La chica del Cubo

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XV. Bajo ataque (parte 2)

El tiempo pareció detenerse y Dana no sabía si era un sueño o si era verdad.

Mientras todo a su alrededor parecía arrastrarse a la velocidad de un caracol, contempló a William tambalearse y caer de espaldas con un ruido sordo. Atinó a lanzarse hacia él como si quisiera retenerlo, pero cayó de rodillas a su lado tomándolo por los hombros con ambas manos, desesperada. Él tenía los ojos cerrados, rendido.

Cuando quiso pasarle un poco de su magia para poder curarlo antes de que fuera demasiado tarde oyó un segundo clic. Se giró sobresaltada para ver al Coyote aún con ese extraño artefacto en sus manos apuntándole directamente con esa sonrisa malévola y torcida en su rostro desquiciado.

El grito de Lia y el llanto de Violett resonó por todo el lugar haciendo eco en las paredes lejanas. Dana sintió que una lágrima resbalaba por su mejilla, la cual se quitó de un manotazo.

¿Cuándo iba a dejar de llorar y comenzar a actuar? ¿Cuándo iba a aceptar que si ella no dejaba de huir de su destino todo iba a empeorar? ¿Que si no hacía algo no era sólo William el que iba a morir, sino toda esa gente inocente, incluyendo a la pequeña bebé de Júpiter?

Y Dana sintió rabia...

Sintió dolor...

Sintió odio...

—¡BASTA!

Escuchó cómo el arma del Coyote producía otro estallido. La pequeña esfera de metal trazó el trayecto hacia la frente de Dana y ella la vio venir como si se delizara por el aire. Con un leve movimiento de su cabeza, hizo que se detuviera a unos pocos centímetros y la desintegró al instante.

Su rostro ya no era llanto y lágrimas, sino que esbozaba una sonrisa macabra que era tan inusual en ella que parecía otra persona. El Coyote notó el cambio y, extrañado, no dudó en disparar una tercera vez. Una cuarta... Una quinta... Y una última que se esfumó tal como las anteriores.

Un remolino de viento comenzó a rodear a Dana, sacudiendo hasta los cimientos del edificio y Lia tuvo que dejarse caer sentada en el piso sosteniendo fuertemente a Violett para no salir expelida por los aires. La muchacha desapareció y en cuestión de milisegundos apareció detrás de su enemigo, tomándolo del cabello desgreñado empujándolo con una fuerza descomunal hacia el suelo. Su sombrero voló lejos, perdiéndose entre las nubes de tormenta y el Coyote quedó en una posición incómoda e imposibilitado de moverse a causa del poder de la Diosa.

—Fíjate bien en aquel bebé. —Le apretó los cabellos y lo obligó a mirar hacia Lia y a Violett—. Observa bien porque va a ser lo último que vas a ver —le gruñó, sin poder evitar una sonrisa siniestra—. Esa es la diosa que deberías venerar. Es tu nueva Diosa Roja.

El hombre abrió los ojos de par en par con sorpresa e incredulidad, pero cuando quiso al menos procesar esa información, lo último que sintió fue que su cráneo se estrellaba con demasiada fuerza contra el suelo de cemento.

Estaba muerto.

Dana soltó una carcajada tan antinatural que parecía que se había vuelto loca. El suelo comenzó a temblar de nuevo, esta vez con más fuerza, resquebrajándose, y el aire se llenó de polvo. El llanto de Violett se hizo más intenso, más urgente, como si supiera lo que estaba ocurriendo y no le gustaba.

—Vas a pagar por todo, Ozai... —Su gruñido fue gutural, diabólico.

El temblor se hizo cada vez más intenso. El cuerpo de Dana brillaba en un aura violácea que se hizo cada vez más fuerte hasta que hubo una explosión de luz y Lia soltó un grito desesperado pensando que ella y Violett tendrían el mismo destino que el rubio tirado inerte a su lado.

* * *

Loy sintió el terremoto y las varias detonaciones que provenían del interior del edificio a unos metros de donde él estaba. Por alguna razón pensó que Dana podría estar allí y que la estaban atacando, así que se libró de su contrincante, un espía rojo, y se encaminó hacia el ruido. Cuando había podido avanzar unos metros, se detuvo en seco cuando vio un estallido de luz y una explosión distinta a las que estaba provocando Ozai.

Y vio, atónito, a una onda expansiva que barría todo a su camino. Sólo le dio tiempo a cubrirse el rostro con las manos y sintió que era sacudido ferozmente hasta caer de espaldas. Todo a su alrededor se volvió austero y vacío, no había rastro de las construcciones que alguna vez se habían alzado en ese lugar. No tenía idea de lo que debería ser la explosión de una bomba atómica, como las que arrasaron el mundo siglos atrás, aunque esto no sería muy distinto.



Dayana Portela

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En el texto hay: dioses, romance, romance fantasia magia

Editado: 26.02.2018

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