La chica del cabello de algodón de azúcar

Tamaño de fuente: - +

VI. LA INVITACIÓN

Ya iba siendo hora de empezar a encauzar mi vida dentro de este acantilado al que he saltado, así, sin paracaidas ni nada, cual kamikaze, pero eso sí, como una valiente.

¿Lo bueno? Que había trabajado varios años para una conocida influencer, así que tenía experiencia y, lo más importante, contactos. Cogí el móvil, busqué en la agenda y le di a llamar. Ámber, una chica majísima y pijísima que conocí hace un par de añitos respondió por la otra línea.

—¡Hola, Ámber! ¡Cuanto tiempo!

—¿Amy? ¡Por Dios! Hace muchísimo que no sé de ti. ¿Qué tal? ¿Todo bien?

—Sí, si. Todo genial. No sé si te habrás enterado pero... ya no trabajo con Leslie.

—Sí, lo sé. Leslie ha hecho difusión por WhatsApp y se lo ha contado a todo el mundo.

—¿Difusión? ¿En serio?

—Sí. Dijo que te habías vuelto loca y que eras una focaccia.

—¿Focaccia? -Estoy segura de que Leslie quería poner borracha. ¡Bendiyo corrector! La gente no necesita saber tanto detalle.

—Sí. Pensamos que se le fue un poco la pinza. Bueno, ¿y en qué estás metida ahora?

—Pues lo cierto es que estoy metiendo la cabeza en el mundillo. Son muchos años aquí y ya sabes que yo le llevaba todo a Leslie... así que, ya que me gusta he decidido lanzarme a la piscina, aunque me lleve tiempo.

Se hizo el silencio en la otra línea. Fueron solo unos segundos pero a mí me pareció una eternidad.

—Oye, siempre me has caído bien así que voy a ayudarte. Hay una fiesta mañana por la noche. Es en una finca, un sitio de eventos elegantes. Es para recaudar fondos, así que no solo habrán influencers sino también prensa. Puedo conseguirte una entrada si quieres.

—¡Claro! Eso sería increible.

—Pero yo no te he ayudado. Leslie estará por ahí y no tengo ganas de movida.

—Tranquila, mis labios están sellados.

—En tenerla te la envio.

—Mil gracias, Ámber.

—Nos vemos mañana.

Entré a la carpa, nerviosísima. No era la primera vez que asistía a este tipo de eventos, pero siempre había sido como ayudante. Había pasado de tener un papel secundario a ser la protagonista de mi historia. ¡Y vaya si daba miedo! Me temblaban las piernas y sentía que se me iban a escapar unas gotitas de pipí. Sí, no era muy glamuroso pero es lo que había. Finalmente, respiré hondo, hice de tripas corazón y me adentré entre la multitud.

El sitio estaba iluminado por una hilera de bombillas colgantes. Un montón de mesas con sus centros de flores, pero sin ningún tipo de asignación. Los camareros se paseaban con bandejas llenas de comida innombrable pero con una pinta deliciosa. Tú decidías si te la comías de pie, si querías sentarte o, como mucho, apoyarte en las mesas del jardín, que eran altas pero sin sillas. Y hablando del jardín... ¡guau! Era enorme. Con una gran piscina en el ventro, iluminada en parte por sus focos interiores, y otra parte por el montón de velas que rodeaban todo el jardín. Era precioso y elegante a la vez.

Una vez superada la primera parte y estar ya dentro, empecé a fijarme en la gente. Había mucho famoso conocido, y otros tantos que no, especialmente los que no se mueven en el mundillo que manejo. También reconocí a la presa, pero demasiado pronto para interactuar con nadie.

—¿Qué haces aquí?

No necesitaba girarme para reconocer esa voz que, además, se ponía aguda cuando algo no le gustaba.

—Hola a ti también, Leslie —saludé nada más girarme.

—No me has respondido.

—Y no tengo porqué. Pero ya que preguntas, he sido invitada.

—¿Sí? ¿Por quién?

—Mira por donde, eso sí que no es asunto tuyo. Adiós, Leslie —y me marché, dejándola con la palabra en la boca.

Me acerque a la mesa de pujas. Después de todo, la fiesta tenía como finalidad recaudar dinero. Había una lista con objetos por los cuales pujabas, y quien diese más, se lo llevaba.

—¡Hola! —Una chica castaña, de ojos verdes y pecas en la cara me saludo energicamente nada más acercarme—. ¿Te gustaría pujar? —Preguntó mientras me ofrecía una hoja con la lista de cosas.

—Hola. Sí, muchas gracias.

Cogí la lista y comencé a echarle un vistazo. Un cuadro, un coche, un yate... vaya, fuera de mi presupuesto. Y más, ahora que estoy tirando de ahorros. Seguí buscando algo por lo que pujar. ¿Un fin de semana en España? Sí, eso me gustaría. Apunté una cifra con la esperanza de que no pujase mucha gente. Además, eran dos billetes, doble probabilidad de que me toque.

Le devolví a la chica la hoja y, mientras me alejaba, pasó un camarero con unas copas.

—¿Qué es esto rosa?

—¿Licor de piruleta? ¿En serio? —Me quedé unos segundos dubitativa, hasta que me animé a cogerlo. Si lo ponen, será que mucha gente lo bebe. Ay, Amy, pareces nueva...

Cogí la copa, pegué un sorbo y el dulzor del licor me envolvió, haciendome sentir muy bien.

De pronto, un golpe en seco hizo que me derramase todo el resto de la copa en el vestido. Genial, ahora huelo a gominola.



Blair Meller

#3384 en Novela romántica
#670 en Chick lit

En el texto hay: romance, influencer, youtuber

Editado: 01.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar