Krang (el corazón de Ares)

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Confirmación

La sorpresa rasgó mis parpados, la emoción de que estuviera físicamente delante de mis ojos, vivo y salúdame, quiso invadirme el cuerpo y el estomagó de cosquillas, pero mi razón reconoció que ese no era el momento adecuado, sobretodo mi sangre que, por lo que ocurría delante de nuestros ojos, empezaba a drenarse de mi cuerpo.

— ¡Maldito oráculo! Serás sin duda al primero que devore—Gruñó ella, su voz rompiendo en un eco escalofriante que el viento era capaz de llevarse. Doeg dio un paso más al frente cuando ella a una velocidad se arrastró. Otro par de disparos, y ella es lo suficientemente sutil para evadirlos.

De pronto soy consciente que no se volverá a detener o a caer en lo mismo, también, de que son sus ojos los que solo van enfurecidos sobre Doeg, con esa intención de devorarlo. El horror se apoderó de mi cuerpo, rápidamente mis piernas se movieron y mis brazos se estiraban a él cuando la serpiente desde la tierra se impulsó sobre el viento, saltando a la nada y estirando su cuerpo en una forma arqueada en la que dejara abrir su boca y mostrara todos esos colmillos que me dieron motivo para palidecer lo suficiente.

— ¡Doeg! — Chille, nos empuje a él y a mí hacia uno de los costados donde nuestros cuerpos chocaron uno con el otro durante las rotadas que dábamos sobre el suelo, le sentí rodearme la cintura con un brazo al igual que escuche sus quejidos. Al instante en que paramos junto a una gran roca del tamaño del cuerpo de Doeg, sin demorarme le arrebatándole el arma y me levante de golpe.

Lo que planeó mi mente hacer sería gritarle a ella que se detuviera, y disparar aun sabiendo que no lo haría, pero para mi asombro, lo que, inesperadamente, termino por tirar a la borda mi plan, fue su aparición.

Su tamaño era pequeño, demasiado a comparación de la serpiente negra, pero la sutileza con la que se arrastraba y la golpeaba para alejarla de nosotros, era impresionante. Sin embargo, mi impresión cayó por los suelos cuando Aretta deslizo su cola por la verdosa piel de Eminen y lo apretó del cuello en una forma también que terminara azotándolo contra una montaña de escombros.

Quede en shock temporal, me pregunte cómo es que Eminen había llegado a parar con nosotros justo a tiempo, y no había una explicación más que el que él nos estuviese siguiendo todo este tiempo, a ocultas y en silencio.

¿Así había sido?, ¿por qué?, ¿no le dije que era libre, y que si se quedaba estaba en peligro?

— ¿Pero qué crees que haces pequeñín, acaso quieres perder tu patética vida?

Mi mente trabajo de dos formas distintas, una era que tomara a Doeg y escapáramos, la segunda opción era disparar para proteger a Eminen quien, no tardo de levantarse entre los escombros y, acompañado de la nube de polvo que le cubría el cuerpo, siseara a ella:

—Con mi ama Neriem no te metas, Art.

— ¿Tu ama?— Aquel par de ojos amatistas me fulminaron un instante antes de que desde ese arrebatador cuerpo zarpara una escalofriante risa—. No puedo creerlo, ¿es un chiste, verdad, Em?

—Vamos, escapemos— el arma me fue arrebatada, y la mano de Doeg rodeando mi muñeca me hizo respingar, gire fuera de la escena que se desataba entre aquellas serpientes y, sus avellanas se encontraron reparando mi rostro.

Pestañe, atisbe su agarre solo por ese segundo antes de que nos encontráramos corriendo lejos de la escena, del peligro, de aquellas serpientes cuyas raíces resultaban ser las mismas: lo que me había dejado un poco desconcertante fue la manera en que se llamaban

Doeg me llevaba hacia un lugar desconocido de entre las rocas, y parecía querer encontrar una salida de todas estas ruinas que rodeaban nuestro entorno por la forma en que removía su rostro y revisaba los alrededores.

Estaba emocionada de encontrarlo con vida, y por ese momento tal vez feliz de sentir su calor por primera vez, haciéndome recordar la última vez que le vi, que resultaba ser en la visión donde Ruth murió. El remordimiento del recuerdo me oprimió el pecho, esa sin duda había sido la primera vez en que lo vi sufrir demasiado, perder al amor de su vida, sentimiento tormentoso que no del todo podía entender.

Algo más importante tomaba posición en mis pensamientos, arrebatándole el encuentro de Doeg, y solo fue cuestión de tiempo para que, al voltear hacia mi derecha donde la tierra demostraba una vista desértica y donde las montañas apenas dejaban ver sus sombras en la lejanía, lo encontrará.

Estaban ahí, Kalai estrujando el cuello de Isca, su alrededor llenó de agujeros de arena que aseguraba y habían sido creados por sus peleas. Estaban quietos. Kalai parecía estar hablando, amenazando a Isca sin apretarlo más del cuello.

Instintivamente, sacudí nuestro agarre, y liberándome, busque el arma en su mano cuando él volteó a verme buscando una explicación de mi comportamiento.

—Vete— ordene, el pecho se me oprimió.

— ¿A dónde vas? —Quiso saber al detenerme del brazo nuevamente. Sus avellanas aletearon, él estaba agitado y demasiado confundido. Mire sobre mi hombro una vez más a Kalai, y luego, con la desesperación de ir tras él aun cuando Isca era el que parecía perder la pelea, volví a ver a Doeg.



Lizebeth Honny

#16 en Ciencia ficción
#189 en Fantasía

Editado: 26.03.2018

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