La buscaproblemas y el medio lobo

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Sala de trofeos

―El circo terminó, bastardos…

―¿Terminado? Si apenas empezó, Cenis.

―Vamos, que quiero poder peinarme frente a ese trofeo de allá.

Abi les lanzó la esponja con la que pulía los Premios de alumnos ejemplares de otros años, ensuciando el inmaculado cabello negro de Simon.

―¡No seas así! ¡Tú hiciste lo mismo cuando tuvimos que alimentar las Encarideias en el invernadero!

―Al menos fue eso, y no colgarte de los tobillos en la sala de detenciones o en el despacho de Shelley.

Los chicos estaban totalmente de acuerdo en algo: Los castigos físicos cada vez eran más impopulares. Varios profesores habían aprendido que una tarea humillante que les hiciera perder medio día era más efectiva que media hora de golpes del viejo celador.

Rand era experta en buscar tareas de limpieza. El castillo era demasiado grande y ni siquiera un mago como Shelley podía estar al tanto de que todas las áreas estuvieran en buen estado. Arreglar los destrozos de Peeves era lo peor, aunque había estado muy tranquilo todo el trimestre. Rand, Black, Neuffert y Dumbledore estaban esperando que hiciera un verdadero desastre y que coincidiera con una época de alumnos mal portados.

―Bueno, al menos traje algo para leer mientras Abi practica en su futuro trabajo de ama de casa.

―¿Tú, leyendo? ¿Qué cosa?

Simon quiso golpearse a sí mismo. Se le había olvidado comentarles a sus amigos sobre su pequeña investigación de los hombres lobo. ¿Y si lo tomaban a broma? Decidió no arriesgarse.

Quidditch a través de los tiempos… pero acabo de acordarme de que lo dejé en mi baúl.

―Miren, éste es el trofeo de Tom Ryddle.

Los chicos se acercaron a ver.

―¿”Premio por servicios especiales al colegio”? ―dijo extrañado David―. ¿Qué, le limpió la nariz a Dumbledore?

―Supuestamente mató un monstruo, o algo parecido.

―Eso son puros mitos que lo hacían tener chicas que le cayeran encima ―dijo Abi con ligereza, tapando parcialmente el nombre de Ryddle con la esponja, que pasaba encima una y otra vez.

Siguieron conversando, Simon se aseguró de que su bolso estuviera bien cerrado y Cómo cazar un hombre lobo no se asomara de la mochila.

• • •

David y sus compañeros de habitación ya se habían acostado a dormir. Simon había fingido estar dormido desde hace mucho rato. De algún modo se había obligado a no quedarse dormido, se sentó en la cama en silencio, y a oscuras, sacó el libro de su mochila, y un lápiz de grafito que Abeill le había regalado. Era muy práctico, más silencioso y limpio.

Encendió la varita en un susurro, se sentó en el suelo con el libro en la cama y la varita en su oreja apuntando hacia adelante, así se aseguraba que la luz diera hacia la cama y la pared, y no a sus compañeros.

Abrió el libro en la página ochenta y siete, y se encontró con los textos ordenados del autor y anotaciones propias en grafito en los bordes de la hoja o entre los párrafos. Violet le había prevenido que vandalizar un libro tenía graves consecuencias en Hogwarts, pero tal vez el libro era demasiado nuevo, no tenía el hechizo anti-vandalismo o el grafito no hacía efecto sobre los libros. Sea como fuere, Simon quería dejar ese registro y le alegraba saber que podría hacerlo. ¿Y si se dedicaba a estudiar a los hombres lobo, vampiros u otros magos infectados?

Pero decidió pensar en su futuro más tarde. Vio el párrafo pulcro del autor en letras impresas.

Se presume que cualquier mordida o herida de hombre lobo transformará al mago en un hombre lobo.

Pero su propia letra también estaba allí, intentando corregir al libro.

No exactamente, pero la herida no sanara pronto, tal vez no sane nunca, o deje una cicatriz permanente.

Una persona infectada se transformará de inmediato la siguiente luna llena. Con los efectos ya mencionados.

A veces los síntomas de palidez antecediendo y precediendo el día de    luna llena aparecerán en una persona que fue herida por un hombre lobo. Al igual que un comportamiento más salvaje y agresivo. Por ejemplo, más irritabilidad, o un repentino gusto por la carne casi cruda.

Simon no se sentía un chico realmente listo, pero en esos momentos hubiera sido felicitado por cualquier profesor. Intentaba imitar el estilo del autor, y escribía de manera muy clara lo que quería transmitir. Aunque evitaba decir ‘sanguinario’ y ‘detestable’, palabras que parecían las favoritas del autor para describir a los licántropos, quien los veía como monstruos peligrosos que se podían y debían cazar para eliminar la amenaza de que se esparcieran por el mundo. Simon no podía verlo así, eran personas enfermas que sufrían mucho, terminaban aisladas de la sociedad, y perdían contacto con sus familias y amigos.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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