La bella y la bestia, detrás de la rosa.

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Aprendices

 

-¿Por qué te interesa Adam? – pregunto el mago con su fría voz.

-Porque, ha pasado por mucho para llegar aquí, lo menos que puedes hacer es...

-¿Tienes idea de cuantas personas me han pedido que les enseñe? No puedo perder mi tiempo con cada niña que viene a...

-Ella tiene magia, además hay una profecía y...

-Todo esto es estúpido, no me convencerás de nada.

El mago comenzó su camino hacia el ala oeste pero la bestia más velos y más ágil que nunca se coloco frente a él.

-Jamás te he pedido nada Rumple.

Ahí estaba, el brillo de nuevo.

-Bien, déjala que se quede, que comience por los libros que tú has leído ya.

-Espera, ¿será tu aprendiz o la mía?

-No comenzare de nuevo Adam, cuando este lista mándala conmigo, mientras siga siendo una simple aldeana, será tu responsabilidad.

Adam sonrió con alegría, orgullo y un extraño calor en su pecho, pensando que, tal vez, Rumple lo apreciaba de la misma manera que él al mago.

Pero Rumpelstiltskin sonrió también, por un motivo muy diferente, mucho más macabro.

Adam le contó a Rosa la decisión de Rumple y la chica aunque un poco decepcionada acepto gustosa. Se levanto de la cama a la que la bestia la había confinado hasta que se recuperase totalmente y comenzó a correr por la habitación.

-¿Qué debo hacer primero?

-Primero... leer.

-Leer.

-Sí, yo pase el primer año solo leyendo, lo siento pero...

-Adoro leer.

-¿Ah si?

-Sí.

-Entonces vamos a la biblioteca.

-¿Tienen biblioteca? – soltó la chica sorprendida.

-Sí, una enorme.

La bestia la encamino hacia esta, la chica observaba el castillo impresionada, era esplendido y lleno de magia por doquier, estaba segura de eso.

Cuando las enormes puertas de la sala llena de libros se postraron ante ellos Rosa ahogo un suspiro, la bestia abrió la puerta y... en retrospectiva, se podría decir que fue en ese instante en el cual se enamoro de ella.

Sus ojos brillaron con tanta intensidad que Adam no supo como logro quitar los suyos de la chica. Su sonrisa era la de un ángel, saltaba de aquí para allá como una niña pequeña viendo los tomos, acariciando los libros como si de un amante secreto se tratara.

-Esto es lo más hermoso que he visto en mi vida. – dijo Rosa sorprendida y absolutamente feliz.

-Estoy de acuerdo – dijo Adam aunque su mirada no abandono su rostro en lo absoluto.

Rosa quien adoraba leer, leyó mas de los libros que Adam había leído en un año en solo meses, Adam estaba orgulloso y se la pasaba hablando de ella a Stiltskin cada que podía.

-Está bien – dijo un buen día el mago – tráela ante mí.

La bestia se puso más que nervioso, llego hasta la habitación de la chica y toco un par de veces.

Ella salió en un vestido rosa y el cabello suelto en su espalda.

-¿Si? Adam.

-Al fin, Rumpelstiltskin ha aceptado verte, al fin te enseñara magia.

Rosa abrió mucho los ojos, sonrió sin mirar nada en particular y abrazo a Adam.

Él no supo qué hacer por un segundo y después de que pasara la envolvió entre sus enormes brazos también.

-Adam, ¿crees que estoy lista?

-Por supuesto que lo estas.

-Tú ya sabes algo de magia, crees que puedes...

-No sé mucho, la verdad es que la magia para los Animales es algo más complicada que para los humanos.

-He escuchado que si la magia no corre por tus venas es imposible...

-Soy un Campuran, la magia corre por mis venas.

-Muéstrame – le pidió la chica con una enorme sonrisa.

-Sabes lo que él...

-Pero ahora me enseñara también, ahora yo haré magia también.

Rumpelstiltskin tenía una regla, no habría magia frente a la chica hasta que ella aprendiera a hacerla también por lo que Adam jamás se había atrevido a mostrarle.

-De acuerdo – soltó encantado con la sonrisa que le dedicaba.

Al lado de la cama de Rosa estaba el juego de té que había llevado para acompañar con su lectura.

Adam arrugo su rostro, incluso ronroneo un poco y después de unos segundos en los cuales ninguno había tomado aliento la pequeña taza comenzó a saltar derramando el té que llevaba en su interior.

Rosa salto de alegría, Adam hizo bailar a la pequeña taza en la bandeja de plata durante un rato hasta que todo el té desapareció.

-Oh Adam, eso fue increíble, no puedo esperar para aprender también yo.

-Lo harás y mucho mejor y más rápido que yo.

Adam tenía razón, Rosa resulto ser una aprendiz mil veces mejor que él, la magia, como ella había resaltado, estaba en sus venas y estaba más que ansiosa por salir.

La bestia se deleitaba viéndola mover objetos, desaparecerlos y reaparecerlos entre humo rosa. Rumple caminaba detrás de ella en silenciosa aceptación y Rosa no podía ser más feliz.

Al cabo de un tiempo Adam sentía que los tres eran una gran familia feliz, y lo eran, desayunaban, comían y cenaban juntos en el comedor, en los días calurosos salían al jardín a disfrutar de la briza, admiraban las rosas de Rumple y charlaban de cosas triviales, leían demasiado para el gusto de la bestia pero todo era... perfecto.



Frann Gold

Editado: 17.09.2019

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