La buscaproblemas y el medio lobo

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El protegido de Slug

Violet lloraba amargamente en el regazo de Abi.

―¡Lo-lo-lo siento tanto! ¡Qué idiota soy! ¡Yo sólo quería…! ―y balbuceaba inentendiblemente otras palabras que ya había repetido.

―¡Cálmate, Vio!

Simon estaba sentado entre las camas de Abi y David, éste aún dormía. Revisaba su agenda abarrotada de anotaciones. Seguía enfadado con Violet, aunque le había pedido disculpas. Sabía que se le pasaría en algún momento, pero había traicionado su confianza, y había más dolor que rabia en su pecho.

Violet al fin dejó de llorar a lágrima viva, y se contaron mutuamente lo que habían hecho.

Violet había buscado al profesor Neuffert, temiendo que Simon no hubiera hecho la poción de forma correcta, además, apenas era un iniciado en el tema, sin contar que tenía trece años. Sabía que había una alta probabilidad de que Simon hubiera hecho una mezcla inofensiva pero ¿Y si envenenaba a David sin querer? Neuffert le agradeció su confianza, y la envió a descansar, prometiéndole que intentaría hacer algo esa misma noche.

Después de que David tomó la poción sin darse cuenta, comenzó a sentirse extraño, mareado, y se veía pálido. Abi lo notó antes que Simon, quien había sido llamado por el profesor Black. Simon fue rápidamente al despacho del profesor antes de que se hiciera muy tarde, y luego Abi subió con David a la enfermería.

Neuffert intentó persuadirlo de que le explicase cómo había sido mordido y cuándo, aunque él ya lo había leído. Sospechaba que Simon no estuviera diciendo la verdad, cuando terminó por desesperarse y amenazarlo de enviarlo a San Mungo para que lo retuvieran y evaluaran, con la obvia intención de recluirlo y finalmente alejarlo de Hogwarts donde no podría infectar a nadie.

Allí fue cuando David comenzó en un proceso de semi-transformación, producto de que la poción que tomó tuvo el efecto contrario al que Simon quería: le potenció sus síntomas.

En la enfermería, Neuffert llegó amenazando a Simon, y de inmediato, Dumbledore le exigió que no le pusiera un dedo encima a ningún alumno, y lo mandó a esperar fuera de la enfermería.

―El señor Renuel no se transformó por completo porque no tuvo contacto con la saliva del hombre lobo que lo atacó. ―le había explicado Dumbledore en la noche―. Entiendo tus intenciones, fueron buenas, puras. Tu deseo de que tu amigo no sufriera ningún daño te ha costado varias notas malas, por poner tu investigación por sobre tus clases. Has demostrado el espíritu de un buen Hufflepuff al trabajar de manera tan diligente para una causa noble. Sin embargo, Simon, no deberías desconfiar tanto de los adultos. No todos los magos pensamos que los hombres lobo son monstruos.

―Lo siento… he causado un lío por ser tan estúpido y…

―No, no digas eso, Simon. De hecho, tus anotaciones serán muy útiles para una futura investigación.

―¿Cómo dice?

Dumbledore había tomado su agenda de las manos de Neuffert, que, en un intento de dialogar, se lo había dado. Pero el daño ya estaba hecho. Dumbledore no perdonaba que un profesor atacase a un alumno. Revisó la agenda mientras la señorita Shelter atendía a los chicos, que estaban muy alterados.

―Hay un amigo que tengo llamado Damocles Belby, es un apotecario bastante prodigioso, y me comentó recientemente que le gustaría investigar sobre una cura la licantropía, dado que una amiga suya… ah, es un… contacto que tiene en común con el señor Neuffert. Esa amiga fue infectada de licantropía. Y salió muy mal.

Eso le sorprendió mucho a Simon.

―¿Cómo dice?

―Bueno, Belby estaría interesado en ver tus descubrimientos, y…

―Pero, pero… ¿El señor Neuffert tenía un amigo que era un hombre lobo? ¿Por eso se molestó tanto al pensar que yo era uno?

Dumbledore suspiró, y apretó los labios suavemente.

―El señor Neuffert iba a casarse con una señorita llamada Sagitta Black. La cual, tristemente, fue mordida por un hombre lobo. Para evitar que su familia se enfrentara a la humillación que eso conlleva en el mundo mágico… ella se suicidó.

Simon se quedó muy callado, procesando lo que acababa de oír.

―Eso es muy triste.

―Lo es, señor Lizarraga. Es muy triste que una enfermedad como ésta no sea problemática no sólo por sus dolencias o peligros para con otros seres humanos, sino por el rechazo que ésta produce. Una persona que fue mordida, en muchas ocasiones, pide que se le mate para evitar el sufrimiento de la humillación y comentarios tan insensibles hacia ellos mismos y su familia.



Ali Bracamonte

Editado: 18.02.2018

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