La buscaproblemas y el medio lobo

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Caramelos explosivos

Regresarían a sus casas por navidad en veinte horas. Abeill estaba un poco triste, y Simon también.

―¿Y a ustedes qué les pasa?

―Mi prima se casa, y van a pasar todas las navidades con nosotros…

―¿Y qué, Simon?

―Odio a mis tíos.

―Ah ¿Ésos tíos?

―Sí. Los Colmstoke. Mi tía es hermana de mi madre, pero toda la familia de mi tío es horrible. Escríbanme todos los días, por favor…

―Ah, Simon, sabes que me gustaría, pero voy a ir a Argentina a visitar a mis abuelos ―dijo Violet. En realidad estaba muy emocionada, era su primer viaje al extranjero. Y también porque allá hacía calor en diciembre.

―¿Y tú, qué?

―Me duele el vientre. ―Abi apoyó la cabeza en la mesa del comedor

―Ah…

―Y mi madre me inscribió en un curso para señoritas.

Simon estalló de risa, olvidando la desgracia de tener que soportar a los Colmstoke. Abi con tacones y aprendiendo a modelar era mucho más pasable que el potente olor a mostaza que emanaba su tío Xander.

―¿Qué se supone que es eso?

―Es un curso ridículo para aprender etiqueta, modales, a maquillarse y esas mierdas.

―¡Abi! ―la reprendió Violeta.

―¡Pero no quiero ir! Irá mi vecina, y la detesto.

―¿Tu vecina?

Violet arrugó la cara.

―Cuando fui a visitar a Abi, nos la encontrábamos a cada rato. Es horrible. No para de hablar, literalmente.

David no les prestaba atención a sus amigos, leía las cartas de algunos familiares. El gran comedor estaba solo a esa hora. Afuera hacía demasiado frío como para querer pasear por los jardines. Bram había caído presa de un contagio general de viruela muggle, y aunque todos los alumnos estaban mejor, la señorita Shelter quería asegurarse de que todos se fueran a casa en buenas condiciones y les mandó reposo. Violet no había estado con ellos toda la mañana por visitar a Bram.

―¿Qué haces, Dave?

―Recursos humanos.

―¿Qué?

―Mi madrina, una amiga de mi madre, un primo de mi padre, la esposa de mi hermano por parte de padre… todos me están escribiendo y preguntando por qué mi madre no responde cartas.

―¿Y les vas a decir?

―No, que se jodan.

Violet golpeó a su amigo en el brazo.

―¡Dejen de hablar así!

―Mierdas ―repitió Abeill retando a su amiga. Para su sorpresa, Simon le haló de la oreja.

―Es en serio, Abeill.

―De acuerdo, rayos…

Violet se puso a practicar hechizos que les tocaría aprender el siguiente trimestre, mientras Simon y Abi se habían aburrido de estar sentados demasiado rato, y fueron a las cocinas a pedir algunos postres a los elfos domésticos.

―¿Estás bien, David?

―Sí.

En realidad no lo estaba. La última carta casi le había hecho llorar, de desesperación y rabia. El primo de su padre, un tipo llamado Varick McNiven, se presentaba como alguien cercano a su padre. Él jamás había escuchado algo sobre él, y desconfiaba de su letra adornada y difícil de leer. Quería saber el estado de ‘su querida madre’ por motivos ‘legales’.

Su madre había sufrido una fuerte caída cuando él era pequeño, y había perdido muchos recuerdos, así como parte de su cordura. Y con los años había empeorado mucho. A tal punto que su padre decidió supervisar las cartas y paquetes que recibía, pues la señora Renuel había decidido donar la mitad de su dinero a una amiga, sólo porque ella le había comentado que tenía dos meses sin trabajo. Por suerte, su esposo lo impidió a tiempo.

Algunos familiares y amigos mostraron su verdadera cara y comenzaron a pedirle favores y recomendaciones. Incluso la incentivaron a separarse de su esposo, asegurando que la controlaban, para poder ellos estar a disposición de una pequeña fortuna que tenían en Gringotts. O eso es lo que le decían a David, estaba seguro de que no era tan pequeña.

―¿Y para qué las revisas, David? Si sabes lo que dicen…

Tenía razón, sonrió y dejó la carta que leía a un lado.

―No sé…



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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