La bella y la bestia, detrás de la rosa.

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Destino

 

Adam y Rosa traspasaron las rejas del castillo, sin aliento y con la adrenalina corriendo por sus venas.

Después de un rato la bruja Elphaba los siguió, en cambio a ellos la bruja lucia un rostro inexpresivo aunque tenso, llevaba algo presionado entre sus manos.

Rosa la miro con preocupación.

-Elphaba ¿Qué sucedió? – pregunto Adam.

-Vámonos - fue la respuesta de la bruja.

Llegaron hasta su cabaña, Rosa se sentó en una silla descolorida y Adam se agacho junto a ella.

Abrió la pequeña caja roja que llevaba dentro su más preciado tesoro. El corazón era de un rojo oscuro, Adam se dio cuenta de que un poco más en la caja y se hubiese reducido a cenizas.

-¿Estas lista? – preguntó la bestia sacando el corazón.

Ella asintió y él presionó el corazón dentro de su pecho. El aire no logro llegar a sus pulmones por unos segundos, ¿o fueron minutos? ¿Horas?

Cuando al fin logro inhalar una bocanada de aire se dio cuenta de que se encontraba entre los brazos de Adam, había caído de rodillas.

-Rosa ¿estás bien? – lucía preocupado.

Ella asintió de nuevo, sentía dolor en el pecho, pero también un gran alivio, se sentía competa.

Le sonrió y la bestia respiro de nuevo, una enorme sonrisa también adorno su rostro.

Adam la dejo un momento en la silla, a pesar de que cada centímetro de su cuerpo le exigía quedarse con ella, tomarla en brazos y jamás soltarla.

Se acercó a Elphaba quien se había tumbado en una mecedora. Tenía la cabeza gacha y sus manos apretaban algo fuertemente sobre su pecho.

-Elpha dime que sucede.

Ella lo miró, el diamante de sus ojos se había ido, ya no chispeaban, eran tan oscuros como dos pozos sin fondo.

-Elpha.

Adam tomó sus manos con temor y se horrorizo al ver el corazón de la bruja latiendo entre sus manos.

-No, Elpha ¿Qué has hecho? - soltó Adam desesperado. 

-No puedo más Adam, lo intente, pero...

-No, no, Elpha, tu puedes, puedes luchar, lo devolveré y...

-No Adam, estoy cansada de luchar contra el dolor, no puedo más. No quiero. Realmente, estoy mejor sin él.

Adam pasó las siguientes semanas tratando de convencerla de devolver su corazón a su lugar pero la bruja siempre le repetía lo mismo, un rotundo no.

Rosa y Adam partieron, Adam con una pesada carga y con un nuevo deber, devolver el corazón de Elphaba a su lugar. No sabía cómo, pero lo haría.

-Debemos destruir a Rumpelstiltskin – dijo Rosa.

-Sí, lo sé- lo había estado discutiendo, planeando, pero habían llegado a la conclusión de que aun no era el momento apropiado.

-Pero por ahora...

-¿Por ahora?

Rosa lo miro tristeza.

-Lo lamento Adam.

-¿Qué? – el aire de nuevo faltó en el pecho de Adam.

-Tengo que liberar a mi pueblo.

-Lo haremos, lo haremos juntos.

-Debo hacer esto sola. Pero nos encontraremos de nuevo, cuando sea el momento.

-No, Rosa ¿de qué hablas? Debemos estar juntos.

-No Adam, lo nuestro no... jamás estuvo destinado a ser. - soltó la bruja con tristeza. 

-Claro que si, Rosa se que te defraude y que... tuviste que sufrir tanto por mi culpa pero...

-No Adam, fue como debía ser, te amo, pero... tenemos que seguir adelante, cada uno por su cuenta.

-No. - rogó la bestia. 

Adam estaba a punto de arrodillarse, de pedirle que no lo dejara, de suplicar su perdón, su misericordia pero la mirada de Rosa lo detuvo. Ella estaba decidida. Y su corazón se rompió.

-Rosa... - sollozo.

-Adiós Adam.

La bruja levantó su vestido dejando ver un par de zapatillas plateadas, chocó tres veces sus talones y desapareció en un pequeño tornado.

La bestia estiro sus enormes garras pero la bruja se había ido.

 

 

 

*********

 

Adam pasó los años siguientes buscándola, buscando a su preciosa Rosa, debía estar en algún lado, debía haber dejado alguna pista.

Encontró una, al fin, una bruja había asesinado a un rey, salvando así a su pueblo esclavo, él ya había estado ahí, en el pueblo de Rosa pero no había encontrado nada, ahora se dirigía de nuevo...

La bruja se había hecho pasar por una simple dama de alcurnia y había enamorado al rey de Rannma, se había casado con él y en la noche de bodas había asesinado al hombre a sangre fría. Ahora, era una reina aun masa temida que el antiguo rey. La reina malvada, le llamaban. 

Si, no había dudas, era ella. Y al fin... la encontraría.

El barco se mecía suavemente, el fingía leer un periódico, detestaba las miradas de las personas puestas en él, hacía años que había decidido ya no verse como ese caballero tan parecido a Stiltskin, hacia mucho que su condición de Campuran en lugar de avergonzarlo lo enorgullecía pero aun así, detestaba las miradas y los dedos señalándolo.

Pero esta era diferente.



Frann Gold

Editado: 17.09.2019

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