La amante

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CAPITULO 16. Sale a la luz 

El tiempo transcurre igual de un día o del otro, lo que en ocasiones nos hace percibir una aceleración o detención del mismo es solo el sentimiento que lo rodee, en este caso, un mes para Sara fue un verdadero suplicio, sus días eran casi de 40 horas y las semanas de 12 días, no había forma de distraerse en casa cuando ya la rutina que ella misma implemento, funcionaba a cabalidad, nada se salía de horario.  

Un mes en el cual no vio a Lorena, tuvo la grandiosa oportunidad de capacitarla en mercadeo y marketing digital y esa fue la excusa perfecta para suspender por esos días el tener que enfrentarla, sin afrontarla.  

Para completar, Enzo brillaba por su ausencia, no había flores, ni mensajes que  le enviaba luego de su encuentro medio-sexual, ni siquiera las galletas de coco que solía dejarle sobre las sillas del garaje, las mismas que Julián un día encontró y que ella supo excusarlas con las señoras extranjeras que las vendían para sostenerse, total para esta época era muy común encontrar este tipo de comercio en la ciudad,  en las calles, avenidas, semáforos y más aún puerta a puerta. 

No era que extrañara en si a el hombre, pero si tenía un vacío en el estómago como cuando se emociona por algo y las cosas de repente se derrumban, no hubo más de la magia que ella imagino tener, ni de la planeada venganza, lo que la llevaba a diario a pensar si debió afrontar la situación, la cual ahora si pareciera que le doliera. 

- ¿Que inquieta tu alma? Sara- se preguntó frente al espejo. 

Torcía la boca de lado en lado mientras minuciosamente investigaba su rostro para detectar alguna imperfección, tomo el jabón y lo aplico en su mano, para luego esparcirlo por el rostro, cerro los ojos y se acercó hasta la llave del lavamanos para retirar la espuma. 

-Lo que te inquieta es pensar que me olvide de ti.  

Sin tiempo para deducir, Sara abrió los ojos llenándolos del producto y sintiendo de inmediato el ardor en ellos, ahora menos podría ver quien le hablaba, aunque en el fondo, el olor y la voz la reconocía perfectamente. Él se acercó a ella y ayudo a quitarle el jabón, tomo la toalla de mano y se la acerco para secarle el rostro, la joven parpadeaba constantemente tratando de aliviar el ardor molesto, un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, él continuaba limpiándole. Sara por fin pudo verle de nuevo, mientras la euforia recorrió su cuerpo, llevaba días anhelando verlo.  

Fueron varios los minutos que duraron mirándose, hasta el momento en que él paso su mano suavemente por su mejilla y ella por fin encontró la valentía para besarlo, tanto y tan fuerte como lo estuvo planeando todo el tiempo de su ausencia, en su mente los cálculos fueron claros, Julián tardaría aun unos 30 minutos más en volver de casa de su abuela, tiempo suficiente para desenfrenarse con Enzo. 

En un impulso de deseo le tomo de la mano y lo llevo hasta la habitación que un día compartió con su esposo, cerró a puerta y el calor del cuerpo le recorría quemándole las entrañas de absoluta pasión, Enzo le miraba coqueto mientras sonreía con la malicia que desbordaba en ella mil huracanes.  

De nuevo solo podían mirarse, mientras la humedad de su interior deseaba ser penetrada. 

 

- ¿Quieres? 

-Tenemos 30 minutos 

-No necesito más. 

 

La tomo del cuello mientras la acerco hasta la pared, en un ángulo perfecto para que se pudieran observar desde el espejo que estaba sobre el tocador, comenzó a besarla con suavidad y ella misma intensifico el momento, él aun con la mano en el cuello apretaba a medida que ella le besaba y eso le mojaba más, como pudo se deshizo de la camisa y él hizo lo mismo, todo mientras sus labios volvían a unirse, no soportaban separarlos, las manos de ella recorrían todo lo que podrían tocar en el momento, con el firme deseo de recordarlo si no volviera a tenerlo. 

Él mantenía la mano en el cuello mientras la otra solo apretaba y palpaba la nalga izquierda de ella, sus ojos destellaban furia y sus labios saboreaban el fuego que entre los dos encendían.  

 

Como imaginar que esperar tanto algo haría que acabara tan pronto. En la cama,el encuentro solo fue penetrar el deseo para culminar la pasión. 

 

El timbre de la casa les puso en pie de inmediato, Sara miro a Enzo con la palidez del blanco en sus mejillas, tenía miedo y su estómago se lo hacía saber de la forma más cruel que el dolor pudiera causarle, él se vestía rápidamente, pero con la sonrisa en el rostro, esa que denotaba la malicia de su ser. 

- ¿Tienes idea quién es?  

 Se lo pensó un poco 

-No puede ser Julián, es muy pronto para que haya regresado. 

- ¿alguien más?, ¿Berta? 

-No, ella vino ya en la mañana, además tenía revisión médica su esposo  



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En el texto hay: traiciones, sexo, amor

Editado: 20.08.2019

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