La buscaproblemas y el medio lobo

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Halloween

El gran comedor estaba tan espectacular como siempre. Calabazas gigantescas, hadas danzando entre las velas flotantes, una bandada de murciélagos que a veces robaba comida que estaba demasiado descuidada y los fantasmas pavoneándose y repitiendo hasta el cansancio las historias de sus muertes violentas o tristes.

―Sí, muy acorde al ambiente, Barón... Pero me gustaría cenar sin las descripciones innecesarias de su suicidio.

Violet volteó a mirar a su amiga, sorprendida por su falta de tacto y su grosería. Abeill se encogió de hombros por toda respuesta a su expresión, y el Barón Sanguinario alzó la barbilla muy ofendido y fue a contarle su historia a otro grupo de chicos, esta vez de primer o segundo año.

―¡Abi! ¿Por qué hiciste eso?

―Si no te molesta imaginarte a ese viejo matándose mientras masticas, allá tú...

―Yo sí estaba disfrutando la historia... ―dijo Simon.

―Pues ve a seguirla oyendo.

―Diablos, Abi... Por eso nadie te soporta.

Simon se echó su cabello lacio y negro tras las orejas, buscando nuevamente la atención de las chicas que estarían seguramente mirándolo. Abeill no soportaba cuando hacía eso, era lo único que realmente le molestaba de su amigo.

―Yo no soporto tu pelo de estúpido.

―¡Ey!

―Bah, ya cállense los dos. No se pongan a pelear ahora.

―¿Qué te pasa, Violet? Sólo estamos jugando.

―¿Como la última vez, en la clase de pociones?

Simon se sonrojó y volvió a comer de su plato para huir de su mirada acosadora. Violet recordaba con amargura cómo su trabajo le estaba saliendo inusualmente bien. El profesor Slughorn la había felicitado por su esfuerzo, cuando Abeill decidió lanzar un encendedor muggle al caldero de Simon, a ver qué pasaba. Estalló de inmediato, y manchó de poción de atontamiento todo el cabello y hombros de Violet que estaba justo enfrente. Sin contar el malestar que la acompañó todo el día, sus rizos que tanto le llevó acomodar se empegostaron tanto que tuvo que ir a la enfermería para que la señorita Shelter la ayudara a regresarlos a la normalidad.

―Esta vez te prometo que tendremos cuidado, Vio... No va a pasar nada, en serio.

―¿Estás segura? No suena muy seguro ir al bosque prohibido.

―¡Chst!

Justo el Barón pasaba de nuevo, acomodándose su túnica blanquecina para que su brillante sangre plateada resaltara mejor.

Un empujón inesperado hizo que Simon se llenase la nariz de puré. Detrás de él apareció Vincent Sttank y su fiel compañero, August Fletcher.

―¿Sigues aquí, Lizard?[1]

―Lizarraga será un Hufflepuff, pero al menos no es un apestoso como tú, Vincent.[2]

Violet se contuvo una estruendosa carcajada tras las manos. Abeill solía tener respuestas muy ingeniosas a la mano, y cuando no, recurría al viejo truco de insultar a Sttank con que apestaba. Casi nadie se lo decía por ser un matón idiota, pero ella era de las que podía hacerlo sin titubear. No le tenía miedo, y eso ponía a Sttank furioso.

―No estoy hablando contigo, Cenis. Tú eres una chusma distinta, pero al menos tienes la suerte de estar en Slytherin. No me gusta saber que hay un perdedor roedor tan cerca de donde me siento, fuera.

―¿Qué está pasando aquí?

El profesor Neuffert interrumpió las ganas de todos de comenzar una pelea, Sttank y Fletcher se fueron a sentar donde estaban antes, varios habían volteado la cabeza para ver qué había pasado. Justo en ese momento se había sustituido la comida por el postre, dejando a Simon con unas gotas de mal humor adicional. El puré de papas con salsa de carne era su comida favorita.

―No les hagas caso, Simon. Son unos idiotas.

―Sólo lo dices porque esta vez no te fastidiaron a ti, Violet.

―Ya cállate.

―Disculpa...

Abeill se volteó para ver quién se había acercado a la mesa tras su espalda mientras engullía el cuarto chocolate en forma de escoba. Bram Wallet los saludó con un gesto, y miró a Violet con cierta timidez.

―Hola, Violet ¿Podemos hablar... un momento después de la cena, fuera del comedor?

―¿Conmigo? Eh, sí.

―¡Estupendo! ―dijo con una repentina sonrisa―. No te quitaré mucho tiempo, lo prometo.

―No te preocupes, Bram. Nos vemos.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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