La asesina de san Agustín

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3- Moja como la lluvia

Lo único incomodo de este pueblo aparte de su gente es el cambiante clima, unos días cálidos y otros como hoy que el cielo parecía caer sobre nuestras cabezas a causa de la intensa lluvia, no era malo cuando es domingo y no tienes nada que hacer aparte de la tarea, pero cuando debes salir e ir a clases para dar una prueba de matemáticas es molesto.

- ¿por favor dime que estudiaste esta vez? – dijo Alan a mi lado.

Él es mi compañero de asiento en la sala y por lo que pude notar su actitud radiante volvió de forma perfecta.

- no – me limite a decir y hojee el cuaderno en blanco de matemáticas.

- te odio – no hablaba en serio. Si, suele molestarse, pero de odiarme lo sabría.

Las matemáticas fueron mi segunda razón para causar desagrado y envidia de la mala en mi contra. Yo no pedí entender a los números como si los respirara mientras que el resto de la clase sufría, yo me relajaba. Es en lo único que destaco, el resto soy inútil.

El profesor con barriga y una mota de cabello blanco sobre su cabeza, expresión amargada hizo su entrada y sin demora repartió las pruebas con diversos ejercicios de álgebra.

Escuche a varios de mis compañeros gemir de agonía.

Ignorando sus quejas me concentre en los números en el papel, una vez mi lápiz trazo la primera línea no se detuvo hasta haber acabado.

Veinte minutos me tarde en dar por acabada mi prueba. Con nerviosismo me levante y camine hacia el profesor quien me fulmino con sus ojos cansados cuando hice entrega de mi hoja de examen.

Con la vista en el suelo abandone el salón. Como agradecía que la política de este establecimiento te permitirá abandonar la sala cuando acabas un examen para asegurarse de no interrumpir a tus compañeros o soplarles las respuestas.

El aire húmedo e impregnado a tierra mojada me recibió y se sintió agradable.

El colegio esta compuesto de dos plantas y alargado, con una cancha de cemento al frente, un gran comedor, auditorio, biblioteca y las oficinas del director y profesores.

Deduje que en otra media hora saldría algún compañero con cara de derrotado.

Disfrute el clima húmedo. Emprendí rumbo hacia el auditorio que se encontraba como siempre, vacío y silencioso, igual que yo. Me acerque al escenario negro y senté en el borde contemplando los asientos de un azul oscuro.

La puerta se abrió con brusquedad interrumpiendo el silencio. Alan hizo su entrada con rapidez tomando asiento junto a mí.

- no estudie – dijo Alan rompiendo el silencio – no logre concentrarme – tenía su cabeza gacha y su rostro lucia decaído.

- ¿porque no pudiste? – había momentos, como ahora en que podía leer a una persona. Podía ver lo que el esperaban de mí y en este momento él quería hablar, pero no lo aria a menos que se lo preguntara primero.

- las acciones de Baron, el día de mi cumpleaños...sus palabras me confundieron - suspiro y recostó en el suelo, con la vista clavada en el techo.

- como sabes él y mi hermano se criaron juntos, Baron solía ser otro hermano para mí, fue quien me acompaño en el funeral, quien me sostuvo mientras lloraba, me ayudo a ponerme de pie luego de la pena. Un día se fue a la ciudad por un año, no llamo y cuando volvió lo hizo con Sasha a su lado. Su traición me rompió en mil pedazos.

El silencio volvió a inundar el lugar. Alan parecía perdido en sus recuerdos. Trate de imaginarlo, ponerme en sus zapatos y sentir lo mismo que él, pero todo esfuerzo fue interrumpido por mis propios tormentos.

- él dijo...que desconozco lo que él sabe – clavo sus ojos verde oscuros en los míos café claro – Oliver, ¿qué pasa si mi hermano no es el santo que yo pensaba y trato de lastimar a Sasha?

Suspire. Aparte la mirada y cruce de piernas.

- pregunta, solo Baron y Sasha te pueden aclarar tus dudad.

- no puedo – cerro los ojos y puso un brazo cubriendo su cara.

- ¿qué te lo impide?

- todo – lo observe con atención, no había rastro del sol en este auditorio, la lluvia hoy no le daría tregua e impediría su aparición.

- solo estas dejando que el miedo te paralice y confirmar que tus sospechas son reales – el quito el brazo y me vio – no te preocupes, a todos nos aterra enfrentarnos a la verdad.

- para ser un chico sombrío y callado cuando hablas lo haces como yoda, soltando un montón de mierda sabia.

- ¿quién dijo que no se aprende nada de las películas? – golpeo mi hombro con suavidad.



Veritao

#2898 en Novela romántica

En el texto hay: drama, primeramor

Editado: 04.05.2019

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