaban a mi pie.
Fruncí el ceño, no era el momento para que me quedara sin vez o pensamientos a las preguntas ya articuladas.

— ¿Qué son ellos?

Kalai gruñó, cuando me tomo del brazo para impedir que me alejara, aquella niña rugió mientras corría de vuelta a él. Fue tan rápido lo que le siguió, Kalai la tomó del cuello presenciando antes su movimiento, y la levantó apretando su agarre y tornando su mirada de Ira.

Mi corazón dio un vuelco cuando ella se quejó y su único brazo se arrimó sobre el de él, encajando sus garras y rasgando toda su piel hasta hacerla sangrar.

—!Dejala!— Solté con exasperación, acercándome para tomarlo, cuando volví a suplicar él me aparto en un brusco movimiento—. ¡Déjala, por favor!

— ¡Cállate! —Graznó. La forma en que empezó a apretarla, hizo que de aquellos pequeños labios se escupiera sangre azul, y esa piel enrojeciendo a su vez que sus garras se hundían cada vez más en la piel de Kalai quien no se quejaba.

Inesperadamente un barril de escalofríos cayó por todo mi cuerpo, y se arrastraron uno tras otros por mis huesos cuando un crujido le dobla la cabeza a la derecha y pierde su mirada en alguna parte de la ciudad. Su brazo resbala antes de que Kalai la soltara y fuera su cuerpo golpeando la empedrada calle.

La risa del niño broto, como si aquella escena le pareciera tan divertida, pero yo estaba en trance. Aunque esa inmovilidad hizo que cuando Kalai se girara y fulminará al niño en mi pierna, todo mi cuerpo respingara.

—Basta— Gruñó cuando me tomó del brazo al ver mi intención, sus palabras habían sido una amenaza. Sentí un fuerte estirón en mis músculos y unas garras rasgando la tela y mi piel, Kalai lo tomó de la cabeza y lo arrancó de mi pierna. Apreté los ojos y ahogue un chillido, no era por el dolor o por la sangre que manchaba mis jeans, sino por como Kalai apretaba esa cabeza con sus garras y aquel niño que pataleaba y cuyos brazos se sacudían para darle alcance y dañarlo, lanzaba alaridos mientras le exprimían el interior.

Mordí mi labio y me cubrí los oídos, quería echarme a correr porque sentía que todo lo que había visto me atormentaba, acalambrando mis huesos. La imagen de los niños, sus marcas y deformidades, mi mente trataba de no guiarse en sus muertes y hallar una posible explicación, una respuesta de por qué razón esos niños se habían sacrificado, por qué habían decidido ser Krangs. Jamás me había pasado por la mente que me tocaría ver algo horripilante como esto, que el caos fuera lo suficiente como para tomar también la vida de los inocentes y arrastrarlos a estos.



Lizebeth Honny

#15 en Ciencia ficción
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Editado: 26.03.2018

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