La Casa De Las Apariencias

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INTRODUCCIÓN

¿QUÉ VES AHORA?

-¡Ayuda! ¡Por favor un enfermero! 
Por los pasillos de un hospital, una mujer vestida con bata corría desesperadamente, los pacientes que aguardaban consulta médica se alarmaron, algunos trataban de detener a la mujer para preguntarle el porqué de tanta prisa, uno de los hombres pudo sostenerla unos instantes antes que ella lograse soltarse. Pasaron unos minutos y los gritos de ayuda aún se escuchaban en los pasillos hasta que de un momento a otro cesaron, los pacientes estaban más aliviados, todos pensaron que fue aluna emergencia dentro de alguna habitación. 
         -Se pide disculpas a todos los pacientes- se escuchó por el altavoz- la situación ha sido controlada. 
En la sala de guardia de las enfermeras, todos trataban insistentemente de calmar a la mujer. 
        - ¡Las pinturas! ¡Aléjenlas! - gritaba desesperadamente. 
        -Tranquila doctora Alejandra- consolaba una enfermera- no sucede nada, no hay ningunas pinturas en esta habitación. 
        - Sí que las hay- movía la cabeza Alejandra sin cesar afirmando- no podemos escapar de ellas. 
La doctora Alejandra se levantó de golpe y tomó la cabeza de la enfermera presionándola, su tez y sus ojos enrojecían cada vez más, su estado de alteración pasaba del pánico a la agresividad de forma acelerada. 
         -Doctora- forcejeaba la enfermera- ¡está lastimándome! 
Ese instante ingresaron dos enfermeros corpulentos a la sala acompañados de un médico, ambos separaron a la doctora Alejandra de la enfermera y la sujetaron lo más firme que pudieron, el médico sujetaba una inyección, la cual con el mayor cuidado, introdujo en el brazo de Alejandra. 
-Esto ayudará a que te calmes-dijo el médico-tranquila, solo relájate. 
Poco a poco la doctora Alejandra cesaba su actividad y se hundía en un profundo sueño. 
-¿Qué paso?- preguntó el médico. 
-No lo sabemos doctor- respondió la enfermera jadeando por el susto que tuvo-solo llegó pidiendo ayuda y hablando sobre unas pinturas. 
-¿Dónde estuvo antes? 
La enfermera jefe se acercó a las planillas de control para verificar a que paciente atendía la doctora antes de llegar a la sala de guardia. 
-Oh no. 
-¿Y bien?- insistió el médico. 
-Habitación 203. 
-¡Maldición!- exclamó el médico. 
Saliendo de la sala de guardia junto a los dos enfermeros se dirigió a dicha habitación, una vez frente a ella, vio la puerta abierta y las cosas de la doctora Alejandra regadas en el suelo. 
-¡Fue muy grosero de su parte dejarme solo sin que terminemos!- gritó el paciente desde adentro del cuarto- ¡Pasen están en su casa!- gritó nuevamente pero con tono seductor. 
La habitación 203 es una de las más aisladas de todo el hospital, es por eso que el médico y los enfermeros no hicieron para acallar los gritos del paciente. 
-¿Qué hiciste esta vez? 
El médico preguntaba desde la puerta, no se atrevía a entrar. La habitación parecía ser un lugar normal, la cama del paciente se encontraba en medio de la sala, a su lado había dos veladores y sobre uno de ellos una lámpara alumbraba con luz tenue, la televisión estaba apagada y el paciente no disponía de más tecnología para distraerse. Dos cuadros decoraban la habitación, uno junto a la ventana y otro al costado derecho de la cama. 
-Le prometo que nada- respondió el paciente entrelazando sus manos- simplemente jugábamos. 
Los enfermeros comenzaban a sentirse incómodos por el ambiente de la habitación, el médico trataba de mantenerse lo más controlado posible. 
-No mientas...no es la primera vez que esto sucede y en esta ocasión no te pondrás en posición de víctima. 
-Señor médico, nosotros solo jugábamos con la doctora a contar historias sobre dibujos ¿qué de malo hay en eso?- el paciente usaba un tono infantil que irritaba al médico. 

-Por fortuna esta será la última persona a la que molestes con tus tonterías. 
-¿Ya me darán de alta? ¡Eso es grandioso!- dijo el paciente sentándose de un brinco- por fin podré salir de este asqueroso lugar...no se ofenda. 
El médico tras observar la conducta de júbilo del paciente esbozó una sonrisa. 
-Claro que ya te daremos de alta viejo...pero en un ataúd. 
El paciente detuvo su celebración y quedó mirando el suelo. 
-Te diagnosticaron cáncer terminal- informó el médico- te quedan al menos unos tres meses de vida. 
-Ya veo... 
-Sé que eres uno de los peores pacientes pero aún así me apena...- expresó el médico. 
El paciente guardó silencio, los enfermeros se retiraban junto al médico, antes de salir, este último se detuvo y ordenó que sus acompañantes se adelantaran, una vez lo hicieron este cerró la puerta. 
             -¿Por qué se quedó Doc?- preguntó extrañado el paciente todavía con la mirada clavada en el suelo- ¿alguna especie de código ético? 
-Algo así-respondió el galeno- yo te diagnostiqué...me quedaré contigo hasta el final. 
-No es necesario Doc...sé arreglármelas solo. 
El paciente volvió a recostarse en cama. 
-Tres meses como máximo...- decía mirando esta vez al techo. 
-¿Qué fue lo que hiciste con la doctora?  
-¿Así que eso es lo único que le interesa? 
-No, pero quisiera que fueses honesto, al menos para presumirla como uno más de tus logros. 
-No es algo que quiera presumir- *comentó el paciente*- el hacer quedar en mal a su incompetente personal no me es motivo de gloria. 
-Es más de lo que puedes presumir estando postrado en esa cama... 
El paciente sonrió. 
-Jaque mate Doc. 
-¿Entonces? 
-La doctora Alejandra es una buena persona, pude notarlo desde el primer momento, está dispuesta a ayudar a cualquiera que tenga una dificultad...- el paciente hizo una pausa- pero... 
-¿Pero? 
-En definitiva no estaba preparada para tratar con pacientes tan conflictivos y con otras malas mañas. 
-Ella llegó hablando de unas pinturas... ¿A qué se refería con eso? 
-Simple sugestión Doc... 
El paciente miró a los cuadros colgados en la habitación, el médico siguió su mirada e inmediatamente se puso incomodo sin saber la razón. 
-Todos tenemos un lugar en nuestra mente en el cual descansan los impulsos más primitivos...solo necesitamos caer un poco...- añadió el paciente. 
El paciente señaló hacia el cuadro que estaba al lado de la ventana, el médico miró al punto señalado, la pintura mostraba a una mujer totalmente desnuda solamente cubierta en medio cuerpo por una sábana blanca, de fondo solo se podía apreciar un panorama totalmente enrojecido. 
-¿Qué mira doctor?- preguntó el paciente. 
El médico describió con exactitud lo que estaba observando y volteó para ver al paciente, grande fue su sorpresa al ver que este no estaba en la cama. El galeno alarmado salió de la habitación pensando que en cuanto se distrajo, el astuto acompañante aprovechó para salir a hurtadillas. Pero había algo extraño, los pacientes que antes se encontraban en los asientos de espera, desaparecieron, todo estaba vacío, el médico llamó insistentemente por medio de su comunicador al personal pero nadie respondía; mientras el pobre médico trataba de no caer presa del pánico, se paró frente a una habitación, al prestar atención, observó que dentro se encontraba una mujer muy bella y sensual, su piel tan fina y resplandeciente solo podía ser vista en un sueño. 
-Hola guapo- le dijo al médico. 
Este se encontraba confuso, aquel rostro le resultaba familiar pero no podía recordar de quien se trataba, vanos fuero sus esfuerzos por querer preguntarle a la mujer que estaba ocurriendo porque sus labios temblaban. 
-¿De qué estas asustado corazón?- preguntó la mujer- acaso... ¿me tienes miedo? 
El hombre atinó a responder con la cabeza. La mujer comenzó a acercarse mientras se quitaba la ropa; el médico estaba anonadado por la forma en que aquella mujer era tan espectacular. 
Una vez la mujer se paró frente al hombre, ya estaba completamente desnuda, tomó la mano del medio y la colocó en su pecho. 
-¿Sientes?- preguntó la mujer. 
El galeno al principio sentía una gran excitación, pero antes de responder se dio cuenta de algo, la piel de la mujer comenzaba a derretirse y quedaba pegada en sus dedos; sin contenerse y presa del pánico se sacudía insistentemente para intentar liberarse del agarre de aquella mujer. 
-Siéntelo...no temas...- repetía la mujer a medida que su rostro se desvanecía. 
El médico gritó horrorizado y cerró los ojos durante unos minutos, al abrirlos, se sorprendió nuevamente al ver que estaba en la habitación 203 tocando la pintura a lado de la ventana. El paciente lo miraba con la cabeza inclinada a un costado. 
-¿Q...qué fue eso?- preguntó el médico todavía atónito. 
-Eso Doc...es una expresión de sus deseos más primitivos...mire de nuevo. 
El galeno temeroso, tomó una bocanada de aire y lo poco que le quedaba de valentía para mirar nuevamente; cuando lo hizo, fue tal su asombro que retrocedió y cayó de espaldas. 
-¡No puede ser!- exclamó asustado. 
La pintura del cuadro ahora mostraba tan solo unas leves manchas con tonos rojizos y negros, en las que apenas se podía notar alguna figura bien formada, todo esto plasmado en un fondo blanco. 
-Desde luego que puede ser doctor...la imagen que mira ahora es la real...sin trucos...sin magia...solo lo que usted quiera ver. 
El doctor se levantó y se acercó a la pintura nuevamente, aparentaba no tener nada en especial, inspeccionó cuidadosamente y nada, era tan simple y antigua que si fuese vista desde un punto decorativo, sería aquella que arruine la poca estética que una habitación de hospital puede alcanzar. 
El cuarto estaba sumido en un silencio absoluto, ni doctor, ni paciente pronunciaban alguna palabra o realizaban algún movimiento. 
-Le recomiendo que deje esa vida doctor y atienda a su esposa- dijo el paciente rompiendo el silencio- estoy seguro que es más provechoso. 
El galeno sonrió. 
-Y yo estoy seguro que antes de internarte eras uno de los analistas más capaces y también uno de los ilusionistas más increíbles. 
Después de decir esto, el médico abandono la habitación dejando al anciano paciente con una mueca de satisfacción. 
-Ciertamente lo era...- dijo para sí mismo el paciente. 
 



R.V.V. KORSA

#6209 en Otros

En el texto hay: psicologico, historias

Editado: 01.03.2019

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