La chica de la habitación de enfrente

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Capítulo 8

Llegué a la pensión y me dirigí a tu habitación, no podía esperar para contarte lo que había sucedido, toqué varias veces, sin respuesta, pensé que no llegabas todavía del viaje. Por tres días esperé a que regresaras, no sucedió. Fui a la Universidad y ahí me dijeron que el viaje duró solo tres días; insistí con que todos los días, ibas a clases, te veía salir, pero los profesores me dijeron que perderías el semestre, llevabas mucho tiempo sin asistir.

Regresé corriendo entre las sombras de los árboles, pasaban cosas extrañas por mi mente, no entendía, era tu sueño, ¿por qué abandonarlo?, muchas veces vi el trabajo que realizabas, era excepcional, nunca vi nada igual. Cuando llegué a la pensión, una brisa fría recorría todo el lugar, podía sentir un hedor a muerte; subí las escaleras tan rápido, que no les di tiempo de rechinar. Mientras más me acercaba al pasillo de su habitación, el hedor se hacía más fuerte, no toqué la puerta, entré abruptamente entonces...sucedió.

Encontré tu cuerpo petrificado, al parecer llevabas algún tiempo muerta. Me senté a un lado de lo que quedaba de ti, intentando descifrar lo sucedido, pero lo único que logré hacer fue romper en llanto a gritos, tan fuerte que por primera vez, los inquilinos acudían a mí, entonces se dieron cuenta de tu muerte. Llamaron a la policía e intentaron calmarme, preguntándome ¿en qué momento te había conocido? Los miraba diciéndoles que recordaran aquel primer día, que tú los ubicaste a cada uno en su habitación, me ayudaste con el registro, sin embargo sus respuestas fueron negativas. Todos le confesaron a la policía lo nerviosos que se sentían a mi lado. Siempre estaba solo, hablaba solo, todo el tiempo, llegaron a pensar que era un drogadicto o algo así.

Insistía en que vivías semanas antes del receso, pero todos trataban de convencerme de que eso jamás había sucedido, se mantenían distante, llegaron a concluir que en verdad estaba loco. Los saqué a todos de la habitación, puse el seguro, me senté a tu lado, había cambiado por ti, descubrí que ignoraba tantas cosas, me enseñaste que todo es importante, no puedo dejarte ir, simplemente te convertiste en una parte importante de mí, de mi vida; decidí ser responsable de mi propias acciones, de todas ellas, descubrí que tenía pasión en todo lo que hacía, no era una simple vasija vacía, buscando llenarse en lugares equivocados. Gracias a ti, jamás permitiré que nadie me corte las alas, que a veces somos nuestro enemigo más grande, no puedo dejarte ir.

Le prometí a tu familia que te llevaría con ellos, ¡todos te necesitamos!, ahora pues no me pidas que te deje partir, más bien quédate a observar los juguetes en el cielo, ¡ves! Ya aprendí que tanto en la tierra como en el cielo hay juguetes, esos que me enseñaste durante las frías noches, que pasamos en la terraza. Aunque aprendí que el cielo tiene juguetes, nunca supe hasta hoy, que hablabas de los que a menudo se trazan, con las nubes o las estrellas.

Cuando llegó el amanecer, se habían llevado tu cuerpo frío y petrificado. Me quedé sentado en la orilla de la cama, preguntándome si nuestra amistad fue sólo un reflejo o un juguete más en el cielo.

Muchas gracias por leer mi historia.

Espero que te haya gustado, si deseas darme tu opinión, puedes hacerlo; con gusto atenderé, incluso a tus sugerencias.



Nani Ferrin

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En el texto hay: amistad y amor, cambio de vida, dolor y sufrimiento

Editado: 12.06.2018

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