La buscaproblemas y el medio lobo

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Música

―¡No puedo, David!

―¿Cuándo vas a tener oportunidad de lanzar fuegos artificiales desde la lechucería otra vez?

Abi se debatió, como si fuera una decisión que definiría su vida.

―¿Pero cómo no van a saber que fuimos nosotros quienes...?

―Además de Simon, Rotten y su hermano se metieron en problemas hoy. ¿Quién va a pensar en unos inocentes Hufflepuff que hacen la tarea diligentemente? ―juntó las manos y miró al techo, emulando a un santo―. Además, quien originalmente pidió el contrabando de fuegos artificiales fueron unos Gryffindor.

Abi se rascó la nuca, esparciendo su cabello por toda la espalda. ¡No estaba bien! No le importaba perder puntos ella, pero a David y a Simon podrían realmente meterlos en problemas. Habían perdido muchos puntos al inicio del mes, y no habían recuperado ni siquiera la mitad.

―¿No te molesta que te quiten puntos de nuevo?

«¡Diablos, Abeill, prefiero una noche lanzando fuegos artificiales contigo a una aburrida salida a Hogsmeade!».

Ella vio a su amigo ponerse un poco rojo.

―Es que la última vez...! Patyl les quitó muchos puntos ¿no? y luego fueron más, y…

―Violet no vendrá.

―¿Cómo?

Eso hizo que le chisparan los ojos a Abi, casi literalmente. Violet era su mejor amiga de todo el mundo, pero ella constantemente desaprobaba esas travesuras, y terminaba por estorbar en más de la mitad de ellas.

―¿Por qué no?

―No quiere arriesgarse a perder la salida a Hogsmeade.

Abi le sonrió.

―¡Ja ja! ¡Sí! ¡Claro! ¡Claro que ayudaré!

El plan era estar a las seis y media en el séptimo piso, o en la lechucería, y desde allí lanzar los fuegos artificiales a varias direcciones, para que fueran visibles desde el Gran Comedor, la torre de Gryffindor y la de Ravenclaw.

Abi tenía que llegar a un gran patio, para luego subir allí al sexto piso, luego atravesar un pasillo y subir otra escalera que llegase a uno de los corredores del séptimo piso. Era un camino largo, pero ella podría hacerlo rápido, pues su mochila estaba liviana.

En cambio, Simon había tenido que esconder los fuegos artificiales que se robó del despacho de Shelley, y su bolso estaba abultado por eso. Tenía toda la tarde libre, y fingía estar tranquilo en la biblioteca, esperando que se hicieran las seis para moverse. Él tenía que subir cuatro pisos enteros.

David había sido afortunado. Simon desapareció la pata de la mesa de manera completamente accidental, pero el profesor que ya conocía las fechorías de Simon en otras clases, no dudó en enviarlo donde el celador para evitar futuras interrupciones. Fue cuando terminó la clase que David fue a buscarlo, y Simon le mostró los fuegos artificiales que algún estúpido había intentado contrabandear en el colegio y que él había podido robar.

Abi se comportaba de manera ansiosa cuando se desconcentraba de la clase. Tamborileaba los pies o hacía que la pluma bailase entre sus dedos. Aunque ese día la clase fue muy buena, y muy bonita.

La señorita Pallen tocaba violín, y aprovechaba que sus clases de estudios muggles lo tomaban pocos chicos, para vincular artes muggles con las mágicas. Para Abi, la mitad de las clases no eran cosas nuevas, sino muy obvias (Clases enteras de qué era la electricidad y dónde se utilizaba eran de las peores), pero les dejaban hacer trabajos relativos a temas que le gustaran, y para ella, la música era el tema más bonito y más interesante. Le entregaron la nota del último trabajo, una S de sobresaliente.

Parecía que el día lo que hacía era mejorar y mejorar.

• • •

― ¿Para qué está buscando sobre ese tema, señor Lizarraga?

―Ah pues... Verá mi... mi hermano.

―Ah, vaya, qué tramposos los hermanos mayores ¿eh? Ayudando a los menores a adelantarse contenido... Es de los últimos temas de tercer año.

―Sí, es que me dio mucha curiosidad. Y como tengo esta hora libre...

¡Qué suerte tenía! ¡Ni se tuvo que inventar una excusa!

―Mire, este es mejor, Lizarraga…

El señor Pince le recomendó Características de los hombres lobo, Licantropía, Cómo cazar un hombre lobo y Enfermedades mágicas: un resumen. Simon leyó muy rápido, y por sorprendente que fuera, los libros parecían una simple guía de cómo identificar a un hombre lobo, cómo matarlos y cómo evitarlos.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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