Krang (el corazón de Ares)

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Caída

Maldición.

Apretada contra su pecho, Kalai me tenía, sus brazos cruzados y sus manos apretando cada costado de mi cuerpo sin lastimarme. La cabeza me pulsaba de dolor de tan solo pensar en la escena en la que mi madre era maltratada, su grito al recibir el golpe y esa sonrisa escalofriante en sus rostros. Mis huesos se estremecieron, aun en mi angustia estaba agradecida de que antes de ver algo que me hiciera chillar con una profunda amargura por días y de que eso me atormentara por las imágenes que guardaría mi mente, Kalai me había sacado, con una de sus sacudidas y con su imponente voz que reventaba en tonalidades graves y roncas.

Oh dioses, que ellos no estén muertos. Rogué en mis entrañas, y como deseaba obtener una respuesta de ellos de inmediato que tranquilizara el temblor en mis ansiosos músculos por salir corriendo e ir en su búsqueda de regreso a mi estación.

—Vi como destruían...

—No es necesario que lo digas.

Aspire por la nariz antes de embarrar mi mejilla húmeda en su pectoral en el que estaba recostada, me imaginaba a que venían sus palabras, posiblemente él lo había visto, o tal vez, nuevamente se refería a que no le interesaba, ese pensamiento me estremeció.

— ¿Lo viste? — Mi voz salió como si hubiese tenido un témpano de hielo recorriendo mi espinilla. Le sentí inflar su pecho con fuerza, antes de exhalar una respuesta:

—Sí.

Sentí los dedos endurecidos y helados

—Desde que desperté en la cueva, me había preguntado por ellos, por lo que aconteció esa noche en que me apuñalaron—Sentí mis dedos endurecidos y a su vez un extraño cosquilleo recorriéndolos, y a causa de ello los empecé a mover, no sin antes mirar y observarlos con incertidumbre—. Quien diría que justo hoy tendría una visión del pasado, una de mi estación, por fin.

Solté un corto suspiro, nostálgica, contrayendo mi ceño, sintiendo de pronto un extraño e inquietante dolor en mi frente y aún más en uno de mis costados cuando me removí. El dolor se pulsaba a través de mi piel, no era insoportable pero aun así no era normal y me aparte del pecho de Kalai. Mis ojos examinaron su pecho antes de que fueran mis manos las que tomaran mi frente, y que, efectivamente con el toque, el dolor quemara esa parte de mi piel. Apreté los dientes y me queje, rápidamente recordando que en la mayoría de las visiones había salido lastimada, revise mi costado. Aunque no había ni una sola marca, mi mano paso por esa piel desnuda, marcando mis costillas izquierdas, el toque hizo que el dolor palpara de ese lado, aunque no era el suficiente como en mi frente, supuse que era a causa de que me había recuperado del primer golpe.

Deje caer el rostro, mis dedos dibujaron en el abdomen de Kalai. Estaba resistiendo a no sentirme enfurecida, a que mis pensamientos no llegaran más de lo que ya lo habían hecho en esos instantes, era la conmoción y frustración llenándome la cabeza de que Kalai tenía toda la razón, y los dioses también me habían traicionado, pero sobretodo, crecía en mi interior más ese odio hacia los Krangs. Sabía por mucho que me costara y por todo lo que hasta entonces había visto, que eso no era cierto, que todo era a causa de la maldad que culminaba este mundo, y que los errores de ellos por elección a su libre albedrío, llegaban a inocentes.

Tenía que ser fuerte y confiar, tal como dijo Atenea, la razón por la que fuimos elegidos es porque somos el equilibrio entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, de todo esto había algo que me desorientaba de mi misma, y era que no lloraba como imaginaba que sería el día en que mis padres o mis seres queridos dejaran la tierra, que no gritaba o que con la desesperación actuara para escapar cuanto antes y volver, tal vez era porque una parte de mí a pesar de todo remarcaba que ellos no estaban muertos, creían en ese pensar, en esa posibilidad.

¿Podría ser cierta? Y de ser así, ¿es por eso que me siento de esta forma?

—Gracias—Busque su mirada, quede intrigada a la pequeña arruga que producía su ceño en tanto sus ojos me miraban con esa fascinante profundidad. Me acerque, llevado mi mano y deslizando mis dedos por su mejilla, le bese los labios—, por sacarme justo a tiempo.

Volví a recostarme en su pecho, contemplando nuestro silencio, de alguna manera, estar abrazada a Kalai era mi consolación, me sentía protegida, se sentía la tranquilidad. Mi cuerpo sentía esa relajación en cada fibra que les componía.

—Deberías odias a tus dioses—Su comentario me desconcertó, mi mente trabajó, tomando en cuenta sus palabras que se referían a lo que había visto. Debía enojarme con ellos por la maldad que se desataba sin final, en lo profundo de mí, esas palabras rebotaban, pero solo rebotaban, nada afectaba mis sentidos por la resistencia que tenía, por la confianza de que todo era con un fin, y ese era que yo llegara a Kalai, y Kalai llegara a mí.

Cierto.

—No los odiare, tu tampoco deberías, después de todo ellos nos unieron.

Su pecho dejó de inflarse al ser sus pulmones incapaces de arrastrar oxígeno, note al instante esa rigidez muscular y como sus garras se apretaban un poco más a la piel de mi cuerpo en su deforme abrazo. Me sentí inmediatamente confundida, pensando en que tal vez había hecho mal en decir aquellas palabras, y me deje llevar por el momento, por lo que sentía.



Lizebeth Honny

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#182 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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