Krang (el corazón de Ares)

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Entrega

El calor pintaba mi piel de vergüenza, quería retirarle la mirada después de los primeros dos segundos, pero no podía, me tenía cautiva de su enigmática mirada. Estaba pensando en hacerlo, por supuesto que quería demostrarle a mi manera que lo quería, pero había aun tantas cosas que desconocía y tenía miedo de que fuera un desastre, no sabía cómo o qué debía de hacerle, y lo único que podía saber era como besarlo, tocarlo y el cómo unir nuestros cuerpos.

Lo primero que se me ocurrió, fue bajar de la extraña hielera en la que estaba encimada, y de ahí, nada más apareció iluminando mis pensamientos, quede seca y todo era a causa de la intensidad con la que me miraba, con la que sus zafiros me absorbían, como consumía todo de mí a cada segundo. Titubee con uno de mis pasos, mis dedos se deslizaron por todo su pecho, gozando con mis yemas su textura dura y caliente, sintiendo como él lentamente inflaba sus pectorales, y exhalaba. Su aliento apenas era una caricia para mi rostro, me enviaba al cielo.

—Pero a mi manera...—Sentí bochornos, aun cuando no tenía la camiseta puesta, el calor era verdaderamente repugnante, me hacía sudar, me apestaba incluso más de lo ya asimilado.

—Que sea a tu manera.

Inevitablemente mordí mi labio, me había dejado el paso libre a lo que fuera que mis pensamientos me guiaran, sin embargo, estaba vacía y con unos nervios anudando mis intestinos. Me preguntaba como iniciar, podría empezar por la ropa, ese sería un buen inicio. Empero a ese pensamiento, termine tomando sus hombros y poniéndome de puntitas, Kalai pareció saber mis intenciones y se dejó inclinar, tomando mí cintura desnuda antes de que, fuera yo la que uniera nuestros labios en un beso profundo. Saboree sus carnosos labios con esa misma lentitud en la que movíamos nuestras bocas, era un movimiento perfecto, lleno de sentimientos y emociones.

Repentinamente, sus labios golpearon los míos con más vigor que me hizo gemir, la majestuosidad con la que su lengua se adentraba al interior de la mía me dejo perdida, húmeda y grande, buscando despertar a la mía para hacerla suya, en cada movimiento despertando el abrigo de un calor placentero en mi vientre que poco a poco se avivaba con sensaciones que brincaban también en mi estómago con forma de bichos patudos y con largas alas, insectos que Kalai terminó amarrando cuando corto con el beso.

—Tú...—Soltó en un susurro, sorprendiéndome con un corto beso mientras le hallaba contemplándome con su preciosa mirada—, definitivamente no sabes cómo empezar, así que te ayudare.

Buscó mis manos, desconcertada vi como las llevaba hasta su cinturón y las dejaba sobre esa forma metálica y helada que le rodeaba toda la cadera y mantenía sus jeans firmes en esta.

—Desnúdame y haz con mi cuerpo lo que más te plazca.

Antes que eso, aun cuando me sentía más tímida y cohibida por el ronquido de sus palabras y sus preciosos ojos, me acerque a su pecho y bese su marca, mis manos se esparcieron por su abdomen, marcando cada musculo para grabar su estructura, luego volvieron a su cinturón y empezaron a deshacer su agarre que tan pronto lo deslice fuera de las trabillas, empecé a desabotonar y a bajar la cremallera. Tome los bordes, escuche el latir acelerado de mi corazón antes de que me tomara el valor para dejarlos caer, liberando ese par de piernas y pantorrillas marcadas, y unos boxers negros que ocultaban mi tortura.

Me sentí extrañamente sedienta, y demasiado ansiosa cuando recordé el dolor que había sentido cuando Kalai se unió en mí, y luego todo ese placer que corrió por mi interior hasta hacerme enloquecer. Mordisqueando mis labios, di una rápida mirada a Kalai, la vergüenza me apuñalo cuando lo descubrí tan interesado en mí: él también se mordía su labio inferior y estiraba una de sus comisuras con sensualidad. Las manos comenzaron a sudarme, pero mis dedos no se detuvieron, se deslizaron un poco en su interior, sobre esa piel más suave y saliente. Kalai soltó un jadeo inesperado, mis rodillas flaquearon como respuesta a eso.

Tomaron esa delgada prenda, y la bajaron hasta por encima de las botas de Kalai, mi cuerpo se estremeció con fuerza, tanto así que ahogue un gemido. Sentía la intensidad de su mirada quemando cada partícula de mi cuerpo, volviéndome ceniza, y me quede sin aliento.

— ¿Es todo?

Negué con la cabeza, mis manos tomaron mi pantalón y cuando estaba a punto de bajármelo, Kalai me detuvo. Su ceño estaba apretado un poco, sus ojos examinando mis jeans como si algo en ellos le desagradara completamente.

—Tendré que quemarlos.

Sus palabras hincaron en mí incertidumbre, y me hizo pestañar:

— ¿Por qué?

—Están manchados de tu sangre.

Examine la tela con incredulidad, y efectivamente había un trozo de tela en mi muslo rasgado mostrando parte de mi blanquecina piel. También, había encontrado rastros de sangre absorbida por la tela oscureciéndola a su vez

Como usualmente me sucedía tarde para que el recuerdo llegara a mí y me respondiera como había salido herida, el niño Krang que había abrazado mi pierna, cuando Kalai tiraba de su cabeza con el propósito de arrancarlo de mi cuerpo, sus garras rasgaba mi pierna.



Lizebeth Honny

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Editado: 26.03.2018

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