La buscaproblemas y el medio lobo

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Lizarraga el investigador

Violet le arrojó un libro negro de tapas negras a Simon en el regazo.

―De nada.

―¿Qué? ¿Qué es esto?

Simon lo abrió, reconociendo la copia de Cómo cazar un hombre lobo. Tenía un encantamiento de camuflaje. Lo cerró y puso en su mochila de inmediato.

―¿Qué es eso?

―Nada, Abi.

Ella le arrancó el libro de las manos y se alejó. ‘Nada’ a veces era una palabra mágica para ella.

―¡Hey! ¡NO!

Ella lo abrió. Pasó la vista con mucha rapidez por varias páginas, antes de que Simon se lo quitara y lo subiera sobre su cabeza, lejos de su vista.

―Déjame ver, anda ¿qué era eso?

―Es...

―¡Abi! Es para una tarea, sabes que Simon es bruto en pociones.

David alzó la mirada.

―¿No se pueden callar un segundo? Intento leer una carta.

―Lo siento Dave. ¿De quién es?

Abi perdió el interés en el libro en tiempo récord, para suerte de Simon. Violet fingió decirle un par de cosas sobre el acólito a Simon, pero realmente le decía con la mirada y le señalaba con un dedo que leyese donde había un marcalibros.

―Ah, de mi madre. Me dijo que su última visita a San Mungo fue agradable.

―¿Cómo sigue?

David sonrió.

―Ha habido mejorías desde que un sanador comenzó a aplicar psi… psi… uhm…

―¿Psicología?

―Sí, eso. El tipo es un hijo nacido de muggles. Ni siquiera sé qué es eso.

―Pensaba que habría… pues… que no era algo exclusivo de los muggles.

―¿Qué es eso de psico… logía?

―Es una ciencia. Los psicólogos estudian… uhm… la mente humana, creo.

―Ah… Qué lástima que no sepas más de esto, me gustaría saber.

Abi se mordió un poco el labio. Violet sabía que su amiga hacía eso cuando estaba pensando en algo.

Abeill se preguntaba qué tan extraño sería pedirle un libro de psicología a su madre.

• • •

Simon aprovechó que el profesor Baulch se sentía enfermo y no daría Cuidado de criaturas mágicas, y se escapó a la biblioteca antes de que David le sugiriese hacer algo divertido.

Tenía que aprovechar esa hora para leer las anotaciones nuevas de Violet.

Lo que descubrió lo llenó de emoción. Slughorn tenía un par de investigaciones relativas a alivio de síntomas, y Violet le había exprimido muchísima información al profesor. Aunque pensaba que él mismo lo hubiera podido hacer también. Simon estaba mejorando tanto en pociones que Slughorn le decía a Abi que podía aprender de su amigo, y ella prestaba más atención, sin más remedio que trabajar con su compañero de mesa.

Después de llevarse varios libros, se dirigió a una sala en desuso del tercer piso. La había encontrado con Abi el primer o segundo día de la llegada al castillo. Abi se aburrió al no encontrarle nada interesante. Pupitres viejos en mal estado y un armario de roble muy grande.

Simon llegó allí, abrió la puerta sin cautela y cuando entró, apuntó a la cerradura.

Reparo.

El pomo se movió levemente y se escuchó un ruido metálico. Era una cerradura muy vieja que se había oxidado mucho, y por pura casualidad había descubierto que si la reparaba, ésta se cerraba desde dentro. Luego, tendría que partirla con un pedazo de metal que había por ahí para poder salir, pero no le importaba. Si lo descubrían haciendo ruido, podría fácilmente decir que Peeves lo encerró allí y no tenía cómo salir. Era una excusa bastante creíble.

Abrió el armario y sacó un equipo viejo de pociones que tomó prestado del salón de clases. Lo puso sobre una mesa que se balanceaba y comenzó a aplicar lo que había leído.

Simon no parecía un chico de trece años, tomaba anotaciones en la agenda que le regaló Violet, la cual tenía partes de tinta y grafito por igual. Eran las mismas notas del libro, pero ordenadas y mejor escritas. Su expresión se enseriaba de tal modo que hubiera asustado a sus mejores amigos, el pelo le caía por la frente y se le pegaba a la piel un poco sudorosa por el calor del caldero.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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