La chica del cabello de algodón de azúcar

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II. MADDY

Dejé el post del día siguiente preparado. Era una foto de Leslie sentada sobre una maleta rosa, la cual, por cierto, era mía. Le encantó cuando la vio y opinó que quedaría muy bien en la foto, le daría ese toque positivo y alegre que siempre intentábamos reflejar en el feed de su galería. En la imagen, llevaba una gorra nike, a juego con los jumpers, una camiseta blanca y zapatillas también de la misma marca. De fondo se veía la pantalla del aeropuerto, con varios destinos en él. Esta foto la tomamos en uno de los varios viajes de vuelta que hicimos a Los Ángeles, y que sabíamos que rentaríamos en algún momento. Dejé preparado un texto de agradecimiento a la compañía de vuelo y al hotel al que íbamos a viajar, para el blog. Y, aparte, dando un poco de expectación de a dónde será el destino.

Una vez estaba todo listo, cogí mi chaqueta y mi bolso y me dispuse a bajar las escaleras mientras me debatía entre pillarme una bandeja de sushi de camino a casa, o hacerme una ensalada. Vaya dilema, pensé irónicamente para mis adentros. Me detuve en el japonés que había a unas pocas calles de mi casa a por mi bandeja de catorce piezas y subí al piso.

Nada más entrar por la puerta, mi gato Kiwi, un persa muy cariñoso conmigo, pero más seco que la mojama con el resto, vino a saludarme restregándose por mis pies.

—Ya vienes a marcarme, ¡eh! —. Le acaricié entre las orejas y comenzó a ronronearme.

Me acerqué a la encimera de la cocina, cogí un plato y comencé a servirme el sushi. La cocina era abierta, compartiendo estancia con el salón comedor. El piso era pequeño, pero tampoco me daba para mucho, y suerte que tenía de compartir gastos con mi compañera de piso. Aun así, para nosotras nos bastaba.

 

—¡Que pronto has llegado hoy!

—¡ME CAGO EN LA OSTIA, MADDY! —Me giré, asustada, dispuesta a clavar los palillos chinos en los ojos a mi compañera —. ¿Es que estás loca? ¡Podía haberte dejado ciega!

—Loca me quedaría si fueses capaz de atinar con los palillos a la primera —. ¿Tienes el resto de la tarde libre? -Cogió un maki de salmón que había dejado en el plato.

—Sí, pensaba que te lo había dicho —respondí mientras alejaba el plato de su alcance.

—Ya, pues no.

—Vaya, igual debería comprarme yo también una agenda —. Cogí el plato de sushi y un cuenco pequeñito donde había echado salsa de soja y me fui a la mesa a comérmelo.

—Buenos días, Amy.

Levanté la vista, pensando lo mucho que me sobaba esa voz, hasta que mis ojos localizaron al susodicho.

—¡Pero bueno, Mark! Dichosos los ojos —dije con retintín mientras mi mirada pasó de la suya a la de Maddy.

—Que gusto volver a verte.

—No, no es cierto —me metí una pieza de pez mantequilla en la boca.

—Amy... —suplicó Maddy.

—Déjala. Es sincera. Eso siempre me gustó de ella.

—Deja ya de hacerme la pelota —balbuceé con la boca llena.

—No seas guarra, Amy—. Se acercó a Mark y lo acompañó a la puerta —. ¿Nos vemos esta noche?

—Claro. Luego te llamo —se dieron un beso y se marchó.

—¡Pero a ti qué te pasa! —vino echa una furia hacia mí.

—¿A mí? ¿Qué te pasa a ti? ¿Cómo has vuelto con él después de lo que te hizo?

—Fue un beso y yo ya le he perdonado.

—¿Y quién te dice que no lo volverá a hacer?

—Confío en él.

—Sí, igual que la primera vez —donde duele.

—Tú no lo entiendes porque nunca has estado enamorada —touché.

—Si estar enamorada es volverse idiota, lo prefiero así, gracias.

—Tan abierta de mente para unas cosas, y tan cerrada para otras. Una pena —miró mi plato y luego a mí—. Que te aproveche el sushi—. Y se marchó a su habitación.



Blair Meller

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En el texto hay: romance, influencer, youtuber

Editado: 01.11.2019

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