La Bestia

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Capitulo 30

El viento helado golpea mi rostro mientras corro lo más rápido que me es posible entre los árboles, tengo que dar saltos como un ciervo para no tropezar con rocas o arbustos, y bueno es así como me siento, como un ciervo corriendo por su vida para que el depredador no lo alcance, de vez en cuando volteo atrás para ver qué tan lejos estoy de la muerte, y puedo ver a la bestia que cambia de forma para tratar de alcanzarme, la única explicación de que no me atrapa es que por la maldición mi cuerpo es mejor que antes, pero no podré seguir por mucho, ya me está costando respirar, y no sé si el camino se hace más largo o me perdí, siento mis piernas tambalearse un poco cada vez que piso, deber ser el miedo.

De nuevo eche un vistazo atrás con la esperanza de estar a una distancia segura, o mejor aún de ya no verla detrás de mí, y para mi suerte es así, ya no está, me sentí un poco aliviada al no verla, corrí más lento para tratar de recuperarme un poco, pero claro que no me detendré por ningún motivo, puede que solo se haya ocultado para tenderme una trampa, mientras troto miro a mi alrededor para estar alerta en caso de que aparezca por algún lado, pero no logro ver mucho ya que está oscuro, pero sigo intranquila ya que siento que me está asechando.

Seguí adelante, hasta que inesperadamente salto de entre unos arbustos y quedó justo frente a mí, ya en su forma original, me muestra sus filosos dientes, el pelo de su lomo se eriza, sus ojos me observan sin parpadear, y gruñe de forma amenazante, el miedo recorre todo mi cuerpo, no puedo pensar en nada que no sea yo siendo atacada por la bestia, instintivamente empiezo a retroceder, pero al no ver a mis espaldas tropiezo con algunas rocas y raíces de árbol, afortunadamente logro mantener el equilibrio, un error ahora es mortal, la bestia empezó lanzar zarpazos con sus garras, los esquivo como puedo, pero sus largas garras alcanzan mis brazos rasgando mi ropa y mi piel, haciéndome cortes poco profundos pero que de inmediato empiezan a sangrar y arder, sin más que hacer solo espero que aparezca alguien a ayudarme.

De pronto la bestia se dio la vuelta y antes de que yo pudiera reaccionar lanzo un golpe con su cola, como si fuera un látigo, me  golpe y me lanzo contra un árbol, el choque fue del tronco contra mi espalda, escuche crujir mis huesos, caí al suelo totalmente adolorida, no tuve fuerza ni tiempo necesarios para levantarme cuando la bestia me ataco, de inmediato se lanzó y me mordió la pierna derecha, sacudiéndome un poco.

—¡¡Aaahhhh!!— puedo sentir sus dientes atravesando mi carne, solo está jugando conmigo, si quisiera matarme ya lo hubiera hecho, y empieza a arrastrarme por el suelo como si fuera un juguete.

Trato de sujetarme de algo pero solo puedo arañar el suelo, y sin poder hacer nada para evitarlo me vuelve a lanzar cual muñeco de trapo, volé unos metros por el aire hasta caer sobre el suelo, un dolor punzante se hace presente de inmediato, caí sobre mi hombro izquierdo, trato de moverme pero ahora el dolor en mi hombro es horrible, ya no puedo levantar el brazo, estoy en graves problemas.

Apenas puedo darme la vuelta para estar sobre mi espalda, solo puedo ver como la bestia se acerca hacia mí lentamente, entre tanta oscuridad resalta más el brillo de sus temibles ojos, llega hasta donde estoy y pone una de sus patas sobre mi estómago, me está sofocando, trato de quitarla pero me es imposible, me cuesta respirar, y la presión en mi estómago me causa dolor, no puedo soportarlo, solo puedo quejarme, pero cuando pensé que ya todo estaba perdido comienzo a escuchar algo que me hace sentir a salvo.

Ese silbido que hace que la bestia huya ya que le causa una gran molestia en sus oídos como para quedarse a escucharlo, la bestia quito su pata de mi estómago dejándome respirar de nuevo, el sonido hace que se altere y ruja furiosa, talla sus orejas con sus patas como para tratar de no escuchar, pero es tanta la molestia que decide alejarse, salta entre los árboles y se pierde entre las sombras, yo sigo en el suelo pues no creo poder levantarme sola, intento buscar a la persona que me salvo, busco entre los arboles hasta que lo veo,  pero no es quien yo esperaba, es un alma, pero no es el cazador de la última vez, este es diferente, tiene ambos brazos pero un gran hueco en el estómago, como si la bestia lo hubiese mordido y sacado los intestinos, el sujeto se acerca y me mira, yo sé que no me hará daño pero igual da miedo, su rostro es igual de sombrío que los otros y eso es suficiente para temerles.

Él se agacho, me tomo en sus brazos y me cargo, mientras yo me quejo de dolor él solo empieza a avanzar, seguramente me llevara a casa de la abuela, y eso es lo que espero.

Al fin llegamos a la casa, me dejo con cuidado en la puerta de la entrada y se fue, como pude me puse de pie, abrí la puerta y entre, apenas puedo caminar por el dolor en mi pierna derecha gracias a la mordida, debo sujetarme de las paredes para avanzar, estoy dejando un rastro de sangre, debo hacer algo rápido,  me las arregle para bajar las escaleras al sótano ya que ahí están los libros que necesito, y tal vez algo para mi pierna, al entrar Evan sigue en el suelo inconsciente, me alegra que este bien, me acerco a la mesa y tomo los libros, en eso aparece mi abuela justo a mi lado.



Cynthicena

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En el texto hay: amor, magia

Editado: 06.07.2018

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