La amante

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CAPITULO 8. Un movimiento, golondrina y un gran nombre

Existen noches en las que es imposible dormir, el clima no favorece, la almohada esta muy dura, la cobija muy delgada o la cama no se siente igual, o tal ves nada de eso, lo mas probable es que se trate de pensamientos que giran en la mente como oleadas inevitables de recuerdos, de anécdotas o de situaciones idealizadas que nos sacan lagrimas o sonrisas, o las dos al tiempo. Noches de luna gris, les llamo yo.

A Sara le sobrevinieron muchas noches de luna gris desde aquel día, cientos de vueltas en la cama acompañadas de recuerdos, en su mayoría del des fortunio momento que vivió con su esposo por el embarazo; pero una pequeña parte de los pensamientos que la atormentaban, se trataba de esos ojos negros que no pudo dejar de mirar, aquel hombre atrayente e intimidante que no volvió a ver.

Los meses corrieron y la panza se asomó, el embarazo fue bastante llevadero teniendo en cuenta que pocas palabras cruzaba con el padre del bebe, en varias ocasiones solo el saludo al levantarse y la despedida al acostarse, él caía profundo en sueños, mientras ella se la pasaba la mayor parte de la noche pensando y girando. Muchas lunas grises.

Una tarde típica de esta calurosa ciudad, en la que hasta los arboles se percibían sedientos y acalorados, no movían ninguna de sus hojas y sus verdes eran opacos; Julián sintió lo que fue el primer movimiento del bebe, percibido desde la mano sobre el vientre, en el momento en que recorría el cuerpo de su esposa, llenándola de besos húmedos, los dos llevados por el deseo y olvidando las diferencias.  Los ojos del joven se abrieron en par, y el encuentro se detuvo por un momento, una sonrisa se esbozo en la cara de sara, mientras que el corazón de él latía más rápido de lo normal, algo dentro de si se conectó y sintió amar a lo que se gestaba dentro de ella.

El encuentro termino, no fue tan rápido como en las ocasiones anteriores, pero no fue así siempre, solo desde la noticia; esta vez hubo mas amor para dar y para sentir, y eso en definitiva mejoro la situación. Permanecieron en la cama hasta anochecer, tonteando como solían hacerlo, viendo series y comiendo; sara se durmió primero y él vigilo sus sueños, ella durmió profunda toda la noche, la luna ahora era mas plata, y para él, ella seguía durmiendo como siempre.

La cita del quinto mes estaba próxima, sin embargo, ella no se sentía cómoda aún con la idea de ir con él, pues, aunque se hablaran más que antes, y pareciera que todo fluía, dentro de sí, algo murió con respecto a su esposo, algo que agrandaría la brecha de la distancia, peligrosa en cualquier relación, mas aún en un matrimonio.

Y decidió asistir sola, no era egoísmo ni orgullo, es que este embarazo por muchos aspectos era solo de ella, así que para que molestarse tratando de aligerar cargas.

-Sigamos como estamos – se dijo para sí, mientras caminaba hasta el consultorio desde donde fue llamada.

-Hola sara, ¿Cómo has estado?

Le saludo el perinatólogo que le había atendido desde el tercer mes, por sugerencia de su compañera de colegio, para quien el bebe, se encontraba un poco estancado en el crecimiento, algo muy relevante para el tiempo de gestación

-Bien, gracias.

Sara le sonrió y tomo asiento, ya sabia como era la dinámica de la consulta, le hacían preguntas sobre cómo se estuvo siendo, conversaban sobre los cambios que podría sentir y pasaban a la camilla donde analizaban más minuciosamente cada rasgo posible del bebe.

-Al parecer, es una niña- le soltó sin más a sara.

- ¿Enserio? – ella sintió como su corazón se lleno de una particular emoción que hacia mucho no disfrutaba, agradeció haber asistido sola, y haber disfrutado del momento que esta viviendo, sin caras largas ni comentarios inoportunos, solo ella y su pequeña hija -Ainara.

- ¿Ai, que?

-Ainara

-Lo tenías pensado ya.

-No, no. Lo ley hace un tiempo en una revista, hablaba sobre nombres inspirados en la naturaleza, y como Ainara significaba golondrina en vasco.

- Es un nombre precioso, ya puedes empezar a llamarla así, se ira familiarizando con él.

El examen había terminado entre la charla y el hermoso momento, ella no dejaba de sonreír, recibió las ultimas indicaciones sobre el descanso que debería tener por la posición del bebe y el descenso del cuello, y salió del consultorio.

Camino hasta el auto, se sentó en el y lloro, pero esta vez las lagrimas eran llenas de sonrisas, acariciaba su panza y le llamaba por su nombre.

-Ainara, serás tan grande, mas que mamá y por supuesto que papá- negó con la cabeza y corrigió- claro que tu papá te ama y los dos anhelamos tenerte en nuestras vidas y por supuesto que tendrás que respetarlo.



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En el texto hay: traiciones, sexo, amor

Editado: 20.08.2019

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